sábado, 19 de octubre de 2019

DISCURSO SOBRE LA CORDURA



Aldous Huxley



Aldous Huxley dijo que ya no quería esforzarse en demostrar que la cordura es imposible. Yo supe quién era Huxley cuando leí su obra más emblemática, una distopía que conmovió los ambientes literarios. Un mundo Feliz ocupa el puesto cinco en la lista de las cien mejores novelas de la Modern Library.

Hizo bien en no esforzarse por demostrar eso, basta echar un vistazo a las noticias de cada día o conocer un poco la historia humana para ver que está de sobra demostrado, la cordura es una utopía imposible. Los humanos somos tan manipulables que nos aferramos a tendencias políticas o religiosas en plan gregario, como si fuera una necesidad de llenar los espacios huecos de nuestra conciencia o de nuestras frustraciones o de nuestros pensamientos o de nuestras ensoñaciones. O tal vez se trate de esta naturaleza ancestral que nos mantenía siempre con las armas en la mano, fuera para cazar o para defendernos del hostil entorno. Y ahora con todas las comodidades y sin ninguna posibilidad de que un depredador nos devore, nuestra naturaleza está hambrienta de lucha, harta de no tener enemigos que nos puedan lanzar una jabalina de madera que nos atraviese el corazón. Entonces tenemos que buscar enemigos como sea: los que no crean en nuestro dios merecen morir (eso ya no está tan arraigado, pero todavía existe). Los pensamientos políticos conservadores son propios de unos carcas del pasado, unos intolerantes que se han quedado en las cavernas, mentes limitadas que todavía creen en dios y en la vida eterna después del juicio final. Y los pensamientos progresistas los defienden unos irresponsables que no saben poner orden en la sociedad y sólo están ahí, disfrazados de filántropos,  para sacar provecho personal y de paso alimentar su vanidad. Sí, es así: hay que estar en un lado u otro y hay que vituperar al del otro lado. Así se pueden mantener los pensamientos encrespados para que no se adormezcan en el tedio cotidiano. Estos días vemos una justificación a lo que digo, en Cataluña ya no se trata sólo de las reivindicaciones políticas, legítimas o no ahí están. Allí ocurre que se ha abierto un espacio donde uno se puede desestresar prendiendo fuego a las cosas, y por eso han aparecido individuos de muchos países tirando piedras a la policía, quemando contenedores de basura, destrozando escaparates, etc. A estos les da igual la independencia de Cataluña, ellos quieren lío y allí lo tienen fácil, igual como si se tratara los Sanfermines de Pamplona o la Tomatina de Buñol, pero con ánimos ponzoñosos. Lo de Cataluña es más peligroso porque los chicos menores de edad no están formados y su conducta puede derivar a campos inadecuados para su futuro, un lugar como los demás donde la cordura es imposible, donde si no hay enemigos hay que crearlos. Supe de un caso en que tenían que derribar un hotel viejo y lo ofrecieron para desestresar a las personas, les entregaban un gran mazo y los ponían a tirar paredes. Allí, enfurecidos, se ponían a picar como locos, imagino que mentalmente dedicaban cada martillazo a alguien de la derecha o de la izquierda según su marcada ideología. Después iban a su casa a ducharse y dormían como angelitos. Creo que también alquilan unas habitaciones donde uno se puede encerrar para romper platos y otras insonorizadas para gritar. Y así nos encontramos con que el único atisbo de cordura se balancea en el anhelo de pertenecer a un error, a un fanatismo o a un dios. El único lugar acertado sería aquel que no pertenece a nada, a nada más que a su familia, a sus amigos, a su profesión y a sus aficiones. Ya nada es tan grave como en nuestro pasado, en la actualidad no creo que ningún pueblo pueda llegar a ser tan fanático y despiadado como lo fueron en la primera mitad del siglo pasado el pueblo Teutón, los Jemeres Rojos, Stalin, Mao Zedong y tantos otros. Ya nadie anda con estas conductas, creo. 

La masificación de personas acrecienta los problemas, y a eso se refería ya Diógenes unos trescientos a. de c. Aquello era una pequeña muestra del desorden: al agruparse la gente empezaban los líos. Y así tenemos que las leyes son la prueba más fehaciente de nuestras imperfecciones y al mismo tiempo la más clara muestra de nuestra evolución en sociedad (esta frase es mía y ya la he publicado en otros artículos). Pero si se da el caso de que no se respetan las leyes se produce una grieta en nuestra convivencia. Y el problema del anhelo de independencia de muchos catalanes rompe la armonía de la convivencia, pero yo no creo que haya que echar la culpa a estos catalanes sino más bien a la constitución de 1978 y a los gobiernos sucesivos que no han sabido encaminar sus inquietudes. Eso de defender la unidad de España derramando hasta la última gota de sangre ha quedado anticuado, es lo que nos hacían jurar cuando yo era Cabo de Artillería. Eso ya no es así. No hay que derramar sangre, ya bastó la sangre derramada en todas las guerras que dejó los campos embebidos de vergüenza. Respecto a la independencia de Cataluña soy partidario de que se dé una solución política. En primer lugar sí creo que un referéndum es legítimo y el gobierno español debería instrumentar lo que en Derecho proceda para que se pudiera llevar a cabo esta consulta en Cataluña, después, si resultara la mayoría partidaria de la separación de España, entiendo que procedería la consulta al resto de España pero sin fanatismos, tranquilamente y que en los mitines se apoyara la opción de dejar que el pueblo catalán eligiera su destino. Yo estoy con vosotros y con vuestros anhelos, hermanos catalanes, pero la cordura es imposible. Si con los años se obtiene la separación de España habrá valido la pena vuestra lucha: los políticos que ahora están en la cárcel y los exiliados, pasados los años, serán estatuas de bronce en parques y jardines igual como los otros héroes de tiempos atrás y se les rendirán merecidos honores por su valentía. Después podría ocurrir que nada hubiera valido la pena y que la lucha, el sufrimiento, la cárcel, etc. todo eso resultara inútil si ocurre lo que ya muchos vaticinan y saben: Europa se convertirá en un solo país igual como EEUU. El tejido de esta unión se está hilvanando desde hace muchos años: el Mercado Común, la Unión Europea, moneda común, tribunales comunes, comisarios con competencias en todos los países de la unión, eliminación de fronteras, espacio Schengen, control presupuestario desde el gobierno de Europa, los productos "made in Europa" están ahí, etc. Si no fuera dentro del contexto de Huxley, ajeno a la cordura, en el que estamos alojados, creo que no podría comprender los afanes secesionistas porque todo fluye en sentido contrario. Al ser sobre el año treinta y dos del siglo pasado cuando Huxley escribió Un Mundo Feliz se entiende perfectamente que él viera la cordura como algo imposible, se estaba urdiendo la mayor de las guerras jamás habidas, y el miedo se respiraba en la brisa de toda Europa. Ahora, en Europa, no se respiran aires bélicos y por ello sería deseable que pudiera entrar la cordura y el raciocinio en el cerebro de la gente que perturba la paz de las calles, los de un lado y los del otro también.  

