jueves, 30 de marzo de 2017

VALENCIA Y LAS FALLAS






Existen datos sobre la fecha del inicio de esta tradición: a finales del siglo XIX, pero hay quien dice que es una tradición mucho más antigua. Según parece se originó para dar la bienvenida a la primavera quemando trastos viejos y virutas en el gremio de los carpinteros. Un mallorquín en Valencia no siente ese cosquilleo casi orgásmico que alborota a los valencianos ante los tremendos pertardazos de las ”Mascletá”, el olor a pólvora y las satíricas perspectivas de las efímeras construcciones.

El Castillo, llaman así a la explosión del cielo. La luz de colores revienta la oscuridad de la noche y la gente, apretujada como sardinas en todas las calles, exclama: ¡Ohhhhh! Este año lo pasé mal porque cuando uno lleva ya casi cuatro horas de pie sin que haya ni una acera ni medio metro cuadrado de asfalto libre donde sentarse se nota cierta inquietud. Pero sí, es una fiesta explosiva en la que uno acaba con los oídos doloridos de tanto estruendo y con los pies destrozados de tanto caminar. Sólo vimos unas diez fallas de las setecientas y pico que plantan en la ciudad de Valencia, eso nos da una idea del tamaño de la celebración. Durante los siete años que viví en Valencia quien peor lo pasó fue mi perrito Mico; los petardos, que se oyen por todas partes, lo atormentaban, se escondía debajo de las camas temblando. Creo que murió de miedo.

La parte más entrañable de las fallas fue la compañía de mi querido amigo Josemari y de su mujer, Fátima. Recordé aquellos años en que los vecinos íbamos a cenar y de copas todos los viernes, y los domingos quedábamos citados para hacer paellas. En la urbanización Mas Camarena, donde yo viví, los vecinos nos visitábamos constantemente para probar una cerveza o un licor, para ir a comprar flores en primavera o para contar el último chiste. A mí, que soy un cocinero mediocre, me tocaba hacer arroz brut. Sí, el contrateste del carácter valenciano con el mallorquín es abrumador; el mallorquín, fuera de su reducido círculo, es hermético. Y en los casos en los que se supone un alto nivel académico o económico a menudo veo un acentuado hieratismo, una solemnidad que marca distancias. En Valencia todo es más abierto y también más tenso y más veloz.

Ya en Campanet, un vecino entrañable intentó organizar una cena con unos cuantos vecinos del final de mi calle y fracasó. Esa iniciativa demuestra que no se puede generalizar en nada. Tampoco se puede decir que todos somos de una manera o de otra porque ya se sabe que las excepciones confirman las reglas.

En Valencia, generalmente, los divorcios no separan a los amigos. Mi amigo Josemari, que se ha vuelto a casar, sigue con los mismos amigos, las mismas cenas y las mismas paellas, y mis amigos mallorquines de toda la vida, desde que me he vuelto a casar ya no me invitan, y cuando lo hacen es porque son comidas sólo de hombres. Hay quien dice que soy un mallorquín Light. Yo no lo sé, pero lo que sí es cierto es que conozco un poco nuestro país, trabajé dos años en Madrid mientras vivía en Valencia y me estaba dando cuenta de que sí somos cerrados los mallorquines, pero yo no me siento cómodo fuera de Mallorca, en la península no saben hacer pa amb oli, el pan es raro y no se respira ese aire sosegado de Mallorca. He vuelto a la casa donde nací y no deseo irme nunca más, aunque creo que a partir de ahora iré todos los años a las Fallas de Valencia. Allí, la nostalgia de aquellos tiempos en los que el siglo pasado agonizaba y la nostalgia por aquellos amigos a veces me humedece los ojos, y es sólo porque añoro el compañerismo y las fiestas, añoro las noches de conversaciones destrabadas y añoro la ausencia de conductas fingidas. Sin embargo, allí fue donde terminé mi novela MARÍA LEÓN, en cuya solapa escribí que se trataba de una conclusión novelada de mis pensamientos que podían englogarse en unas palabras pronunciadas por Saramago y referidas a Kafka: “La visión de un mundo agonizando por el absurdo”.


domingo, 5 de marzo de 2017

AUTODIDACTAS







Yo creo que es mejor ir a la universidad, y así he conseguido que mis hijos tengan un título universitario, bueno lo han conseguido ellos, yo sólo puse las conversaciones, el empeño y los medios necesarios. El mayor es licenciado en Derecho y el menor es diplomado en Ciencias Empresariales. Los estudios son una base que ayuda a abrirse un camino profesional; pero por otra parte son una disciplina que obliga a trabajar las letras o las ciencias, y esa obligación nos lleva a esforzarnos para aprobar los exámenes y obtener un título oficial. Se obtiene también el conocimiento y, por decirlo de alguna manera, el desperezamiento de las neuronas. Los estudios obligan a trabajar al cerebro y a quitarle la pereza, luego, supuestamente, la persona que ha estudiado tiene más capacidad para comprender las cosas. Pero no todas las personas son iguales: los que han estudiado y se han esforzado mucho para ser médicos, abogados, economistas, ingenieros etc. no significa que entiendan cosas que no pertenecen a su ámbito de estudio, y es una pena. Muchos profesionales importantes se centraron tanto en su profesión que perdieron el interés por otras cosas de la cultura y la ética. Imagino que hay muchas excepciones, una de ellas es mi amigo Vicente Carles, quien, siendo arquitecto técnico, escribió en mi Blog una disertación sobre literatura que me encantó. Aquí dejo mi admiración por Vicente y el recuerdo de unos tiempos vividos en Valencia, y el recuerdo también de los paseos desde su oficina al estanco de la calle Artes Gráficas para comprar un paquete de tabaco. Otra excepción es el prolífico Isaac Asimov. La famosa frase que he puesto en el encabezamiento viene dada por ser él autodidacta como escritor. Los estudios que le dieron capacidad para escribir novelas de éxito fueron autodidactas porque su formación universitaria era de Química. El conocimiento no se obtiene solamente en la monotonía del estudio, hay un complemento muy importante, se trata del interés que tenga uno en la materia que está estudiando. Cuánto más nos guste lo que estamos estudiando mejor lo entenderemos y mayor será nuestro éxito profesional en la rama a que nos dediquemos. Me remito a Emilio, título de un voluminoso libro sobre la educación que escribió Jean Jacques Rouseau, y, sin que él fuera un ejemplo de educador (abandonó a sus hijos), plasmó unas teorías que hoy en día en Occidente se consideran el primer tratado sobre filosofía de la educación. Aunque de Rouseau a mí lo que más me gustó fue su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y el contrato social. 

Todo eso que acabo de escribir es lo normal, lo que popularmente se sabe. Pero hay otras cuestiones, hay que preguntarse cómo es posible que uno de los grandes genios de la literatura universal fuera autodidacta. Cervantes no fue a la universidad. La de su ciudad, Alcalá de Henares, la había fundado el cardenal Cisneros un siglo antes. Cervantes fue capaz de escribir la obra literaria por antonomasia. Y ya entrando en lo contemporáneo tenemos al Nobel Saramago cuyos estudios fueron de formación profesional: Cerrajería. Después tenemos a García Márquez, a Jorge Luis Borges y muchos otros ilustres sin título universitario. En el cine tenemos a Woody Allen, Stanley Kubrick o Tarantino que tampoco fueron a la universidad.

