sábado, 24 de abril de 2010

RONRONEO


Cuando un gato ronronea no mueve los labios ni abre la boca, ese ruido atraviesa las amuradas de su cuerpo y sale al exterior. Parece que su estómago jugara haciendo corretear un puñado de grava por sus intestinos. Y el animal muestra cara de satisfacción e iza la cola, la misma cara de satisfacción que pone un mago cuando saca un conejo de una chistera vacía. El mago tiene truco, o tal vez no, a juzgar por lo que dicen algunos físicos cuando son invitados a afirmar que la realidad que vemos no es lo que hay realmente. El ronroneo de la gente es otra cosa, es un murmullo, un tintineo de palabras desvaídas que preguntan, preguntan qué hacen los políticos con los impuestos que recaudan; y esa gente encuentra respuestas desagradables todos los días en los periódicos, noticias que les llenan de estupor: El despilfarro, la corrupción y la arrogancia frente a sus dificultades para pagar la recogida de basuras y el recibo de la luz, pero no pasa nada. Hay un principio sociológico que conoce todo el mundo: cuando la gente tiene recursos para comer y un lugar donde dormir, la mayoría es buena. Y más agudo fue el comentario de Jonathan Swift (autor de los viajes de Gulliver) al decir: Cuando el demonio está satisfecho es una buena persona. Así tenemos respuestas para explicar nuestra truculenta historia, y no necesitamos agudizar los sentidos para captar cuestiones subliminales como, por ejemplo, que los gatos no devoran a los humanos por una mera cuestión de tamaño.

sábado, 17 de abril de 2010

LA NUBE DE CENIZA


Esa nube de ceniza que cubre Europa puede que sea una deyección normal de la diosa Gaia. Tal vez por el empacho de un guiso de judías pintas con chorizo. Cosas normales que producen ventosidades; pero, en este caso, con más dimensión por tratarse de ella, la diosa griega de la tierra con un visible desliz. Es una explicación fácil: mitológica o científica, qué más da. No puedo evitar el recuerdo de otra nube invisible que mató a media Europa, allá en el siglo XIV; aunque nada tienen que ver la una con la otra. La de ahora sólo deja en tierra a los aviones, y la de entonces era peste bubónica asesina. La de ahora genera las protestas normales de los que pretenden viajar y no pueden, de los que se quedan tirados en los aeropuertos, y la de entonces generaba muertos por doquier, además de los gritos de los curas predicando que se trataba de una maldición divina y que la única manera de salvarse era entregar todos los bienes a la iglesia católica para que, ante el inminente óbito, dios permitiera su entrada en reino de los cielos. Así que siempre hay quien saca provecho de las cosas. La iglesia católica se quedó con las propiedades de media Europa, y de este modo, hoy en día, aún pueden permitirse la compra de los pisos más lujosos del centro de las ciudades para sus fiestas.