No me voy a preocupar mucho de todo esto porque ya será tema para nuestros descendientes quienes pueden verse en un mundo muy distinto. No soy habitual lector del periódico El Mundo, pero el del día 7 de noviembre, día en el que he escrito este discurso, ha valido la pena porque hay un artículo que habla de que en el futuro tal vez haya que votar a un robot porque la inteligencia artificial será siempre más eficaz que la humana, luego desaparecerá eso que separa a los pueblos: derechas e izquierdas al abismo, y prevalecerá el razonamiento humanístico y científico. Después acaba diciendo que lo de que el presidente de un país sea un robot por ahora puede resultar demasiado fantasioso, pero que sea un híbrido, medio humano medio ordenador, ya se ve más próximo. En la época que yo tenía un Seat 600 ¿quién iba a imaginar que tendríamos coches híbridos? 

A Diógenes se le conoce también por "Diógenes el cínico", y se le atribuye esta cita: Cuanto más conozco al hombre, más quiero a mi perro. La vigencia de muchos postulados de filósofos antiguos es asombrosa, lo podemos comprobar ante el hecho de que la gente de los pueblos es más amable y está más tranquila que la gente que vive en las ciudades. Y las ciudades, cuanto más grandes, más problemáticas. En el año 1975 no sé a quién se le ocurrió denominar "Síndrome de Diógenes" a quienes padecen la enfermedad del aislamiento y la acumulación de basura y de trastos inútiles. Hay quien dice que es poco afortunada la denominación, pero se puede explicar a partir de que este filósofo preconizaba el desprecio a la organización social, y además era un vagabundo. Respecto a la agrupación de las personas, yo pienso que hay una explicación, los líos se hacen más grandes de manera proporcional al número de habitantes de una ciudad, y el motivo, además de lo expuesto al principio sobre nuestra naturaleza ancestral, es la moderna arquitectura. Si un hombre puede sembrar flores, tomates o cebollas en la tierra que tiene en su casa tendrá más disposición a cuidar de sus hortalizas que de ir a montar follón contra los unos o los otros. Por ello, es la arquitectura y la especulación la culpable de todo, el gran capital encajona a la gente en viviendas que son como nichos para cubrir sus necesidades básicas y les da igual si lo que hacen es preparar el terreno para la proliferación de conflictos sociales. Ellos ganarán mucho dinero mientras la gente pelea o grita en la calle contra lo que sea. No todos pueden alquilar una habitación para romper seiscientos platos en un par de horas. Los ricos de cada día son más ricos y la inmensa clase media de nuestro país está viendo cómo disminuye su poder adquisitivo, año tras año, sin parar. Y Así hay que dejar de hacerse ilusiones, tu partido político, el que vas a votar no hará nada por cambiar esto, no puede hacer nada, así que todo es un ametrallamiento verbal, diría Valicourt, del que deberíamos protegernos en lugar de aplaudirlo. Nadie arreglará nada. Y si alguien arregla algo otro lo estropeará, diría Murphy.




miércoles, 14 de agosto de 2019

ARTE CONCEPTUAL. Hierros oxidados en passeig del Born


Obra dedicada a Ahn Eak Tai

Hace años, en el passeig des Born de Palma, encontré media luna llena de hojas secas y tres hierros oxidados que se levantaban del suelo y seguían sinuosos hacia arriba. Por su configuración resultaba fácil suponer que esa media luna debería de estar llena de agua. Unos años después me encontré en el mismo lugar y me detuve. La media luna era un espejo de agua nítida. Fue entonces cuando vi un nombre en el agua: Ahn Eak Tai, no está escrito, cada letra es como un dado de acero inoxidable clavado en el suelo con la forma de cada una de las letras. No recuerdo si allí pone Eak Tai Ahn o Ahn Eak Tai. Al llegar a casa me enteré enseguida de quien se trataba: un ilustre director de orquesta que nació en Pionyang y murió en Mallorca, fue director de las orquestas filarmónicas de Viena, Berlín y Roma entre otras, y fue también el primer director de la orquesta sinfónica de Baleares. Recordé críticas a esa escultura. Y acabé pensando que la obra no resultaba apta para criterios superficiales ni para tontos engreídos, como los que encontré en algún Blog mallorquín de gente culta. Hay dos clases de cultura: la que acumula los conocimientos necesarios para ser un buen profesional, que merece todo mi respeto; y la otra sería aquella que, además, está dotada de la sensibilidad necesaria para captar, por ejemplo, un obra de arte conceptual. Y por supuesto sería deseable que estas personas cultas que se dedican a criticar obras ajenas se callaran y así ocultarían su estupidez, pero las cosas no son así. Los idiotas, envanecidos igual como los grillos en verano, hacen alarde de sus limitaciones y las ponen de manifiesto constantemente con sus actos, palabras o silencios.

El arte conceptual nace como una manifestación de protesta por lo existente, pretende mostrar una disconformidad con lo establecido, tal vez lo que llevó al mundo a dos grandes guerras en el siglo pasado. A veces he pensado que el movimiento Hippy de los años sesenta no era otra cosa que una metáfora o una manifestación abigarrada y abstracta del arte conceptual o viceversa. En aquellos años comenzaron a salir artistas que se rebelaban contra el arte reconocido, pero la cosa venía de más atrás porque en general se atribuye el inicio del arte conceptual a los ready-mades de principios del siglo XX del artista francés Marcel Duchamp. En francés los ready-mades serían objet trouvé. El arte conceptual puede representar una protesta, pero en el fondo se trata de mostrar objetos no para contemplar el arte, la belleza o la singularidad que puedan ofrecer sino para desafiar al espectador ofreciéndole una perspectiva que invita a una disquisición intelectual. En el arte conceptual no importan los materiales ni las formas, solamente lo subjetivo, lo que puede sugerir el artista al pensamiento ajeno. Pero podemos ir más allá, a buscar la confusión y el caos al leer a quien dice que el arte conceptual se divide en dos campos: uno sería el de la presentación de algo ausente dentro de un proyecto no realizable y el otro sería la presentación de ideas invisibles e inexistentes. Se trataría también de hacer arte sin necesidad de que existiera algo para mostrarla. Luego un lienzo completamente blanco, nítido y sin una sola raya ni punto sería arte conceptual, lo sería a partir de que alguien lo aceptara como tal dentro de la performance de una reunión de bohemios. 



Inevitable para mí escribir sobre este arte y no recordar a quien tuve de profesora de filología, María José Alonso. Yo siempre la llamé Emejota. Una vez me invitó a tomar café en su apartamento de Ca´n Pastilla y yo, asombrado al entrar, vi que había un inodoro sin conectar a nada, la pura porcelana sin tapa ahí, en medio del salón. Ella, al ver mi cara de asombro, sonrió diciendo: “Arte conceptual, Pedrito”. A mí la verdad es que por mucho que especule intelectualmente sobre ese inodoro no paso de imaginar sus funciones prosaicas, no soy capaz de ver otra cosa. Hasta hace pocos años Emejota entraba en mi Blog publicando comentarios en los que me regañaba por algún defecto de sintaxis en mis artículos. Un afectuoso saludo para ti, Emejota, sigas o no leyendo mis artículos.