En la ciencia tenemos a los más antiguos como Arquímedes, Da Vinci y Pitágoras, entre otros. Hay algo muy curioso con el teorema de Pitágoras: muchos profesionales de la construcción y de la industria lo utilizan en la actualidad, sin saber porqué, de manera inconsciente, para trazar una perpendicular perfecta. Por ejemplo: un albañil tiene que levantar una pared perpendicular a otra, luego ¿cómo lo hace? No es fácil porque no tiene nada en el espacio que se lo marque salvo que utilice una escuadra enorme. Entonces, de manera automática, marca un punto y a un metro exacto de ese punto, en la pared existente, marca otro punto, luego genera una línea oblícua desde el segundo punto que mide exactamente 1,4278 mts. Y ahí está la línea perpendicular perfecta: desde el primer punto hasta donde ha llegado la línea oblícua. Este es el teorema de Pitágoras, y ahora que lo sabemos es sencillo porque el cuadrado de la hipotenusa es exactamente igual a la suma del cuadrado de los catetos. Pero resulta más inquietante el número PI, que no tiene un autor concreto porque ya dos mil años a.c., en el antiguo Egipto, los matemáticos ya se estaban aproximando a él a base de conjeturas. Pi es irracional porque da igual el tamaño de la circunferencia, sea la de un planeta o la de la esfera de nuestro reloj: si dividimos la longitud de la circunferencia por su diámetro siempre nos dará: 3,14159265 etc.

En el siglo XX tenemos a Nicola Tesla, un científico inquietante. Gracias al él tenemos los mandos a distancia y los teléfonos móviles. Él determinó que la electricidad se debía distribuir en corriente alterna en contra de la creencia de Edison, quien se equivocó al estar convencido de que la corriente debía distribuirse continua. Pero sobre Tesla hay mucho más, él creía que la electricidad podía estar en el aire y ser gratuita y que no hacían  falta cables para distribuirla, que podía captarse igual como ahora captamos las ondas de radio y televisión. También diseñó el rayo de la muerte del que ahora nos queda el láser. Por eso, tal vez, la ortodoxia lo trató de científico loco. Pero la brillantez intelectual de Tesla no es sólo eso, casi toda la ciencia del electromagnetismo descubierta por Faraday y Maxwell la desarrolló Tesla, quien, sin tener un título de ingeniero, ha resultado ser uno de los ingenieros eléctricos y mecánicos más importantes de la historia. Dodge y Ford, cuyos coches supongo que existirán siempre, fueron autodidactas. Y de los recientes más destacados: Bill Gates, Mark Zukerberg y Steve Jobs no hace falta decir nada, sólo que ninguno de ellos obtuvo título universitario.

No puedo terminar un artículo sobre autodidactas sin referirme al matemático indio Ramanujan, su sabiduría puede hacernos creer en la ciencia ficción, o tal vez nos pueda llevar a pensar que existe la palingenesia (una doctrina utópica que utilicé como herramienta literaria en mi novela MARÍA LEÓN). Ramanujan no estudió más que lo básico del colegio, por lo que su inteligencia podría tener un origen epígono, como si él se hubiera regenerado durante miles de vidas dedicadas a las matemáticas. Durante su estancia en Londres se puso de manifiesto que él iba muy por delante de los más brillantes matemáticos de la época y, a regañadientes, la flema británica lo tuvo que hacer miembro de la Royal Society en 1918.


La lista de genios autodidactas desde la antigüedad hasta nuestros días es interminable. Pero esto no significa que todos los autodidactas sean genios. Por ejemplo: yo soy autodidacta, estudié Ingeniería Industrial, Historia y Filosofía y no soy un genio. Y tampoco significa que los que no son autodidactas sean geniales, hay mucha gente con título universitario que no destaca, precisamente, por su brillantez intelectual.

miércoles, 11 de enero de 2017

EL VELLO PÚBICO




María Rosaria Omaggio, la lozana andaluza.
Yo nací en medio de la década de los años cincuenta. Una época gobernada por la hipocresía, una falsedad de la que no era el único responsable el jefe del Estado Español, también lo era la iglesia católica y los circunstantes de ambos: gozaban de unos tentáculos violentos que imponían sus absurdos criterios hasta en los colegios de los más pequeños. Todo era pecado. Las áreas erógenas de la anatomía humana eran territorios secretos y pecaminosos; por eso, en aquellos tiempos era impensable actuación alguna, bien consistiera en rasurar la zona púbica o en instalar argollas metálicas en esos lugares tan delicados. Era pecado también el onanismo, que, según decían, debilitaba los huesos y provocaba la pérdida de agudeza visual. La libertad actual permite a cualquier persona todo tipo de intervenciones. Y la más usual es el rasurado genital femenino. Aunque también, además, hay quien se hace dibujar tatuajes de demonios, flores, mariposas, sílfides o corazones atravesados por una flecha. Yo me apunto directamente y sin condición alguna a la libertad, pero añoro la belleza natural de antaño. Tal vez se quedara instalada en mi memoria la imagen de María Rosaria Omaggio, desnuda, cuando se duchaba, en aquella película titulada “La Lozana Andaluza”. Recuerdo las dos prominencias mamarias y el triangulito de vello de la bellísima actriz italiana. Las tres cosas constituían los vértices de un triángulo isósceles cuyo ángulo desigual era la parte superior de la vulva femenina. Ahora ya han quedado obsoletos los triángulos: ya no los hay. La zona púbica se ha convertido en una prolongación del resto de la superficie cutánea que carece de distintivos naturales. Parece —en el caso de las mujeres— como si no hubiera nada. He consultado con algunas amistades: hay gente a la que le parece de mal gusto que las mujeres se rasuren esa zona, en cambio otras personas dicen que el rasurado mejora la higiene, y a mí me parece ridículo este argumento porque cuando hay agua y jabón todos los días, no importa que haya vello o no.


Según parece la opinión en un sentido u otro depende de la edad, los más jóvenes se inclinan por el rasurado y los mayores prefieren que las cosas continúen como siempre han estado. Y así de un tiempo a esta parte se ha adoptado una palabra inglesa: “vintage” (que significa vendimia) para referirse a todo lo pasado de moda: coches, vello púbico, canciones, etc. En fin, que cuando uno llega a mi edad ya tiene la impresión de estar pasado de moda; pero no es sólo una impresión, es que a los sesenta ya estamos pasados de moda de verdad. Nos queda la nostalgia del vello púbico, que tanto embellecía la desnudez femenina, y de la música “vintage” de Bee Gees, Dire Streets, Neil Diamond, Kansas, Simon & Garfunkel, Rolling Stones. Y ya también de los magníficos Guns & Roses, Roxette, Blondies, etc.

martes, 20 de septiembre de 2016

FLORES PARA LOS MUERTOS







Los crisantemos existen para colorear el otoño de los muertos porque esperan a que languidezca el mes de octubre para florecer. Mi madre los regaba todo el verano, y el día primero de noviembre cortaba sus flores y, junto con hojas de palmera y otras plantas, hacía varios ramos floridos para llevarlos al túmulo donde están los restos de mi padre, de sus hermanos y de otros seres queridos. Mi madre también murió y ahora ya nadie planta crisantemos en mi casa. Decimos los restos porque nos han enseñado que hay algo tras la muerte, y yo entiendo que resulta arrogante y pretenciosa esta afirmación porque no se puede demostrar su veracidad, más bien la ciencia parece sospechar que no hay nada después de la muerte, pero no lo afirma ni lo niega. Una postura seria es la que no afirma ni niega ni cree cosas que no se saben.

