EL AMOR
En
mil novecientos noventa y ocho me enteré por la radio de que le habían dado el
premio Nobel de literatura a José Saramago. De camino a casa, yo vivía en
Valencia por aquel entonces, me detuve en Nuevo Centro, entré en una librería y
pregunté por los libros del nuevo Nobel. Eran muy voluminosos, así que opté por
el más delgado con el que ya me haría la idea de si este escritor me iba a
gustar o no. Compré un libro titulado Todos
Los Nombres. En la contraportada las letras decían que se trataba de la
historia de amor más intensa de la literatura portuguesa de todos los tiempos.
Y yo, que no soy muy dado a esta clase de historias, me resigné; al tratarse de
un Nobel tenía que darle una oportunidad. Lo leí y poco a poco me fui
introduciendo en la personalidad del protagonista, un funcionario gris del
registro civil. Este hombre, don José, leía atentamente la condición de las
personas: nacimientos, muertes, matrimonios, divorcios, etc. Le llamó
poderosamente la atención una mujer a la que siguió desde su nacimiento hasta
no me acuerdo qué, don José ya sabía que ella tendría una edad similar a la
suya. Don José vivía solo y Saramago relata una gripe del protagonista quien a
duras penas se preparaba un plato de sopa. Cuando tengo gripe siempre me
acuerdo de don José y pienso si habrá alguien en mi casa que me prepare un
plato de sopa o si me pasará como a don José y me la tendré que preparar yo
solo. Bien, pues la conclusión de mi lectura fue que no encontré ninguna
historia de amor, era solamente una intención profunda en el alma de este
funcionario gris, don José. Entonces qué pasa con este libro, acaso es un
engaño la calificación de historia de amor, parece que no, que no es un engaño,
se trata de una moraleja brutal que atañe a muchas personas, sí. El libro nos
propone pensar en que la historia de amor más intensa de nuestras vidas
posiblemente fue la que no prosperó y por eso nunca fue mancillada por mentiras
ni por silencios. Es una historia de amor que no prosperó porque la otra
persona no nos gustó lo suficiente o nosotros no gustamos lo suficiente a la
otra persona. No pudo ser, tal vez por cualquier otro motivo. Don José, tras intensas
investigaciones localizó a su amada, había muerto. Estaba enterrada. Ese mismo
día, por la tarde, se fue al cementerio, localizó el túmulo y se quedó allí,
sentado, apoyando su espalda en el tronco de un viejo acebuche, pasó allí la
noche entera y al amanecer apareció un pastor con sus ovejas, a su lado había
un perro grande, negro, con sus orejas bien enhiestas y pendiente de
instrucciones para manifestarse. Qué pensaría el pastor, se trata de un loco,
qué hará este hombre ahí, adormecido. Bien, pues así termina la historia de
amor más intensa de la literatura portuguesa de todos los tiempos. Y
continuando con la moraleja de Saramago vemos que nos invita a pensar sobre lo
que hay de cierto de este asunto en nuestras vidas. Entonces nos hace
reflexionar: acaso la persona que tenemos a nuestro lado en nuestra vida
cotidiana es la que más quisimos, o no. Acaso sentimos que el amor por la
persona que duerme con nosotros es el amor más importante de nuestras vidas, o
no. Puede que este libro sí sea una historia de amor que nos traslada en el
tiempo hasta que aparece en nuestra memoria aquella persona a la que, solo con
verla, ya nos ponía la carne de gallina. Pero no pasa nada, la vida continúa y
cuando envejecemos nos parece tan corta: parece que era el otro día que… También
es posible que yo sea la persona menos indicada para hablar de amor porque me
he casado tres veces y los tres matrimonios han acabado en divorcio (el último
en trámite). Pienso que ya soy demasiado mayor para pensar en casarme de nuevo,
tendría que ser con una mujer como las de la foto que he puesto en este
artículo. Pienso que con mujeres así cualquiera caería de nuevo en la tentación
del matrimonio.
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