En mi segundo encuentro con la obra de Joan Costa dedicada a Ahn Eak Tai, como decía al principio, había un espejo de agua nítida y de ahí tres hierros ondulados habían crecido hacia el cielo unos cinco metros. Luego tuve que reflexionar sobre lo que me sugería el artista a mí al contemplar esa escultura. Sin muchas divagaciones comencé a pensar en la charca primigenia, de donde procede todo, la vida sin contaminación, sin los siete pecados capitales y mucho antes de que Adán y Eva comieran de la fruta prohibida. Sí, esa agua cristalina representaba en aquel momento la utopía de una vida sin defectos. Y los hierros que habían salido del agua podrían representar a los seres humanos, luego el óxido que cubre todas las superficies de los tres paralelepípedos metálicos representa, claramente, nuestra estupidez, nuestra vergonzosa historia y también el inquietante futuro de la humanidad. 

Si voy otra vez allí, al Passeig des Born, tal vez me deje influenciar por otros pensamientos y la escultura me sugiera lo contrario de lo que acabo de escribir, no lo sé. El arte conceptual nos lleva a una metafísica de confusión, pero yo lo veo todo muy claro: no entiendo nada. 


















sábado, 13 de julio de 2019

MAGALUF

Un inglés en Magaluf

En estos últimos años la fiesta alborotada de Magaluf es constante, todos los veranos, y da mucho que hablar. Los psicólogos dicen que el alcohol puede producir una desinhibición total y en ese desorden se cometen actos que de otro modo no se producirían. La flema británica pierde su encanto ante la irritación que muestran los ingleses echando la culpa a los empresarios de los locales y aseverando que en el Reino Unido les quitarían la licencia. Si existiera alguna culpa no sería de los empresarios. Pero no soy partidario de los juicios superficiales sobre el asunto. Más bien entiendo que procede preguntarse por qué se hacen estas juergas en Magaluf. Y no resulta complicado responder partiendo de los postulados de Freud, unos postulados del siglo XIX o de principios del siglo XX que atinan sobradamente sobre la conducta humana, sobre la neurosis, sobre la histeria, sobre la locura, sobre la desdicha y sobre muchísimas cosas más. Podría pensarse que es un defecto de nuestra civilización que no se muestre a los alumnos en las facultades de filosofía, psicología y psiquiatría lo que ya es de sobra conocido, pero no: los filósofos dan sus clases monótonas, los psicólogos no son tontos aunque se les haya calificado así desde distintos ámbitos, y los psiquiatras escuchan con aburrimiento los trastornos de la gente y les recetan pastillas para que se vegetalicen sus pensamientos y se adormezcan sus penas. En este asunto practico una pesada tautología porque he escrito bastantes veces sobre eso y lo volveré a hacer ahora: Sigmund Freud determinó que las personas se componen de tres partes: una sería la imagen pública que los demás desean ver en nosotros, la otra sería la esencia animal de la que procede todo ser humano, y la tercera sería una conciencia despistada. Esa parte tan correcta que la sociedad quiere ver en nosotros estrangula demasiado al ser primitivo que llevamos dentro. Cuánto más se hace callar al animal más grande es el desorden, luego aparece la tristeza, la frustración y pueden aparecer la neurosis y la locura. Este desorden no perjudica mucho a las personas cuando encuentran un camino para escapar de la jaula a través del alcohol, del anonimato o de las fiestas de Magaluf. Pero es terrible para los que todavía creen que los humanos fueron creados por dios, así aparecen tantos casos de clérigos y similares que tratan con niños que, sin tomar conciencia de ello, reniegan del animal del que proceden y por eso se les acaba pudriendo el cerebro; una putrefacción que se hace ostensible, en demasiados casos, a través de conductas pedófilas.

A los ingleses, alemanes y otros que montan esos desórdenes en Magaluf se les entiende perfectamente. En sus países casi no hay bares, no tienen la costumbre de ir a tomar una cervecita con los amigos para destrabar conversaciones y llevarlas a esa parte de todo que no es formal ni coherente, una parte muy necesaria para contrarrestar la seriedad a la que tenemos que acogernos la mayor parte del tiempo en el que estamos despiertos. A los europeos de la parte de arriba les faltan la luz y los bares, y con este motivo necesitan ir a Magaluf no para tomar una caña sino para tomar cerveza hasta reventar.

Cielo turbio, luz mortecina como la mirada de un cadáver, horizontes cerrados. Ni una sonrisa acogedora en aquel espacio triste e inhóspito. 

Son palabras del poeta Rabindranaz Tagore (Nobel de literatura del año 1913) que afloraron en sus pensamientos al contemplar aquel Londres de la primera mitad del turbulento siglo XX. No ha cambiado mucho, Londres sigue siendo poco acogedor para uno de fuera, el cielo está sucio, y sí, su luz parece la mirada de un muerto, no hay horizontes, todo es niebla contaminada y la gente no sonríe a sus vecinos, más bien muestra cara de pocos amigos. Los extranjeros noctámbulos se transforman en Magaluf, se vuelven amables, saludan a los desconocidos, están tontos en definitiva, pero los entiendo y los apoyo. Si yo hubiera aprendido a hablar inglés seguro que iría allí a tomar cerveza con ellos. 

El remedio a muchos desórdenes pasaría por disminuir la hipocresía y aumentar la tolerancia. El paso del tiempo se ocupa de eso con pesada lentitud, aun a pesar del freno que aportan los anacronismos políticos y religiosos, vamos avanzando. Ahora hay menos hipocresía y más tolerancia que hace cincuenta años. Pero ese proceso de desintoxicación, de erradicación de la estupidez humana no es para que nos sintamos optimistas. La estupidez es algo generalizado, consolidado… que tal vez disminuya un pequeño porcentaje cada lustro, un cero coma uno por ciento, por ejemplo.







viernes, 17 de mayo de 2019

CRESTAS, CATENARIAS Y ELUCUBRACIONES





Iglesia de Manacor

Catenarias


El Blog de José Saramago (Nobel de literatura) sigue activo a pesar de que él ya falleció, y desde ahí, por alusiones, mi artículo ha sido leído y se ha publicado el siguiente comentario en el Blog del Nobel. 

    Blogger mql dijo...



http://pedrotugores.blogspot.com/2019/05/crestas-catenarias-y-elucubraciones.html?m=1

Brillantísima y profunda aportación.
Un gozo su lectura e inevitable reflexión.
Muchas gracias
mayo 30, 2019 6:02 p. m.


 Estas crestas inertes de iglesias y catedrales, igual que las catenarias, no hacen más que interrumpir los horizontes del viajero. Por carreteras secundarias que conducen a Toledo, si no fuera por las catenarias, uno pensaría que está entrando en un mundo mágico de dragones, princesas y castillos. Eso me vino a la cabeza la única vez que viajé en coche por aquellas tierras.