Este día y estas flores muerden nuestra memoria para avivar el recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, y saltan algunas lágrimas todos los años, inevitables para mí. En el cementerio se puede observar la nostalgia de la gente y sus lágrimas, unas viejas y otras nuevas más dolorosas. Sospecho que esta tristeza no se produce sólo por la añoranza de los muertos, creo que también sobreviene porque hay una parte de nuestra conciencia que nos recuerda que algún día, inevitablemente, moriremos. Esto sí es cierto. Es una de las pocas sentencias sobre las que se puede afirmar que son ciertas dentro de nuestra quebradiza realidad, una realidad sobre la que, según parece, ningún otro animal es consciente. Mis dos perritas no saben que algún día o alguna noche morirán, nosotros sí lo sabemos. Alguien dijo hace poco que la muerte inventó el tiempo para poder seguir matando, porque sin el tiempo no moriríamos, es el tiempo el que nos mata.


El calendario coloca el recuerdo de los muertos en otoño. Y así el otoño y los muertos se convierten en una metáfora ontológica del atardecer del día, de las semanas, de los meses, de los años y de la vida animal. La vida vegetal parece que también va a morir, pero no es cierto, sólo se les caen las hojas a muchos árboles para solidarizarse con la tristeza ambiental. Los pecíolos dejan de nutrir las hojas para que se mueran y vuelen hasta el suelo como en un suicidio colectivo de pájaros. Estas hojas se mimetizan y adoptan el color de la tierra, se funden con ella y entran en el territorio infinito de la muerte sobre cuyos gusanos nace una incipiente hierba que va matando el tono pardo de los campos. Por la mañana veo que también va muriendo lentamente la neblina misteriosa de la noche. No siento frío ni calor, sólo siento que la monotonía del otoño me invita a escuchar canciones que me aten a este pesimismo estacional, como Una balada de otoño, de Serrat, por ejemplo. Escucho a Serrat mientras mi mujer sonríe a mi lado, aunque estemos en otoño. https://youtu.be/5v66eaBzJmA



sábado, 23 de abril de 2016

LITERATURA



¿Qué es la literatura? He leído por ahí que la literatura es un término que proviene del latín Litterae y que se refiere a la acumulación de conocimientos que permiten leer y escribir correctamente, pero el significado es mucho más amplio. Antiguamente estaba dividido básicamente en tres géneros: lírico, épico y dramático; pero los escritores tendemos a desafiar lo establecido. El escritor peruano Santiago Roncagliolo dijo que la literatura debe hablar de lo que nadie quiere. Recuerdo que Unamuno dijo que lo que acababa de escribir no era una novela y determinó que su novela Niebla era una Nivola, ¡vaya tontería! De esta novela recuerdo que la leí en plena canícula y que el protagonista miró fijamente la cama donde iba a dormir con su futura esposa y pensó: Misteriosos efluvios han de unir los dos cerebros. Ahora ya no hablaríamos de efluvios sino de unir o separar los pensamientos más íntimos en función de la afinidad sexual existente, que, según parece, es el motivo de que más de la mitad de matrimonios acaben en divorcio. Algo falla. (Mi hijo Roberto es Procurador de los Tribunales y tramita más de veinte divorcios cada mes.) 

García Márquez inventó un personaje, Melquíades, que tenía las manos de gorrión, estuvo doscientos años muerto y se cansó de estar muerto y volvió al pueblo, genial. En mi novela María León la protagonista recuerda haber vivido miles y miles de vidas y las recuerda todas, desde que era un mono y saltaba de un árbol a otro. En la primera vida fue macho y en la siguiente hembra y así sucesivamente. Esa novela no es otra cosa que un ensayo sobre el amor y la maldad. Una novela puede ser un ensayo, me remito a la novela Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, que perturbó mis horas de sueño hasta que la acabé de leer. Así que para englobar toda la literatura dentro de los tres primeros géneros habría que crear muchos sub-géneros porque El Quijote, por ejemplo, podría estar dentro del género épico pero es mucho más que eso. Cervantes es, sin duda, el padre de la literatura universal. La literatura nos da libertad a los escritores para distorsionar la realidad, igual como la distorsiona la física cuántica que escupe relajadamente a la actual lógica humana. Y así tenemos una clara similitud entre la física cuántica y la literatura: ambas pueden transformar la realidad, embellecerla, ensuciarla, romperla, hacerla saltar por los aires... No sé quién definió la literatura así: La literatura es el arte que utiliza la palabra como instrumento. También cabe señalar que un buen literato no tiene que ser listo necesariamente, puede ser tonto, como fue el caso de Juan Ramón Jiménez; lo digo porque en un libro suyo se atrevió a escribir que él era el mejor del mundo, que nadie se acercaba a su nivel. Una especie de Cristiano Ronaldo. Después admitió que sólo un francés, un tal Baudelaire, se le estaba acercando. Me viene a la memoria Hermann Hesse, un autodidacta devorador de bibliotecas, Nobel de literatura y uno de los escritores más influyentes del siglo XX, recuerdo una página de El lobo estepario que empieza así: "Ahora sólo para locos: ..." 

Los rusos: yo sólo conozco a tres: Tolstoi, Dostoievski y la rusa afincada en Nueva York Ayn Rand. Rand estableció un sistema filosófico idílico para la vida humana, pero utópico porque no llegamos a tal perfección. Pensaba que nadie tiene derecho a aprovecharse de los demás en beneficio propio, rechazaba el comunismo y la religión, tal vez porque fue testigo de cómo los comunistas rusos en el poder asesinaban a cualquiera que quisiera razonar, pensaba que sólo el capitalismo permite a un individuo razonar por sí mismo. El tiempo ha demostrado que Rand tenía razón porque el capitalismo moderado o no tan moderado es el sistema político adoptado en los países occidentales, y sigue siendo capitalismo gobierne la izquierda o la derecha. Atrás quedaron los extremismos de derechas y de izquierdas, aunque intenten sacar cabeza por ahí. En España tenemos al extremista-comunista Pablo Iglesias y en Francia tenemos a la sucesora de Le Penn, su hija. Alguna contradicción se puede vislumbrar en los pensamientos de Rand, pero yo he profundizado en su filosofía y la entiendo en el contexto en el que fue creada. También leí Aleksandr Solzhenitsyn, pero me causó cierta claustrofobia porque entonces yo era Cabo de Artillería allá en el año 1975. Cuando murió el dictador-generalísimo que nos tenían encerrados en el cuartel como los pobres moradores del archipiélago Gulag, sin afiladas concertinas metálicas, pero encerrados. Los rusos crearon inmensas novelas bellísimas pero sin el realismo mágico de Cervantes o de García Márquez. 

Y para terminar con este artículo sobre la literatura, referirme sólo a un comentario de William S. Maugham: adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida. En la novela El filo de la navaja, Maugham se metió él mismo con su propio nombre, como uno de los personajes de la trama, fue curioso; no sé de nadie más que lo haya hecho. Aunque sé que todos los escritores dejamos pedacitos de nuestra propia alma en todo lo que escribimos. 

sábado, 16 de abril de 2016

MANOS SUCIAS, UN DISCURSO POLÍTICO


Uno se queda perplejo y mareado con las noticias, llegan a nuestros sentidos como el zumbido de una avispa impertinente que de una manera u otra sabemos que nos está dañando. Resulta que el sindicato, o lo que sea, Manos limpias, tiene las manos bien sucias. Y, además, en la asociación de usuarios de la banca también hay detenidos por extorsión. Lo que ocurre es un desastre intolerable. Según parece, hay asociaciones que tienen unos presidentes, secretarios, vocales, etc. que buscan lucro o fama a costa de lo que sea, abusando de la confianza de la gente. Dirigentes de sindicatos y políticos de Andalucía se han enriquecido con fondos de formación que han ido a parar a sus bolsillos, demasiados miembros del Partido Popular se han enriquecido actuando fuera de la Ley y de la ética. 

