domingo, 1 de marzo de 2009

EL URUGUAY


Para nosotros el artículo sobra, basta con decir "Uruguay", pero en este pequeño país sudamericano sus habitantes dicen "El Uruguay", y no se refieren a ellos mismos como uruguayos sino como "orientales" porque claro, este país está en la parte oriental del continente. Juan Zorrilla de San Martín, poeta uruguayo de padre español y madre uruguaya, bautizó el río Uruguay como río de los pájaros pintados, y así lo hacen saber los guías turísticos cuando llevan a la gente a una ruta que llaman “City Tour”. Uno presta atención cuando escucha cómo se recuperan antiguas perlas poéticas en esos paseos urbanos. Explican que el nombre de esta ciudad, posiblemente, se deba a una visión desde el mar de aquellos intrépidos españoles que vinieron aquí a perturbar la paz de los aborígenes. Desde el mar se ve un monte que es el que hace seis desde Este a Oeste, por ello, la cosa sería así: Monte VI D E O. Montevideo es la ciudad de Benedetti, un poeta sensible, ahora anciano que apenas sale a la calle. Los libreros lo conocen bien, es Benedetti, un hombre que embellece lo cotidiano y habla dulce con el frustrado afán de que todo sea más lindo. Bastan tus libros, Benedetti, los dejaste ahí para que uno vuelva a leerte, o empiece a leerte; vuelva a estremecerse, o empiece a estremecerse con la ternura y la sensibilidad que algún día nos sonrojó. Y que ya hemos olvidado inmersos en un discurrir cotidiano que aquí, en tu ciudad, aún se puede soportar. A los españoles nos llaman “Gallegos”. No les parece mal a los uruguayos que les digas: “Tú eres”, a pesar del abrumador contraste con el “Vos sos”.


Hay catorce millones de cabezas de ganado y menos de cuatro millones de habitantes. Los campos son verdes, pausados y sin brusquedades orográficas. La lluvia queda recogida en las vaguadas y forma pequeños lagos azulados para que las reses y los pájaros puedan beber. En las urbanizaciones no ponen barreras frente a las casas que obstruyan el paso, amontonan la tierra y ésta queda cubierta inmediatamente de verde, un verde limpio que ofrece hospitalidad. El océano Atlántico tiene dos caras en Punta del Este, una brava y la otra mansa, a elegir. Aquí una persona puede tener una casa en la playa, no hay problema, hay tierra llena de árboles que se vende fraccionada a un precio razonable. Los árboles están altivos en la ciudad y la hacen más acogedora, más fresca. La brisa austral de la playa enrojece la piel de un europeo, puede que en la otra parte del mundo el sol sea más condescendiente, no sé.
En Uruguay abunda la Chorisia, más conocida en Sudamérica por “Palo Borracho”. No muy atinadas esas definiciones para nombrar a un precioso árbol de cuello de botella que se llena de flores.