     Quedaron obsoletas las espadañas a sabiendas de que pronto habría presupuesto para alojar las campanas en pináculos más consistentes y protegidos de la lluvia. Siglos atrás, en lugar de campanarios había alminares y en lugar de campanas almuédanos que cumplían exactamente con la misma función. Según se ve actualmente en nuestro pueblo y en los de al lado, existe una situación extrapolable a toda la vieja Europa. Parece que pronto se construirán alminares y volverán a vociferar los almuédanos en nuestros pueblos. 

Lo económico no era problema, la iglesia se quedó con la propiedad de media Europa tras la peste bubónica. Los moribundos debían firmar la transmisión de sus propiedades a favor de la iglesia católica para ir directamente al paraíso eterno de los cielos, y así lo predicaban curas y frailes por las polvorientas calles del viejo continente. Con la inmensa riqueza recaudada la geografía de toda Europa quedó plagada de crestas inmóviles e irracionales sobre las que Ken Follett escribió un best seller tontorrón del que ha vendido toneladas de ejemplares. La construcción de una catedral duraba más de cien años, así que había empleo para varias generaciones. Me he fijado en Es Convent de Manacor, un edificio de belleza y lujo impresionantes. He leído ahí que se inició su construcción a mediados del siglo XVI y se terminó unos cien años después para uso y disfrute de los frailes del lugar mientras los obreros que construyeron el edificio vivían en casas cuyos tejados podían salir volando con una tormenta de septiembre, unas míseras viviendas por cuyos suelos discurrían pequeños riachuelos tras las lluvias. El patio de Es Convent tiene naranjos en el centro desde donde se ve que está anexo a una iglesia; una más de tantas, pero esta muestra grandes contrafuertes desafiando vientos y lluvias. El perímetro del patio interior es un cuadrado de soportales cuyas bóvedas y torneadas columnas muestran que su construcción no tenía limitaciones presupuestarias. Y así Es Convent podría ser como un lujoso ábside lateral que actualmente sirve para dependencias municipales. Todos los pueblos tienen una cresta en la plaza que se eleva muy por encima de las casas, en el lugar más céntrico. En su fachada principal siempre hay un gigantesco rosetón que observa, como un ojo de cíclope amenazante, la conducta de los habitantes temerosos de dios. No sé quién dijo: No engrandecerás a tu pueblo elevando los tejados de sus casas sino elevando las almas de sus habitantes. Si quien dijo esto era religioso imagino que se refería a que crece el alma incrementando el amor a dios, pero si era laico seguramente se refería a que los seres humanos debíamos acrecentar nuestra empatía. Lo digo porque yo no sé lo que es el alma, tal vez esos veinte gramos que salen volando del cuerpo en el momento exacto del óbito. O es tal vez una mariposa colorida e inmaterial que ven los poetas revoloteando alrededor de algunas personas, o una flor que ven los enamorados en la oreja de su amada. No voy a hablar más de pueblos porque pienso en cómo los veía José Saramago de noche, desde el cielo, con su máquina voladora medieval: los pueblos eran estrellas que se habían caído al suelo. Desde que leí eso, viajando de noche en avión he mirado los pueblos de Mallorca desde el cielo y sí, efectivamente, parecen estrellas que se hubieran caído y que están ahí con todo su brillo nocturno. Pero yo no tengo la visión poética de las cosas que tuvo José Saramago cuyas letras me empequeñecen tanto que, aunque se me puede calificar de escritor porque existe un ISBN del que soy autor, me siento como un aficionado que todavía no ha aprendido a escribir. Eso de la máquina voladora de Saramago ocurría en la misma novela en la que una mujer llamada Sietelunas buscó a su amado, un hombre manco llamado Sietesoles, durante nueve años caminando de Norte a Sur y de Este a Oeste por todo el país pasando hambre y todo tipo de penurias, hasta que al fin lo encontró y no supo qué decirle. Esta fue la novela (Memorial del convento) que leyó la periodista española Pilar del Río y que la convirtió en Sietelunas porque se fue a Portugal a buscar a José Saramago y acabó casándose con él.


     Si a principios del siglo pasado el poder hubiera creído y apoyado a Nicola Tesla no existirían las catenarias. Según parece, Tesla demostró que la electricidad se podía distribuir igual como las ondas de radio y televisión (ya lo dije en el artículo que titulé: Autodidactas). Pero eso habría estropeado muchos negocios, así que nada, ahí están estas torres monstruosas que estropean los paisajes y además hacen ruido. Menos mal que los cables sirven para el descanso de los pájaros que al tocar con sus patas un solo cable no les pasa nada. Si pudieran tocar dos cables a la vez quedarían convertidos en un amasijo chamuscado de carne y plumas. En la finca que heredé de mis padres hay una catenaria a la que odio sobremanera, traza una línea oblicua sobre estas viejas y mal cuidadas tierras y no sé dónde demonios lleva la electricidad, pero lo que sí sé es que cada cierto tiempo vienen operarios de la compañía eléctrica a decir que tienen que recortar algunos de mis árboles para que no perjudiquen los cables. Tenemos que acceder, no queda más remedio que acceder. No tengo pruebas de que esa catenaria envenene el aire pero sí tengo pruebas de lo que me irrita su presencia, no tan ponzoñosa como la presencia de los políticos en los informativos de televisión cuando están en campaña electoral, como ahora, esta tarde del miércoles, veintidós de mayo de dos mil diecinueve que dedico a escribir este artículo. Ellos pululan vociferando diatribas que envenenan el aire que respiramos. Generan antagonismos entre la gente de bien que, de manera inconsciente, toma posturas vicescerales contra uno u otro bando según le parezca o según haya heredado la creencia de su entorno. La gente no debería ir a escuchar los discursos demagógicos de los políticos, les resultaría más sano quedarse en casa leyendo un best seller aunque fuera tontorrón como la mayoría de ellos: Los pilares de la tierra, El Código Da Vinci, etc. A mí me cae bien la gente de las izquierdas y la de derechas, tengo amigos en ambos lados, y desearía que tuvieran un poco más de empatía entre ellos y que colaboraran todos aportado cosas en lugar de echarse en cara los errores o lo que califican de errores porque les conviene en sus discursos. Entiendo, en definitiva, que deberíamos relajarnos más y aprender a apreciar también a los que piensan distinto, son personas igual que nosotros mismos.  









viernes, 22 de marzo de 2019

EMMANUELLE




Silvia Kristel

En la década de los setenta, cuando la homosexualidad todavía era competencia de psiquiatras y policía, irrumpió en las grandes pantallas la película Emmanuelle, así se llamaba la protagonista interpretada por la actriz holandesa Silvia Kristel. En la pantalla se la veía retozando lascivamente con mujeres y con hombres en contextos altamente lujuriosos. Se trataba de un erotismo que hasta entonces había permanecido oculto en nuestro país debido a la repugnante dictadura militar que nos tocó sufrir y a la omnipresente hipocresía católica. Aun hoy, libres y sin censuras, resulta escandaloso que la esposa mantenga un apasionado encuentro sexual con un desconocido y, al llegar a casa, se lo cuente al marido para que los dos se exciten repasando minuciosamente todos los detalles del episodio. Resulta más fácil tener ese encuentro, sea hombre o mujer quien lo haga, y mantener el secreto. Así no se entera nadie de que nuestra naturaleza va por un lado y nuestra fingida apariencia ante los demás va por otro. 