Vemos que existen asociaciones políticas, religiosas, benéficas, etc. que no son otra cosa que asociaciones de malhechores (Que me disculpen las excepciones). Y ahora, además, tenemos a los que se aprovechan del movimiento 15 M, el movimiento limpio y honesto de los que están hartos del expolio generalizado por parte de políticos y bancos. Se trata de unos listos que aprovecharon este movimiento con intenciones de retomar la conducta de los cerdos de Orwell. Estos listos se erigieron en un partido político llamado Podemos y se situaron a la izquierda, como no podía ser de otra manera, en el comunismo duro, para la defensa de los más vulnerables ante el corrupto poder político y económico. Y ahora Podemos se aprovecha de la falta de conciencia histórica de una parte de la población. 

En el siglo XX los comunistas derramaron más sangre que nadie; sí, el comunismo ha sido el defensor de los trabajadores asesinando a todos los que no estaban de acuerdo con su despotismo (Mao, Stalin, Kim Il Sung, Pol Pot, Castro, etc), aunque el partido comunista de España ya está civilizado, da pasos inciertos dentro de su modestia, y relanpaguea posturas demagógicas para que las escuche la buena gente que los vota. Garzón es ingenuo o demasiado listo, no lo sé, y se le nota cuando habla; es un individuo que, gracias a su oratoria, ha encontrado una vía para sentirse fuera de la mediocridad intelectual a la que está atado. 

El comunista Stalin mató casi a la mitad de ciudadanos de su inmenso país, Mao, Pol Pot y sus Jemeres Rojos hicieron lo mismo. Todos los que no estaban de acuerdo al paredón. Tenemos necesidad de conocer la historia, de leer a George Orwell, en su rebelión en la granja, por ejemplo. Allí los cerdos se rebelaron contra los dueños de la granja, los mataron y se colocaron ellos mismos como Politburó para defender a los indefensos, y así los cerdos en el poder comenzaron a matar a todo aquel que abriera la boca ante la injusticia que contemplaban: esos cerdos, ídolos de la revolución comunista, comían los mejores manjares y ocupaban los más lujosos aposentos, mientras los demás pasaban hambre y dormían en chozas. El que no estuviera de acuerdo al paredón. Eso parece que pretende el partido político comunista Podemos, que comenzó la andadura nutriendo sus arcas impunemente con dinero que roban al pueblo las dictaduras de Irán y Venezuela (países donde los ciudadanos pasan hambre). En Podemos se utiliza una retórica que en la historia ha sido la de los asesinos, la misma retórica de los cerdos de Orwell, la misma retórica del comunista Fidel Castro, quien a fuerza de hacer pasar necesidades a su pueblo, según parece, es uno de los hombres más ricos del mundo. Se trata de la retórica que enlaza una palabra con otra con energía, con ímpetu: una elocuencia contundente que utiliza Pablo Iglesias. Nos engañan. Es también la misma retórica de Hitler que enardecía al pueblo y lo enfurecía contra el poder establecido y legítimo para derrumbarlo y así poder tomar ellos el poder y matar a todo aquel que no estuviera de acuerdo. El pueblo teutón se convirtió en una masa que levantaba los brazos y gritaba, una masa gregaria estúpida que no se daba cuenta de la trampa. Después sí, después se dieron cuenta de la barbaridad que habían cometido (era demasiado tarde), cuando sus casas estaban en ruinas y sus hombres muertos en las cunetas y en los verdes campos europeos. No sé si se curará alguna vez la maldita herencia o siempre estará en la conciencia de los alemanes la estupidez y el fanatismo de sus antepasados.

En Venezuela, Chávez adoptó la estrategia de Hitler con modales bananeros y payasadas, una estrategia destinada a obtener votos, engañando y disfrazando de benevolencia su maldad.  Por eso yo, desde mis letras, lanzo una alarma: leed la historia y veréis cómo siempre se repite, siempre se repite. Así que hay que cortar las alas a los nuevos dictadores, sean de izquierda o de derecha. La historia nos enseña cómo se presentan ante el pueblo, se ha repetido demasiadas veces esta historia. Ya conocemos su histrionismo y su disfraz benefactor, por eso no podemos permitir que nos dejen lisiados a todos. España ya ha tenido suficientes dictadores, no necesita más.

No nos engañemos, no hacemos ningún favor al país votando a Podemos. No nos engañemos, no nos hagamos más daño votando a una pandilla de fanáticos que se aprovechan de la brecha abierta en el pensamiento de la gente por esa maldita corrupción generalizada. Podemos no es la solución, la solución es la justicia y el Estado de Derecho, la solución es que entren en la cárcel los corruptos y que votemos por la unidad y la paz entre los españoles. El segundo de Podemos, Errejón, es una especie de loro que copia la férrea cantinela del jefe Iglesias. No seamos una masa estúpida como tantas que ha habido en la historia, demos un paso inteligente y votemos a los que son razonables.  

Creo que los partidos políticos son culpables de la corrupción. Para decir eso me remito a unas letras de Víctor Hugo: El culpable no es aquel que comete el delito sino quien instaura las condiciones para que éste sea cometido. A pesar de esto, los individuos corruptos van quedando fuera, dimiten, son o serán investigados, están o estarán en la cárcel. Los que queden serán más honestos que sus antecesores y así se irá depurando el sistema, pero no mucho porque las condiciones para cometer delitos siguen intactas, no se instauran auditorías férreas para controlar a los que tienen el poder de firmar cosas.

Rajoy no ha dado la talla como jefe de la derecha, Rajoy es un tecnócrata que se deja aconsejar por quien no debe. Y ¿qué pasa con la izquierda razonable? Pues que Pedro Sánchez se ha dejado comer demasiado terreno por los comunistas. Rivera parece impoluto. Pero no se ve nada claro y estable en el abigarrado horizonte de la política. Lo que interesa a la mayoría, la mayoría que según la Carta Magna ostenta el poder, lo que interesa a la Constitución española es que continúe la alternancia de poder que ha existido durante estos años de democracia, y que haya paz, trabajo y estabilidad. 

miércoles, 6 de abril de 2016

UNAS LETRAS PARA MI ESPOSA

Elfa

Pygmalión y Galatea

Soñé muchas veces en que tú, preciosa elfa, tal vez llegarías volando a mi lado, por eso te invoqué. Decidí hacerlo desplegando mis manos y vertiendo en ellas mi prosa más bella para ir soplando suavemente sobre las letras y esparcirlas en el aire por si, remotamente, el siseo llegara a tus sentidos.


