domingo, 4 de enero de 2009

CHARLES DARWIN, INSOPORTABLE.



Leo en El Mundo que en febrero se cumplirán doscientos años del nacimiento de Charles Darwin. Muy interesante todo lo que hay escrito en esa página. Y después uno puede optar por hacer como si no hubiese leído nada, o como si Darwin hubiera sido un personaje más en la historia, como Felipe II o el Papa León X. Ya me he referido en otro artículo a una frase de Raimon: “Quien pierde sus orígenes pierde identidad”. Evidentemente, se trataría de una protesta política destinada a enardecer los nacionalismos, ésos que nos muestran los periódicos todos los días. Los españoles que no quieren ser españoles podrían reivindicar también la no pertenencia a Europa, o una procedencia empírea, tal vez. La frase del cantautor podría situarse en un contexto más serio; por ejemplo, el que Darwin mostró al mundo; pero entonces no íbamos a enardecer ánimos sino que podríamos aplastarlos al tener que afrontar que, según parece, el ADN humano tiene una similitud con el del chimpancé del noventa y ocho por ciento. No nos gusta nuestro común origen ancestral, así que nos distraemos con absurdas luchas territoriales que ya no marcamos con orines. También podemos ignorar nuestra procedencia, como hace la mayoría de la gente, o pensar que nos da igual. Qué más da si procedemos de una forma de vida inferior que evolucionó. Pero entonces sí perdemos identidad, por eso no le falta eficacia a la frase del cantautor. Preferimos alojarnos cómodamente en la idea confusa de una procedencia divina, aunque ya tenemos que ir rebajando arrogancia porque nadie puede poner en duda de que La Tierra no es el centro del Universo, aunque le pese a la iglesia. Estaría bien avergonzarnos de que se haya relacionado a la eugenesia Nazi con Darwin, estaría bien avergonzarnos de que nuestros antepasados insultaran a Darwin… La página de El Mundo que habla de Charles Darwin acaba como una púa afilada que nos desafía: “… Su paradójica falta de vigencia es la del que anuncia una noticia insoportable, que buena parte de la humanidad aún se resiste a leer”. Si asumiéramos lo que somos y lo que fuimos, no pasaría nada aunque posiblemente eso mitigaría la soberbia y podría ayudar a tolerarnos mejor.