Emmanuel no trataba de mero erotismo gratuito, era un concepto de ideas diferenciador del que se hicieron incluso algunas tesis universitarias. Representaba la separación entre el sexo y el amor, cosa que no está clara para casi nadie. Y ese es el principal motivo de los divorcios y separaciones: el posesivismo al que la sociedad nos induce, ese sentimiento que nos lleva inexorablemente al tedio, al engaño o a la ruptura. Somos como somos y, según se puede deducir por los anuncios de prensa e Internet, hay una gran cantidad de hombres que utilizan los servicios sexuales de pago. El negocio del sexo mueve ingentes cantidades de dinero. Y precisamente esta es la prueba de que hay algo que no funciona bien en nuestra sociedad. Unos dicen que hay muchas mentes viciosas y depravadas por ahí, y otros, en cambio, callados, pensarán que deberíamos ser más valientes y no apartar la mirada ante la hipocresía con la que barnizamos estos asuntos. Aunque llama la atención el hecho de que los suspiros orgásmicos de Silvia Kristel hayan germinado en la sociedad, lo digo porque hay muchos portales en Internet en los que parejas y matrimonios se anuncian, algunos con fotos excesivamente explícitas y descaradas, ofreciéndose para intercambiar las parejas en episodios sexuales sin ánimo de lucro. No es difícil comprobar que eso es cierto y sí es fácil comprobar que nadie habla de eso y si alguien habla algo es para negar una realidad que le sobrepasa.

Desde mi modesta página de opinión, aunque no se compartan estas tendencias, se entiende que merecen respecto y que todas las personas tienen derecho a vivir de acuerdo a sus propias convicciones y creencias. No parece que las futuras generaciones vayan a organizar sus vidas igual como lo hemos hecho hasta ahora. En informativos serios de televisión he conocido palabrejas como: “triamor y poliamor”, neologismos que significan arreglos entre tres o más personas. Es decir que si un hombre ama a dos mujeres se pueden organizar para vivir juntos los tres, o viceversa: si una mujer ama a dos hombres se pueden organizar para vivir juntos los tres. Bueno, y si se añaden otros, indistintamente de su sexo, también es posible. Eso existe ya actualmente y podría desembocar hasta en un cambio en la arquitectura actual tanto de construcción de casas y edificios como de muebles. De hecho se nos ha colado un anglicismo en la arquitectura de nuestros días que podría ser el primer guiño a una nueva arquitectura adaptada a la sociedad del futuro, se trata de la palabra loft, que procede del Nueva York de los años cincuenta y se refería a espacios grandes que utilizaban clandestinamente para talleres de confección y almacenes, sin separaciones. Y ahora ya se construyen apartamentos que han bautizado de esta manera tal vez por aproximarse mejor el término inglés a lo que en realidad se construye. Veo posible que el término loft, que traducido significa desván, se aproxime más a la idea de los espacios a los que antes me he referido que a un desván en sí. Aunque yo no he visto ninguno de estos nuevos apartamentos supongo que los espacios para funciones fisiológicas sí tendrán su intimidad por lo grotesco que podría resultar si no fuera así. Cabe decir que no veo todavía la palabra loft en los diccionarios aunque su uso ya está muy extendido. 

La enfermiza situación de los matrimonios actuales: más del cincuenta por ciento de divorcios y un altísimo y desconocido porcentaje de apatía, debe trasladar a la sociedad a otras formas de concebir la convivencia, otras formas menos conflictivas y más condescendientes con lo ajeno, se supone. Aunque todavía hay otro factor del que ya he hablado en otros artículos: lo económico. Antes un hombre joven con un empleo normal y sin una excesiva preparación, como era mi caso, ya se podía comprar piso, coche y tener hijos aunque su pareja no tuviera trabajo y sólo se ocupara de los niños y de la casa. Ahora, incluso con dos sueldos no es tan fácil. Luego la gente, víctima de la voracidad de los grandes capitales y de la globalización, irá pensando en otras alternativas y los más mayores quedaremos boquiabiertos con las nuevas palabrejas que antes he mencionado.

Creo que Silvia Kristel murió en 2012 de cáncer. Murió pobre y enferma. Dijo que vivía en Ámsterdam porque allí nadie se fijaba en ella si llevaba los zapatos viejos o la ropa raída. Publicó su biografía y le dio por título: Desnuda. Me duele que su vida acabara así. Pienso que lo único que hizo mal fue consumir cocaína y abusar del alcohol. 

domingo, 11 de noviembre de 2018

RONRONEO Y POBREZA



Cuando un gato ronronea no mueve los labios ni abre la boca, ese ruido atraviesa las amuradas de su cuerpo y sale al exterior. Parece que su estómago jugara haciendo corretear un puñado de grava por sus intestinos. Y el animal muestra cara de satisfacción e iza la cola, la misma cara de satisfacción que pone un mago cuando saca un conejo de una chistera vacía. El mago tiene truco, o tal vez no, a juzgar por lo que dicen algunos físicos cuando son invitados a afirmar que la realidad que vemos no es lo que hay realmente. El ronroneo de la gente es otra cosa, es un murmullo, un tintineo de palabras desvaídas e inútiles que preguntan, preguntan porqué en España ya tenemos a más de doce millones de personas que viven en la pobreza o al borde de ella y que los ricos de cada día son mucho más ricos, y que si hay crisis económica los ricos se enriquecen todavía más. Se encuentran respuestas desagradables en los medios de comunicación que llenan de estupor: despilfarro, corrupción y arrogancia frente a las dificultades para pagar la recogida de basuras y el recibo de la luz, pero no pasa nada. Hay un principio sociológico que conoce todo el mundo: cuando la gente tiene recursos para comer y un lugar donde dormir, la mayoría es buena. Y más agudo fue el comentario de Jonathan Swift (autor de los viajes de Gulliver) al decir: Cuando el demonio está satisfecho es una buena persona. Así tenemos respuestas para explicar nuestra truculenta historia, y no necesitamos agudizar los sentidos para captar cuestiones subliminales como, por ejemplo, que los gatos no devoran a los humanos por una mera cuestión de tamaño.

Continuamos buscando respuestas y nos encontramos con la maldad de los que guían el destino de las personas, que no son los políticos. Qué vamos a decir de los políticos... George Bernard Shaw decía que eran charlatanes como un eufemismo para evitar otros calificativos. Y vemos también que los resultados de la maldad se pueden observar en todo lo que nos rodea. Por ejemplo: si para fabricar unos alicates en España es necesaria una mano de obra cuyo costo pasa de los dos mil euros al mes, cómo podemos competir con otro país que para fabricar estos mismos alicates tiene un costo de mano de obra de unos doscientos euros al mes. Bien, pues esta es la globalización, la irracionalidad que no permite a los jóvenes comprar un piso como hacíamos los de mi generación. Las inmensas y sugestivas superficies comerciales que hay en Mallorca son la metáfora de las antiguas "possesions mallorquinas": montones de gente en busca de alguna ventaja y un solo amo: "Es Senyó", a quien yo ahora llamo "El Gran Capital" y así regresamos al latifundismo del siglo XIX porque la parte socialista de nuestra sociedad no ha sido capaz de imponer criterios socialistas razonables y ha sufrido el peso y la autoridad del "Gran Capital". No podemos engañarnos a nosotros mismos, todo lo que dicen los políticos es palabrería demagógica porque aquí quien manda es "El Gran Capital", incluso en el Tribunal Supremo, como hemos podido comprobar con su sentencia a favor de la banca y contra los ciudadanos. 