Mi intención era la misma que la del rey de Chipre: Pigmalión. Pero yo no te esculpí sobre marfil, lo hice juntando pedazos de pensamientos para después moldearlos con un escoplo de bronce y pulirlos con un buril de oro. Cuando terminé, con gran pena, supe que ante mí tenía una escultura onírica y que no podría cobrar vida como ocurrió en el caso de Pigmalión: su impecable y nítida estatua de marfil se convirtió en una mujer bellísima: Galatea. Mi sueño sólo cobraría vida con tu presencia real, y así ocurrió: una fría mañana de febrero llegaste volando a mis brazos, despojada ya de tus alas de las que sólo te quedaban los omóplatos y, sin que dejaras de ser una elfa con los ojos de hurí, tus orejas se fueron redondeando para que pudieras mimetizarte entre las demás mujeres. Tu llegada inundó de colores vivos el entorno. Una alegría hilarante se apoderó del aire que respirábamos. Los pájaros lo recuerdan y, a pesar de los años que llevas a mi lado, todavía cantan. Es la sabiduría de los bosques encantados y de sus cristalinas aguas lo que te hace volar sin alas, lo que te hace sonreír donde los demás lloran, lo que perfuma la brisa que te rodea. Somos los humanos los que contaminamos la belleza, preciosa elfa; pero yo te encontré cuando todavía tenías alas y te acompañaban las mariposas volando a tu lado. Te encontré cuando la contaminación no había dejado ni una sola mancha de brea en tu piel ni en tus pensamientos más traviesos, cuando el egoísmo y la hipocresía no habían tocado tu alegría, y por eso yo continúo haciendo lo mismo que hacía tu mundo mágico: no permito ni permitiré que te roce la suciedad y siempre te amaré, preciosa elfa.  














domingo, 27 de marzo de 2016

TRES MUERTOS - POETAS


BAUDELAIRE - ALBERTI - MACHADO

Adoro a los poetas cuando sus metáforas deshielan los sentidos y nos trasladan a una lírica que vuela sobre el cemento de las ciudades, se arrastra en el subsuelo o se pasea como una mariposa sensible a la nastia de los campos floridos. Y me producen un efecto contrario cuando hacen aflorar la influencia metafísica de cuando estudiaban. El Ser no es nada, el Yo tampoco, y dios no existe. ¿Qué nos queda de la metafísica? cuando el núcleo de su existencia es una patraña. Sólo quedan, pues, los efluvios de estupidez de quienes se creen importantes, de quienes continúan pensando que hay alguien con una libreta de apuntes que toma nota de sus buenos actos y de sus pecados. No somos tan importantes. Sólo la conciencia queda afectada por nuestra conducta, y la conciencia humana sufre las consecuencias de la irracionalidad de los antepasados. ¿Qué ética hemos heredado de aquellos que siempre estaban en guerra? Prefiero responderme a mí mismo con una evasiva: son los poetas los que ponen alas a las palabras y hacen volar los corazones o llenan los ojos de tristeza cuando hablan de almas agrietadas o de rostros roídos por penas de amor (Baudelaire). Debió de ser enorme la empatía de Alberti cuando pensó en una paloma equivocada, en una paloma que creyó que tu corazón era su casa… y se equivocaba. Una extrema sensibilidad de Machado al ver suspiros de fuego en los maduros campos andaluces.




sábado, 26 de marzo de 2016

TRES MUERTOS - ESCRITORES





KAFKA - UMBRAL - MANN

En el pasado yo leí tres libros de Kafka, y desde entonces supe que algún día escribiría sobre él y su obra. Pero un tiempo después encontré un artículo de Francisco Umbral dedicado a Kafka y desistí, desistí porque yo habría querido decir lo mismo que dijo Umbral pero mi capacidad intelectual no daba para tanto.

En una ocasión Umbral llamó a Kafka “cara de cínife” y en este artículo lo llama “cara de ratón sentimental”.  Conozco gente que, sin haber leído a Kafka, sabe de esa angustia que nos trasmite “El Proceso”, “El Castillo” o “La Metamorfosis”. Luego la lectura no se convierte en un placer sino en una pesadilla sin fin, y si tiene fin entonces es un fin malo. Y de ahí llegué a la conclusión de que para entretenernos y disfrutar de una buena historia es mejor ir al cine o ver televisión. La buena literatura muchas veces marca a las personas y no precisamente con episodios idílicos con preciosos paisajes. La buena literatura, sencillamente, nos enseña a entender la vida, y cuando creemos que lo entendemos todo, entonces nos damos cuenta de que no entendemos nada. Y eso, precisamente, nos hace más tolerantes y hace también que nuestra arrogancia y nuestra soberbia se licúen y se vayan por las tuberías de las aguas fecales.
  
Saramago dijo que si no hubiera existido Kafka, él tampoco habría existido como escritor; y refiriéndose a Kafka dijo que tenía una visión del mundo agonizando por el absurdo. Si no hubiera existido Saramago, yo tampoco habría existido como escritor.

Otro caso, no tan angustioso, es Thomas Mann (Premio Nobel de literatura); él fue quien escribió “La Montaña Mágica”. Unas mil páginas que yo leí. Cuando terminé de leer esta novela me sentí aliviado pensando que jamás me había visto sumido en un tedio tan asfixiante y que ya me había liberado de él, pero el recuerdo de este libro me hizo sentir que yo estuve allí, enfermo, en aquel sanatorio, fascinado por una mujer: Clawdia Chauchat, que llevaba una falda azul y siempre daba portazos; y fascinado también por la melancolía del ingeniero Hans Castorp, por sus reflexiones y perspectivas previas a la primera guerra mundial. Hans había ido sólo a visitar a su primo Joachim y se quedó y acabó con fiebre como todos los demás.

 Francisco Umbral escribió esto:

“Sombrero de ala caída, llovida de varios cielos. Orejas de muerto enhiesto, de inteligencia cadáver. Volvemos a retomar así al profeta del siglo XX, ya superado, al que escribió en parábolas lo que iba a pasar y lo que estaba pasando. La parábola es un género más judío. La metáfora es un género más latino.

Kafka. El cuello y la corbata le sientan siempre como a un muerto. La metamorfosis. Millones de seres humanos se despiertan todos los días convertidos en araña, o lo que fuera aquel bicharraco. Lo que pasa es que no lo escriben, sino que se van a la oficina a cumplir. Y a lo largo del día, los números y el café negro les van devolviendo su humanidad arácnida. Pero si no fuesen arañas o cucarachas no soportarían el mal aliento del jefe, la paga/propina y el menstruo de la funcionaria. Dice la ciencia que el gato nos ve como gatos, y por eso nos tolera. La cucaracha humana también ve a los demás como cucarachas. De ahí nacen los buenos amigos, las fieles cucarachas. A Kafka le salva lo que le pierde: que cree en lo que ve. Y hasta lo escribe. Cara de ratón sentimental, de funcionario en paro. El proceso. Kafka, como todos los humanos, tiene una causa pendiente no sólo en el juzgado de dios sino en el juzgado del barrio. Nadie ha sabido nunca de qué se le acusa, porque en el juzgado sólo reside nuestra mala conciencia, que es una variante del miedo a la muerte.