Y puesto que toda afirmación puede tener una réplica, ahí está Internet para descomponer una parte de mis argumentos y para recordar al que fue compañero de opiniones en las páginas de esta revista, Tomeu Rosselló. Él escribió sobre un economista que veía una modernidad líquida (Yo siempre leía a Tomeu). Una modernidad que hace la vida más resbaladiza y que esconde soportes a los que nos podríamos agarrar. El comercio en Internet se está consolidando y eso es inevitable, perjudicial para quien tiene una tienda abierta al público y ventajoso para quien consigue comprar a buen precio. Así pues Tomeu tenía razón, estamos ahí en esa modernidad líquida que se consolida y que nos lleva inexorablemente a un latifundismo cibernético donde no se ve la cara a nadie, sólo se ven las mordazas que atenazan y empequeñecen a las personas. 

A los veinticinco años pude comprar un piso y dos coches sin que mi economía doméstica sufriera nada, igual que la mayoría de hombres de mi generación. Y ahora "El Gran Capital" ya se ha organizado para quedarse con todo el dinero y dejar sólo migajas a la gente. El pueblo no tiene nada que hacer, estamos derrotados. Todos los que nos dan discursos no piensan en el bienestar del pueblo, sólo piensan en ellos mismos. El socialismo que se coloca más a la izquierda de lo razonable es una trampa y un refugio para ingenuos que dan la espalda a la historia o que no la conocen. Ellos, que sí actúan contra "El Gran Capital", no muestran sus verdaderas intenciones porque son mucho más retorcidas que el salvaje capitalismo que sufrimos. Y a la derecha ya la conocemos, nos mienten para que les votemos pero ellos siempre defenderán a los grandes capitales que aplastan la vida de las personas. La derecha sigue la farsa de ir a misa como si creyeran en el estúpido y malvado dios que nos dibujaron con amenazas de todos los colores. Leonardo Sciascia escribió: Si dios existe le voy a pedir cuentas de lo absurdo de la vida, del dolor, de la muerte, de haber dado a unos la razón y a otros la estupidez y de tantas cosas.

Así pues, ante las confrontaciones o bandos políticos, sociales, etc., me declaro absolutamente neutral, apolítico, pesimista... y más cercano al nihilismo, al hedonismo y al epicureísmo dionisíaco que a cualquier otra cosa. Querido/a lector/a, si no conoces el significado de esta palabrería filosófica da igual, recoge una mera intención de actitudes frente al desorden, frente a la estupidez humana (los estúpidos están completamente seguros de que los estúpidos son los demás) y frente a las injusticias de nuestra civilización. Unas actitudes que sugieren que pongas una tabla de quesos en la mesa de tu comedor, abras una botella de buen vino y te pongas a bailar con tu pareja la música de Bob Marley, por ejemplo. 

No hay revolución que valga, estamos aplastados contra el asfalto por las botas del poder y no hay nada que hacer. Nadie que tenga dinero suficiente lo destinaría a explicar a la gente que no caiga en sus trampas, que no vaya a hacer sus compras a locales de grandes multinacionales. Y precisamente estas multinacionales sí tienen dinero para guiarnos como ganado a gastar el poco dinero que tenemos en sus locales. Ellos, con su publicidad, dominan la voluntad de las masas y las masas son tontas, siempre lo han sido. 

Recuerdo que cuando yo era niño sólo en mi barrio había cinco comercios (Cuatro en la calle de Son Massanet y uno en la calle de Sa Font). Ahora en  todo el pueblo de Campanet creo que sólo hay tres y pertenecen a grupos empresariales. Y así tenemos la muestra de cómo "El Gran Capital" aplasta al individuo que ya no se puede permitir ni poner un pequeño comercio. Por ejemplo: el dueño de casi todas las tiendas de ropa ya es uno de los más ricos del mundo abusando de mano de obra barata de aquellos lugares en los que por un plato de comida trabajan más de diez horas al día. Y el dueño de los supermercados de moda ya es de los más ricos de España. Por qué no damos la riqueza al pueblo en lugar de darla a los grandes capitales. Está claro, es porque ellos tienen dinero hasta para comprar nuestras voluntades. Es por eso, tal vez, que mis artículos se engloban dentro del título: “PESIMISMO”.



domingo, 19 de agosto de 2018

MARÍA LEÓN



El título de esta novela era: "Ensayo sobre el amor y la maldad" hasta que me recomendaron que, aunque se tratara de un ensayo, no lo titulara así debido a que los ensayos se leen menos que las novelas y son más propios de ambientes universitarios por seguir un rigor distinto. Creo que es una tontería pero al final accedí a poner el nombre de la protagonista como título de este ensayo. Hay confusión y discrepancias sobre lo que es ensayo y lo que es novela, me refiero al ensayo sobre la ceguera de Saramago: es una novela, pero ahí se ensaya sobre la ceguera de una manera demoledora y brutal. María León es una novela/ensayo que analiza los hechos históricos que nos han llevado a la realidad actual.

Transcribo el prólogo que escribió el profesor de psicología, mi amigo Vicente Prieto. 