El secreto de Kafka, lo que le hace grande y mínimo, es que la causa de la humanidad la considera sola y suya, íntima. Esto le hace gran escritor, pero le vuelve loco, o le ratifica como tal. Decía Goethe que “sólo entre todos los hombres se vive lo humano”. Bien, pues sólo entre todos los humanos se vive la culpa. Kafka quiere la culpa para él solo. Individualiza el terror de la administración, que es universal, con lo que se engrandece su caso y su prosa. Así, todo en Kafka responde a una fórmula parabólica. Pero su parábola no es deliberada, literaria, sino real, sentida, dolida, doliente, lo cual le legitima como escritor. Tiene el susto metafísico del que se ha dejado la casa cerrada con las llaves dentro. El Castillo. El Castillo es el padre, el Estado, lo que ustedes quieran. Kafka plasma la lucha del hombre contra las instituciones —El Castillo, El Proceso—, que fue la lucha ulisaica del siglo XX. Ulises había luchado contra los dioses. Kafka comprende que las instituciones no tienen otra fuerza y ventaja que el hermetismo. Hermetismo y una póliza. Por eso nunca sabremos nada. Kafka tiene una novia a la que no ama o a la que no goza. Su tragedia real es la impotencia, pero de eso no habla porque, como todos los profetas, es casto. Escribió cartas a Felice como para empapelar toda Praga. El amante epistolar es sospechoso. Tanta ortografía está ocultando algo, como en Flaubert. Los motivos de Kafka son los motivos del siglo XX. Y están pasando con el siglo. No creo que vuelvan a escribirse, en nuestro siglo XXI, novelas parabólicas. Ese género se ha quedado viejo hasta el evangelio.”




miércoles, 23 de marzo de 2016

DISCURSO SOBRE LA VERDAD

Ícaro murió por no hacer caso a su padre, Dédalo.

Tengo escrito que nuestra verdad está compuesta por pedacitos de experiencias y de tiempos, y por lo que nos han enseñado y hemos aprendido; todo ello conforma nuestra manera de ser. Es una verdad de cuya certeza no dudamos porque se trata de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que pensamos y de lo que decimos. Nuestra opinión se inclina hacia la derecha o hacia la izquierda de las cosas en función de esa verdad. Esa verdad es nuestro punto de vista, es también lo que llamamos nuestros principios, y también nuestras creencias. Cosas, todas ellas, que componen nuestro carácter. Una idiosincrasia con infinidad de matices que se hacen ostensibles constantemente en nuestro entorno. Y yo me pregunto: ¿Si toda esa verdad fuera una farsa, en qué nos convertiríamos? Y me respondo a mí mismo que si lo olvidáramos todo podríamos transformarnos en seres más sociables, menos hipócritas y más cercanos a nuestros semejantes. Pero resulta que mi pensamiento es una utopía fuera de tiempo y de lugar porque no somos capaces de entender, por ejemplo, lo que dijo el biólogo francés Jean Rostand: La verdad que yo venero es la modesta verdad de la ciencia, la verdad relativa, fragmentaria, provisional, siempre sujeta a corrección, a rectificación. Por el contrario, rechazo y detesto la verdad absoluta, la verdad con mayúsculas, que es la base de todos los sectarismos, de todos los fanatismos y de todos los crímenes. Recuerdo al cómico Groucho Marx y una de sus agudas puntualizaciones, dijo: Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros. Marx parecía entender que aferrarse a alguna creencia es una estupidez porque el tiempo, la ciencia o la casualidad pueden demostrar que estábamos equivocados. Pero da igual: rechazando la evidencia, como suele ocurrir, no tenemos necesidad de admitir que fuimos estúpidos. La ciencia demuestra que la realidad que somos capaces de percibir no es, necesariamente, real. Ejemplo: una piedra está compuesta por átomos cuyos electrones giran a unas setecientas mil revoluciones por segundo, yo miro una piedra, la manoseo y no veo ni noto nada que se mueva, es una piedra y punto, es nuestra verdad: una verdad que oculta otra verdad distinta. Otro ejemplo: la tierra gira en el ecuador a unos 1670 kms/h, y nosotros sus habitantes sólo notamos que todo da vueltas cuando vamos pasados de copas. Así que la verdad no es lo que parece.

Este discurso no pretende ser una diatriba contra la estupidez, pero aquí se dicen cosas muy voluminosas porque se trata de la base de todos los antagonismos, de los enfrentamientos políticos, de las guerras, de las peleas entre hermanos y de todo el aire putrefacto que a veces respiramos. Pero el tiempo va disminuyendo el mal olor y suaviza el maniqueísmo fanático de antaño. Ahora ya no creemos que el que piense distinto a nosotros merece morir y comenzamos a respetar posturas ajenas, aunque todavía existen culturas que no han avanzado tanto y ahí, en las noticias, tenemos los resultados: disparos, bombas, una navaja que secciona una yugular. Qué tristeza de civilización la nuestra, la que nos enseña cómo una persona se inmola para matar a otros seres humanos porque piensan distinto. Qué tristeza la envidia, la que hace corretear comentarios despectivos gratuitos que nacen de la dramática pobreza empática de las personas que los profieren.
 
Ahora existen aviones que nos permiten ir a las antípodas en unas horas, existen porque hubo gente que se preguntó por qué no podíamos volar como los pájaros. Ya en la mitología griega tenemos a Ícaro, quien a pesar de las advertencias de su padre, Dédalo, voló tan alto que el calor del sol fundió la cera que mantenía unidas las plumas de sus alas y se desplomó y murió. Luego sabemos que toda evolución se debe a las personas que se cuestionaron y se cuestionan las cosas y en lugar de preguntar ¿por qué?, preguntaron y preguntan ¿por qué no? A la antigua pregunta: ¿por qué no podemos volar? hay que atribuirle la evolución tecnológica que desde principios del siglo XX nos permite volar. En fin, que la evolución humana se produce porque hay gente que lo cuestiona todo. Si continuáramos anclados en las creencias de nuestros antepasados todavía nos desplazaríamos con calesas y caballos. Esta sería una faceta histórica extrapolable a la esencia filosófica de este discurso sobre la verdad que nos conduce a un planteamiento muy serio: ¿Por qué somos como somos? Si estamos completamente aferrados a una tendencia política y/o religiosa significa que no hemos evolucionado mucho, lo admitamos o no. Ya lo vaticinaba Mark Twain en el siglo XIX cuando dijo: Si usted está al lado de la mayoría, es el momento de hacer una pausa y reflexionar. Una mayoría puede ser de unos cientos o miles de personas, gente gregaria aplaudiendo al aedo que enardece los ánimos de los oyentes con diatribas que salen de su boca como saetas destinadas a los opositores. No, esto no es evolucionar, es tener el estigma de un pasado terrible. Y por eso estas letras se convierten en un axioma que propone una reflexión de por qué pertenecemos a una tendencia política, a una religión, a una tendencia moderada o enardecida, a una tendencia liberal o conservadora, en lugar de optar por una postura ecléctica. Yo culpo a la manera de ser del sistema educativo de nuestro país porque no tiene (o no aplica) una deontología que obligue a los docentes a ser imparciales en su trabajo. Conocer algunas de las lecturas que recomiendan a los alumnos de instituto es suficiente para saber que muchos profesores no se dedican sólo a la enseñanza sino que también practican el proselitismo. Se trata de una indecencia que pone trabas a la libertad de muchos estudiantes para elegir un camino desde una balconada limpia y ecuánime. No tengo conocimiento de que en clases de filosofía se hable de eclecticismo con el rigor y el tiempo necesarios. El eclecticismo es una corriente filosófica muy antigua que procura conciliar las creencias que parecen más razonables aunque procedan de bloques opuestos (Ortega y Gasset trató el asunto en un contexto ético y político). En este momento político, día diez de agosto de 2016, la gente sí agradecería a los docentes que hubieran enseñado a disminuir lo visceral y a aumentar la capacidad de entendimiento entre las personas. Vamos mal. Ocurre que no hay muchas cosas en nuestra civilización que nos hagan sentir optimistas con el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos, pero antes era peor; así que no vamos a ser pesimistas del todo. Aquí dejo un proverbio chino que viene al caso: Corrige a un sabio y lo harás más sabio, corrige a un tonto y lo harás tu enemigo.


Nunca he plagiado nada, pero tengo una costumbre que sí he copiado, es la de hacer referencia siempre a otros autores. A eso ya lo hacía Michel de Montaigne. Según decía era para expresar mejor sus pensamientos, y a eso yo también lo hago por ese motivo. Ahora haré referencia al semiólogo Umberto Eco por algo que dijo o escribió. No sé de dónde saqué eso, tal vez en El Nombre de la Rosa o en El Péndulo de Foucault que son los únicos libros que he leído de este autor. Lo he recordado al ver que el compañero de la revista Campanet, Tomeu Rosselló, se ha referido a Eco creo que en dos ocasiones. Umberto Eco más o menos dijo esto: Toda la historia de la ética es un intento, demasiado ambicioso, por definir una noción aceptable de estupidez. También dijo: Todo gran pensador es el estúpido de otro. Eso puede que sea verdad, pero como yo no creo en la verdad, entonces nada. El libro de mis artículos se titula PESIMISMO. Se puede leer en pedrotugores.blogspot.com. Se trata de artículos de ensayo sobre la conducta humana. Es verdad. Sí, pero puede que no sea verdad, y en este sentido me refiero a otro personaje importante al que también copio actitudes alguna vez: se trata del poeta Fernando Pessoa. La anécdota más curiosa que recuerdo de este poeta es que en una ocasión alguien le preguntó que por qué creaba heterónimos y los colocaba como autores de sus libros si los heterónimos son seres que no existen, Pessoa respondió que tampoco estaba muy seguro de que Lisboa exista. No sé si será por eso que yo también, de vez en cuando, doy un paseo por las ramas vegetales de la lírica.

Y TÚ... ¿QUÉ SABES?


No te estoy preguntando eso a ti, lector o lectora. Se trata del título de un documental científico disfrazado de película en el que se nos dicen cosas que no estamos acostumbrados a escuchar y que resultan inquietantes (Ahora ya se puede ver en You Tube). Conocí este documental en los años noventa, cuando yo residía en Valencia con mi familia; fue a través de mi amigo el profesor de psicología Vicente Prieto, quien posteriormente escribió el prólogo de mi novela MARÍA LEÓN, publicada por Iberoamericana de ediciones literarias en 2007. 

A finales del siglo XIX parecía que los físicos lo tenían todo claro. Se relajaron presumiendo de que lo entendían todo. Pero después, muy a principios del siglo XX, apareció el físico Max Planck y les perturbó su arrogancia. Planck abrió nuevos caminos donde la física tradicional no tenía respuestas y por eso está considerado como el padre de la física cuántica. ¿Y eso qué es? Pues se trata de un lío del que no creo que salgamos nunca, o por lo menos no lo veremos los actuales moradores de la tierra ni nuestros nietos. Niels Bohr, dijo: si alguien no queda confundido por la física cuántica es que no la ha entendido bien. Y Richard Feynman dijo: nadie comprende la física cuántica. Después de Planck aparecieron Heisenberg, Einstein y otros genios que continuaron descolocando los pensamientos ortodoxos y nos llevaron a una laguna desconcertante: que el tiempo y el espacio sean relativos tiene un pase porque no nos afecta en nuestra vida cotidiana, nadie viaja a la velocidad de la luz, y por ello no hay nada raro en lo que percibimos sobre nuestro envejecimiento y el espacio que nos rodea, pero la física cuántica nos dice cosas que desafían descaradamente el sentido común. Los humanos somos capaces de percibir tres dimensiones espaciales y una temporal, total cuatro dimensiones. Bien, pues la teoría de las cuerdas ya nos está diciendo que un átomo no tiene núcleo sino una cuerda vibratoria que hace vislumbrar once dimensiones. A ver quién es capaz de ver algo más que las cuatro dimensiones que percibimos: nadie. La física cuántica nos dice que tú puedes estar muerto y vivo a la vez y que un objeto puede estar simultáneamente en dos sitios a la vez, entonces ¿qué está pasando? Lo de estar muerto y vivo a la vez no lo entendemos, y que un objeto esté en dos sitios a la vez, según parece, sí; hay científicos experimentándolo en la actualidad. Pero no entendemos nada porque resulta que existen partículas que se localizan, desaparecen, regresan y vuelven a desaparecer. ¿Adónde van esas partículas? Los científicos dicen que a un universo paralelo, y ahí es donde ya lo liamos todo mucho más de lo que está. Ahí es donde estamos viendo que no sabemos nada, por tanto mi respuesta a la pregunta del título es: NADA de NADA. Sólo podemos tener indicios respecto a que muchas cosas de las que nos enseñaron en la escuela son mentira, y que las respuestas que ha dado la iglesia son una patraña; a eso parece que mucha gente ya lo entiende. También existen indicios de que la ciencia obtendrá explicaciones para, por ejemplo, los fenómenos paranormales. Y También encontrará respuestas para muchas preguntas, pero será un proceso tan lento que moriremos así como morimos ahora, sin saber porqué estamos aquí, de dónde venimos y adónde vamos. Por ahora yo pienso que nuestra existencia es pura casualidad y que no vamos a ninguna parte, pero estoy abierto a cambiar de opinión porque no creo que ninguna verdad sea tan sólida como para que valga la pena aferrarse a ella.  



lunes, 30 de marzo de 2015

ANDREAS LUBITZ


Todos juzgamos a las personas y a las cosas utilizándonos a nosotros mismos como pauta, y por eso, tal vez, ningún psiquiatra ni psicólogo pudo imaginar hasta dónde es capaz de llegar la maldad humana. Podrían haber dado la voz de alarma; pero no, también está la deontología que les impide informar de que hay un loco peligroso con apariencia de chico bueno pilotando grandes aviones llenos de gente. Y así nuestros códigos y normas se convirtieron en el arma asesina, igual que la puerta de seguridad de la cabina que impide la entrada de terroristas pero no puede hacer nada cuando el terrorista ya está dentro. El comandante no pudo entrar para evitar la tragedia. El secreto profesional y la puerta de seguridad: ahí están las trampas. A Lubitz lo habían dado de baja por desequilibrios cerebrales, y sólo el médico y el paciente lo sabían; el copiloto hizo añicos el papelito que lo inhabilitaba y el médico, con su silencio, actuó de acuerdo a su código deontológico. Después salió demonio con su elegante uniforme de piloto y con su cerebro lleno de alegres larvas de afilados colmillos pululando entre las neuronas, salió caminando serenamente hacia los mandos del Airbus. Los kamikazes que circulan en sentido contrario por la autopista, si tuvieran licencia de vuelo, podrían hacer lo mismo porque son gente que quiere morir matando, como Robespierre. Las páginas de la historia nos dejan otro teutón alienado y maligno con muchos muertos en su cadavérica y putrefacta conciencia.