PRÓLOGO

Por Vicente Prieto Rubio

Al preguntarme por qué tienen tanto éxito algunas películas, la respuesta surge rápida porque la creo sencilla: el guión está bien pensado y bien escrito por personas con talento, pero sobre todo porque los actores que nos las traducen no interpretan personajes, son personajes.
De Juan Rulfo se dijo que nadie se inventó que hablara con los muertos, realmente habló con ellos. Ocurrió allá lejos, en Comala, porque fue médium. Lo cuentan con palabras en Pedro Páramo, una de las mejores novelas del siglo XX. Me conmovió. Ahora, ya en el XXI, me ha vuelto a hacer vibrar esta novela-ensayo: María León, porque he sentido que el autor entró con tanta fuerza en el sentimiento de un animal, que mientras él iba escribiendo, y yo leyendo, ambos nos fuimos transformando en monos. Es una sensación mágica en la que el espacio, el tiempo y el ego acaban desapareciendo rendidos a las intensas sensaciones del presente. Es en esa aparente desaparición del yo donde se produce la gran paradoja del reencuentro con la autenticidad… quizás esa conciencia en estado puro, libre de enredos de la mente, donde todo es sentir, quizás eso sea el alma. Mientras leía y vivía esta historia, desapareció mi pensamiento y sentí mi esencia. Quizás.
Ese animal nace y vuelve a nacer recordando parte de sus vidas anteriores. Continúa siendo el mismo, pero siente cómo su especie antropoide va culminando su evolución hasta llegar a ser humana. Y desde la altura cognitiva y dominadora que su especie logra alcanzar, desde su inmenso complejo de superioridad sobre lo animal, inicia la más triste de las caídas. Tantos logros materiales para terminar derrumbándose en la más cruel de las pobrezas: la indiferencia y el hastío, la pasión por lo superfluo. Su ascensión fue de poder y de apariencias pero despreció el tesoro de la autenticidad. Creyendo ser más, se esforzó para que, en el fondo, no se le notara que se sentía menos…
Nuestro personaje vive en determinadas épocas de la Historia, pero sigue sintiendo lo mismo que sentía cuando vivía en las ramas de los árboles. Eckhart Tolle, estando al borde del suicidio, descubrió que toda nuestra vida es “ahora mismo”, que no tenemos otra cosa francamente real; comenzó a sentir sus presentes, a vivirlos, y comenzó a amar a todo ser viviente y a vibrar con las joyas naturales que lo rodeaban… igual que nuestro mono en su árbol. Pero el humano común asesina sus presentes con los enredos y las mentiras de su mente individual, que no es otra cosa que la mente social algo matizada. La inteligencia se construye desde la sociabilidad mediante un doble proceso de fuera hacia dentro, señaló el psicólogo ruso Vygotsky, y nuestro mono contempla aterrado cómo esa sociabilidad introducía en los individuos valores de “parecer” en lugar de inteligencia para “ser”. La tristeza no es consecuencia de los sucesos externos, sino hija de la ignorancia, y la ignorancia es generada por uno mismo para protegerse de sus miedos.
Pedro Tugores me dijo hace años que la cuarta parte del libro no la escribió él, fueron los mismos protagonistas de la historia quienes lo hicieron, él sólo la mecanografió. Sospecho que tampoco creyó escribir las tres primeras, pensó que eran sus personajes quienes al ir cobrando vida propia y opinar sobre lo que les rodeaba, sobre lo que les ocurría y sobre lo que les sucedía a los demás, le iban dictando las ideas. Pero permitidme que os diga que, en realidad, esos personajes eran meros transmisores de la esencia más pura, más genuinamente humana de su creador. Y le fueron regalando la posibilidad del reencuentro mágico consigo mismo. Hay quien dice que en la mayoría de libros hay algo autobiográfico; yo diría que sólo algo no es autobiográfico… porque la realidad que cada persona siente, la escriba, la diga o a la calle, siempre es subjetiva, y hasta sus ensoñaciones más estrafalarias nacen de sus propias experiencias. La originalidad surge de una interpretación caprichosa pero idiosincrásica de la realidad.
Este libro contradice poco la historia de los humanos, pero pone el dedo en algunas de sus llagas. Hace reflexionar, aunque no es una reflexión desde la mente pensante sino desde la emoción sintiente. Pedro es un explorador, un buscador permanente de aquello que puede hacernos sentir más vivos, más reales, más dichosos. Se entusiasma en su búsqueda, avanza, no encuentra, se cansa de buscar, tropieza, llora, rectifica, encuentra algo, se levanta, sonríe, se equivoca, reinicia la búsqueda. En medio de esa magnífica vorágine existencial alumbra este libro, un libro que no nos resuelve nada, pero que nos empuja brutalmente a plantearnos con realismo, desde su lenguaje idealista, un “qué-estamos-haciendo”.

viernes, 13 de julio de 2018

MR. BOJANGLES



Conocí a un hombre, Bojangles, que bailaría para ti. Con zapatos gastados, pelo plateado, camisa raída y pantalones holgados. Se calzaba aquellos zapatos viejos y saltaba tan alto, tan alto... para volver a caer con elegancia.

Lo conocí en una celda en New Orleans. Yo estaba completamente abatido. Él me observó con la mirada de la experiencia y habló con conocimiento, habló sobre la vida. Y riendo, adelantó su pierna para dar un paso. Dijo su nombre, Bojangles, y bailó con agilidad por toda la celda. Se agarró los pantlalones para tener más soltura y saltó muy alto y golpeó sus tacones.

Dejó escapar una risa, meneó sus ropas por todos lados. Ese era el Sr. Bojangles. Bailaba por todas esos espectáculos de variedades y ferias de campo por todo el Sur. Habló con lágrimas en los ojos de cómo en cincuenta años, su perro y él habían viajado por todas ellas, pero su perro murió de repente y después de veinte años todavía llora por él.

Decía: ahora bailo en los tugurios a cada oportunidad por bebida y propinas, pero la mayor parte del tiempo lo paso entre rejas porque bebo un poco. Sacudió su cabeza. Escuché a alguien pedirle, Sr. Bojangles, por favor, baile.


Según parece, el cantante de Country Jerry Jeff Walker acabó de verdad en una celda de New Orleans por una noche de borrachera, posiblemente a mediados de los años sesenta. Y allí conoció al Sr. Bojangles. Este cantante sólo escribió con precisión su experiencia y lo que le pasó y lo que vio y escuchó del Sr. Bojangles sin darse cuenta de que había escrito un poema de anti-héroe cargado de una inmensa emotividad y belleza estética. Así que Jerry fue el autor de esta canción y a su vez también ha sido su peor intérprete. Cantaba esta canción como si cantara cualquiera de las suyas con ese toque repetitivo de guitarra del Country, cuando la canción, su obra, merecía mucho más. Incluso John Denver, también intérprete de Country, la cantaba mucho mejor que él.

Mr. Bojangles ha resultado ser una canción tan importante que ha llamado la atención de primeras figuras mundiales de la interpretación, como  Neil Diamond, Whitney Houston, Robbie Williams, Nina Simone, etc. Pero la crítica coincide en que nadie ha interpretado esta canción como Samy Davis Jr. por la manera en que le afectaba lo que estaba cantando. Tal vez Samy ya conocía a algún Sr. Bojangles, igual como todos conocemos o sabemos de algún Sr. Bojangles, que por no bailar, posiblemente, esté afectado por una tristeza más pungitiva. 

miércoles, 23 de mayo de 2018

UN PAPA Y DOS OBISPOS

EL PAPA LEÓN X

A lo que pretendo publicar en este artículo no lo he escrito yo, casi todo son transcripciones, yo sólo he escrito algunos matices. Resulta evidente que se trata de letras sólo para adultos, y aun así puede herir sensibilidades. Tras la pérdida de poder de la iglesia católica la hermenéutica fue abriendo las vergonzosas letras que detallan la Taxa Camarae sobre la que Julio Caro Baroja (antropólogo, historiador y escritor) explicó sus aberrantes contenidos, y más recientemente el profesor Pepe Rodríguez, actuando como exégeta, lo difunde en Internet. Se trata de hechos constatables sobre los que no comparto la opción de callar. En pleno siglo XX todavía quedaban reminiscencias: se podía pagar dinero al cura y así sentirse libre de pecado por comer carne el viernes santo. No sé si en algún lugar todavía existe esta fraudulenta conducta de la iglesia, pero creo que sí.