miércoles, 14 de enero de 2015

PÁNICO EN FRANCIA


El poder militar es tan sólido que ya no caben las guerras del pasado. Francia aprendió la lección por las veces que fue invadida. Y así el enemigo de Occidente entra por las grietas del orden establecido igual como las ratas entran en las casas que tienen grietas. Esta guerra que nos declaran los yihadistas no se puede ganar porque hay personas que viven aprisionadas en el lodo “como si la garra del diablo los sostuviera desde las profundidades”, (escribió Saramago). Estas personas se emboban al convencerse de que después de haber asesinado a enemigos de su dios y de haberse inmolado encontrarán un oasis celestial con bellísimas huríes, dátiles y aguas cristalinas. Se trata de una perspectiva más apetitosa que la de continuar con el tedioso ritmo del día a día terrestre. Según la Hégira los musulmanes viven en su año 1392, o sea: la Edad Media de Occidente, y ellos no tienen un Fray Tomás de Torquemada, tienen muchos; están dotados de armas cibernéticas y los hay por todas partes. Por eso el pánico continuará en Francia, en España y en muchos otros países laicos. Los yihadistas continuarán cometiendo atentados y nosotros despreciaremos injustamente a la buena gente que vive en Europa y que practica esta religión. No deberíamos hacer burlas contra su dios y ellos no deberían cometer atentados. En fin… Voltaire escribió que el mundo fue creado para hacernos rabiar, y yo creo que estaba en lo cierto.


viernes, 19 de diciembre de 2014

CUBA


El mundo estuvo a punto de estallar en pedazos en el año 1961 por culpa de los misiles que Nikita Kruschev estaba instalando en Cuba. Los generales estadounidenses querían disparar y John F. Kennedy tuvo el temple necesario para evitar que el mundo volviera a la edad de piedra. Cuba era un hervidero antes de Castro. En la dictadura de Batista el país era una fiesta con un alto nivel de vida y corrupción que quedó muy bien dibujada en la película Havana con Robert Redford y Lena Olin. Después llegó Castro para limpiarlo todo y lo ensució todo y mutiló a los cubanos. Los que tienen coche actualmente llevan aún los Buick de los años cincuenta, y lo que produce el país va a parar a las manos privadas de los Castro mientras la gente no tiene para comer. Los cubanos están encerrados en la ratonera de los Castro. Y lo de ahora es una incógnita porque no se sabe lo que va a ocurrir. Es normal que Obama diga con pena que todos somos americanos, pero aquel pedacito de América necesita que desaparezcan los Castro para que los ciudadanos puedan recuperar la dignidad, para que todos y no sólo los turistas puedan volver a tomar mojitos en la Bodeguita del Medio y para que la gente vuelva a bailar en la calle sin lágrimas en el corazón.

sábado, 6 de diciembre de 2014

DOS PARTES


Parece como si todo estuviera compuesto de dos partes, más o menos antagónicas, más o menos amigas, más o menos enamoradas. La mayoría de los seres del reino animal se componen de dos partes simétricas, digo la mayoría porque hay excepciones: he visto animales asimétricos. Hay unos cangrejos que tienen una mordaza enorme y otra pequeña. Para que exista una amistad son necesarias, como mínimo, dos partes. Para el amor también hacen falta dos partes, y para que la vida continúe hacen falta dos sexos. En política casi siempre nos encontramos con dos partes; aunque ahora en España las dos partes se han bifurcado y aparecen cuatro partes, dos en la derecha y otras dos en la izquierda, o sea: dos partes. Unos tiran para un lado y otros para el lado opuesto. Cada uno con sus matices, puntualizaciones y tendencias. Dos partes que nos tienen atados a un contexto que da la razón al semiólogo Umberto Eco cuando escribió que toda la historia de la lógica es un intento, demasiado ambicioso, por definir una noción aceptable de estupidez. Y por añadir algo más sobre las dos partes también recurriré al mismo personaje, Eco; él dijo que todo gran pensador es el estúpido de otro. O sea: dos partes.

jueves, 27 de noviembre de 2014

TRES CURAS Y UN SEGLAR


Este título podría ser el de una rondaia con las aventuras de gente buena y sus anécdotas, aunque hubiera demonios y gigantes; pero no es así. Se trata del título de un artículo de prensa que habla de tres curas y un seglar investigados por delitos de pederastia. Un asunto que ocupa muchos titulares en todos los medios de comunicación. Estos delitos causan daños difíciles de reparar en las víctimas y un corrosivo estupor a los que leemos las noticias. Se trata de un problema muy antiguo: el emperador Tiberio llamaba pececitos a sus víctimas y mandaba tirarlos por un acantilado de la isla de Capri cuando quería renovar la compañía. Y ya en la edad media atribuían esta maldad a los íncubos y a los súcubos. Parece que no hay solución para tal iniquidad, ni siquiera la castración (química o quirúrgica) parece dar resultado, así que los eunucos tampoco serían de fiar. Ante esta situación, y dado que muchos de los casos actuales se atribuyen a los clérigos, uno se pregunta si los votos de castidad sirven para algo, si el celibato no es un cruel anacronismo que daña el cerebro a algunos de los que, seriamente, han hecho votos para vivir en contra su propia naturaleza, pero uno se pregunta tantas cosas…

jueves, 20 de noviembre de 2014

LA NATURALEZA HUMANA


Se trata de un concepto sobre el que se han posicionado muchos filósofos. Darwin decía que podía cambiar con el tiempo, Rouseau que era maleable; Hegel, Nietszche y Sartre, entre otros, lo pusieron en entredicho; y la psicología moderna no se define. Y nosotros, la gente de la calle, ¿qué tenemos que pensar? Pues yo creo que empezamos a pensar que la naturaleza humana, entre otras cosas, tiene una mancha que no varía con el tiempo, que no es maleable y que se hace ostensible cada día en televisiones y periódicos: la corrupción. No podemos complacernos apuntando nuestras miradas inquisidoras hacia los políticos porque somos nosotros quienes los hemos elegido para que nos representen, y ahí sí que tendrían razón algunos filósofos sobre la maleabilidad del término. El empirista David Hume gastó toneladas de tinta escribiendo tratados sobre la naturaleza humana, creo que fueron tres tomos de unas mil páginas cada uno. Lo desmenuzó todo, buscando las partículas más pequeñas de la conducta. Uno puede entretenerse y reflexionar con estos tratados, pero al final la sabiduría popular siempre es más sabia (a pesar del comentario de Einstein), esa sabiduría popular creo que le diría a Hume:

No le des tantas vueltas: la cabra tira al monte.

viernes, 1 de agosto de 2014

LA PLAZA DE CAMPANET


Toquinho cantaba que en los mapas del cielo el sol siempre es amarillo, y yo relaciono esta poética canción con la plaza de Campanet por el recuerdo de cuando los niños dibujábamos la iglesia; lo hacíamos con lápices de colores cuya caja de cartón verde tenía un paisaje alpino con cerros nevados tras un vivaracho cervatillo. En estos dibujos de la iglesia, arriba, pintábamos un sol amarillo; marcábamos los sillares de las paredes con cuadritos de color beig y las campanas de negro. Creo que no me curaré nunca de la nostalgia de aquellos tiempos en los que dibujábamos soles amarillos, comíamos helados en la plaza y jugábamos al escondite en los arrabales. Nada ha cambiado, sólo las personas. Muchos de los niños de los años sesenta y setenta ahora somos padres y algunos ya son abuelos; pero la plaza de Campanet sigue impasible, indiferente al paso del tiempo. Pasaron más de cuarenta años y muchos de los que estábamos allí de niños continuamos, inconscientemente, fascinados por la sosegada brisa que se respira, por las tertulias, por las personas, que no son ajenas; y quizá también por el recuerdo de una adolescencia en la que sentimos el fuego en la garganta con el primer trago de whisky, en la que sentimos la mirada sonriente de alguna niña, una mirada que nos parecía como un beso.