De una publicación de Ediciones B titulada Mentiras fundamentales de la iglesia católica, alguien ha escrito que la Taxa Camarae del papa León X es uno de los puntos culminantes de la corrupción humana. Existen otras publicaciones sobre este asunto de distintos autores cuyos nombres ahora no recuerdo.

La TAXA CAMARAE, una tarifa promulgada, en el año 1517, por el papa León X (1513-1521) con el fin de vender indulgencias, eso es perdonar las culpas, a todos cuantos pudiesen pagar unas buenas libras al pontífice. Como veremos en la transcripción que seguirá, no había delito, por horrible que fuese, que no pudiese ser perdonado a cambio de dinero. León X declaró abierto el cielo para quienes, clérigos o laicos, hubiesen violado a niños y adultos, asesinado a uno o a varios, estafado a sus acreedores, abortado... pero tuviesen a bien el ser generosos con las arcas papales. Veamos sus treinta y cinco artículos:
1. El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.
2. Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si sólo hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.
3. El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.
4. La religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa después de haberse entregado a uno o más hombres simultánea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.
5. Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, 1 sueldo.
6. Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.
7. La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones ilícitas, pagará al Papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6 libras.
8. La absolución y la seguridad de no ser perseguidos por los crímenes de rapiña, robo o incendio, costará a los culpables 131 libras, 7 sueldos.
9. La absolución del simple asesinato cometido en la persona de un laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.
10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo.
11. El marido que diese malos tratos a su mujer, pagará en las cajas de la cancillería 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagará 17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con otra, pagará, además, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren auxiliado al marido a cometer el crimen serán absueltos mediante el pago de 2 libras por cabeza.
12. El que ahogase a un hijo suyo, pagará 17 libras, 15 sueldos (o sea 2 libras más que por matar a un desconocido), y si lo mataren el padre y la madre con mutuo consentimiento, pagarán 27 libras, 1 sueldo por la absolución.
13. La mujer que destruyese a su propio hijo llevándole en sus entrañas y el padre que hubiese contribuido a la perpetración del crimen, pagarán 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que facilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagará 1 libra menos.
14. Por el asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un padre, se pagarán 17 libras, 5 sueldos.
15. El que matase a un obispo o prelado de jerarquía superior, pagará 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.
16. Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en varias ocasiones, pagará 137 libras, 6 sueldos, por el primer asesinato, y la mitad por los siguientes.
17. El obispo u abad que cometiese homicidio por emboscada, por accidente o por necesidad, pagará, para alcanzar la absolución, 179 libras, 14 sueldos.
18. El que por anticipado quisiera comprar la absolución de todo homicidio accidental que pudiera cometer en lo venidero, pagará 168 libras, 15 sueldos.
19. El hereje que se convirtiese, pagará por su absolución 269 libras. El hijo de hereje quemado o ahorcado o ajusticiado en otra forma cualquiera, no podrá rehabilitarse sino mediante el pago de 218 libras, 16 sueldos, 9 dineros.
20. El eclesiástico que no pudiendo pagar sus deudas quisiera librarse de ser procesado por sus acreedores, entregará al Pontífice 17 libras, 8 sueldos, 6 dineros, y le será perdonada la deuda.
21. La licencia para poner puestos de venta de varios géneros bajo el pórtico de las iglesias, será concedida mediante el pago de 45 libras, 19 sueldos, 3 dineros.
22. El delito de contrabando y defraudación de los derechos del príncipe contará 87 libras, 3 dineros.
23. La ciudad que quisiera alcanzar para sus habitantes o bien para sus sacerdotes, frailes o monjas, licencia para comer carne y lacticinios en las épocas en que está prohibido, pagará 781 libras, 10 sueldos.
24. El monasterio que quisiere variar de regla y vivir con menor abstinencia que la que le estaba prescrita, pagará 146 libras, 5 sueldos.
25. El fraile que por su mejor conveniencia o gusto quisiere pasar la vida en una ermita con una mujer, entregará al tesoro pontificio 45 libras, 19 sueldos.
26. El apóstata vagabundo que quisiere vivir sin trabas, pagará igual cantidad por la absolución.
27. Igual cantidad pagarán los religiosos, así seculares como regulares, que quisieran viajar en trajes de laico.
28. El hijo bastardo de un cura que quiera ser preferido para desempeñar el curato de su padre, pagará 27 libras, 1 sueldo.
29. El bastardo que quisiere recibir órdenes sagradas y gozar beneficios, pagará 15 libras, 18 sueldos, 6 dineros.
30. El hijo de padres desconocidos que quiera entrar en las órdenes, pagará al tesoro pontificio 27 libras, 1 sueldo.
31. Los laicos contrahechos o deformes que quieran recibir órdenes sagradas y poseer beneficios, pagarán a la cancillería apostólica 58 libras, 2 sueldos.
32. Igual suma pagará el tuerto del ojo derecho; mas el tuerto del ojo izquierdo pagará al Papa 10 libras, 7 sueldos. Los bizcos pagarán 45 libras, 3 sueldos.
  1. Los eunucos que quisieran entrar en las órdenes, pagarán la cantidad de 310 libras, 15 sueldos.
  2. El que por simonía quisiera adquirir uno o muchos beneficios, se dirigirá a los tesoreros del Papa, que le venderán ese derecho a un precio moderado.
  1. El que por haber quebrantado un juramento quisiere evitar toda persecución y librarse de toda nota de infamia, pagará al Papa 131 libras, 15 sueldos. Además entregará 3 libras para cada uno de los que le habrán garantizado.

El papa León X convirtió el Vaticano en un burdel donde eran lícitos los asesinatos, las violaciones, la pedofilia, la zoofilia, etc. Así que desde entonces la iglesia católica ha mejorado mucho aunque en la actualidad no es un ejemplo de conducta racional a juzgar por como se manifiestan actualmente algunos de sus altos dignatarios.



EL OBISPO MUNILLA.















En el año 2010, cuando un terremoto destrozó Haití el obispo Munilla dijo: En España existen males mayores que los que hay ahora en Haití (200.000 muertos por el terremoto), debido a la falta de fe de los españoles.

Tiene que ser muy fanático un individuo para atreverse a decir esta barbaridad. A este obispo no le afectó el terrorífico drama que sufrió Haití, no sintió ninguna pena al ver tantos miles de cadáveres tirados por las calles. La mayoría de la gente de todo el mundo quedó conmovida ante la magnitud del desastre, a la iglesia no le conmueven estas cosas; ellos mataban a miles de inocentes quemándolos vivos en las hogueras. Y como ahora ya no nos pueden matar por no creer en sus estupideces, entonces sueltan perlas de este tipo, de manera espontánea, porque llevan el fanatismo aún impregnado en sus entrañas.


EL OBISPO BERNARDO ÁLVAREZ




Palabras textuales de este obispo al diario Opinión de Tenerife:

Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y desean el abuso, incluso te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece.

Una persona tiene que ser muy degenerada para pensar y hablar así. Y así habló el obispo Bernardo Álvarez.