sábado, 8 de julio de 2017

LOS POLÍTICOS, LA IGLESIA Y EL SEXO







Lo que en este artículo queda escrito es constatable. No se trata de opiniones personales, y si hay alguna es intrascendente. El autor es laico y respetuoso con la Historia, con todas las personas y con su manera de pensar y de creer o de no creer.


A un buen número de políticos les pasa lo mismo que a una parte importante del resto de los hombres. Aunque en este colectivo determinadas personas están atrapadas en la soberbia que les proporciona el poder, un poder que les rodea de acólitos serviciales: secretarias, chófer, agentes de viajes y toda una maquinaria ergonómica que no pagan de su bolsillo. Dentro de esta inmensa comodidad sólo les quedan dos inquietudes. La primera es la incertidumbre de ganar o perder en las próximas elecciones, y la segunda es el desajuste entre la completa satisfacción por su puesto en la sociedad y la satisfacción mediocre de la vida sexual masculina. No conozco casos de mujeres dedicadas a la política o cónyuges de políticos que por excesos de lujuria hayan provocado escándalos, excepto el de Margaret Sinclair, esposa en aquel entonces del primer ministro de Canadá Pierre Trudeau y a su vez madre del actual primer ministro de ese país, Justin Trudeau. No hablaré de Cleopatra por ser el mundo del antiguo Egipto demasiado distante del nuestro ni de otros casos que pueden haberse dado y que mis limitados conocimientos sobre Historia no hayan detectado. La lista de escándalos sexuales masculinos es interminable. En el siglo XX tenemos a los presidentes de Estados Unidos: Warren Harding, Franklin D. Roosvelt, John Kennedy y por último Bill Clinton (acabó su presidencia en enero de 2001), por nombrar los casos más relevantes. Y la lista de candidatos que podrían haber sido presidentes si no les hubieran pillado inmersos en travesuras sexuales también es muy larga. Así que los escándalos van desde los presidentes del país más poderoso del mundo hasta concejales de administraciones locales. El motivo, como decía antes, es la mediocridad sexual masculina de la que, aunque les cueste caro, hacen escapadas; cosa que vamos a analizar en los siguientes párrafos.

Para cualquier conducta que se desee investigar se puede recurrir a los filósofos, ahí siempre encontraremos que todo está ya escrito y escudriñado. El Epicureísmo-Dionisíaco era cosa de ricos y acabó estrangulado tras la conversión al cristianismo del emperador Constantino. Pero cuando desapareció de los mapas occidentales fue con el auge de san Agustín, quien tras una enfermedad se vio obligado a abandonar su desordenada salacidad. Luego pasó a predicar contra el sexo, agarrándose a un dios inexistente con una retórica aplastante para las masas. Siglos después vino la oscura Edad Media donde quien no vivía temeroso de dios era quemado vivo en la hoguera. Ejecutaban la pira los miembros de la religión católica. Una secta que todavía perdura gracias a la riqueza acumulada por la venta de bulas (Una persona podía pagar a la iglesia antes o después de cometer un crimen y así ser perdonado. Llamaban Taxa Camarae a la tarifa de precios, unos precios que oscilaban según la gravedad del crimen). No obstante, la Iglesia Católica alcanzó una riqueza inmensa a partir del siglo XIV, cuando la peste negra puso sus afilados colmillos sobre Europa. Los sacerdotes gritaban a la gente por las calles exigiendo que cedieran sus propiedades a la Iglesia para obtener acceso al paraíso eterno de los cielos. Con esta mentira el patrimonio de la secta católica se convirtió en una fabulosa fortuna que actualmente podría erradicar la pobreza del mundo dos veces. Fray Tomás de Torquemada, gran inquisidor, estará gozando del paraíso tras asesinar a miles de seres humanos de la manera más cruel posible. La iglesia católica ya no quiere hablar de eso, pero sus asesinatos y sus fraudes constituyen los cimientos de sus enormes edificios.

Y así nos tenemos que ir a analizar la hipocresía. Echando mano de los filósofos recurriremos de nuevo a Sigmund Freud, ¿psiquiatra o filósofo? Hay opiniones para todos los gustos. Yo creo que fue las dos cosas. Él puso el dedo en la llaga al observar el ser humano en sus tres vertientes: El Yo social, el Yo íntimo y la conciencia. El Yo social es hipócrita porque actúa según le pide la sociedad en la que vive. El Yo íntimo sólo puede actuar a escondidas y la conciencia está hecha un lío. Luego ocurre que para mimetizarse en la sociedad uno tendría que dejar al animal que lleva dentro que, a escondidas, hiciera travesuras de vez en cuando, y así ocurre, pero en el caso de los políticos, al ser personajes públicos, sus actos son de interés general y de manera esporádica pillan a alguno inmerso en actos prohibidos por el Yo social. Entonces salen en los medios de comunicación y son defenestrados. Por hablar de lo más cercano y relevante me referiré a los ex concejales de Palma Rodrigo de Santos y Álvaro Gijón a los que conocí personalmente. Lo del primero es terrible porque una cosa son travesuras heterosexuales u homosexuales y otra es la enfermiza degeneración de su persona al haber tenido algo con niños. Tal vez fuera contagiado por su religión católica, que seguía fervorosamente, ya que donde se producen más casos de pederastia es en el colectivo católico. Vi el otro día en televisión que hasta el número tres del Vaticano está acusado de pederastia por jueces australianos. Y una información más reciente dice que en Alemania el abogado Ulrich Weber inició una investigación contra más de cuarenta sacerdotes y maestros implicados en un trato vejatorio y abuso sexual a 547 niños de la escuela del coro de la catedral de Ratisbona, con el agravante de que el responsable de esta escuela era Georg Ratzinger, hermano del papa emérito Benedicto XVI. El caso no llegará a los tribunales por haber prescrito, pero la iglesia católica ya ha admitido los hechos, ha pedido perdón y ha compensado a las víctimas con cantidades que van desde los 5.000 a los 20.000 €. ¡Qué vergüenza! Hay demasiados casos de católicos rematados que de un modo u otro han rozado la perversión degenerada de la pedofilia. Y no voy a hablar aquí de dos docentes (Uno sacerdote y otro maestro) que me tocaron cuando yo era un niño de doce años. Lo de Álvaro Gijón no es tan grave, su animal andaba demasiado suelto, presuntamente, porque creo que todavía no hay sentencias firmes. No obstante, y volviendo a Freud, si los curas católicos pudieran escapar de sus estúpidos votos de castidad no tendrían tantos casos de perversión. Entre los que han hecho estos absurdos votos contra su propia naturaleza hay un porcentaje demasiado alto de pervertidos. Parece ser que ni siquiera los eunucos o los castrados por la química son de fiar, luego podemos deducir que los votos de castidad son más débiles que estas intervenciones y, en demasiados casos, no pueden frenar la concupiscencia.

Sigmund Freud, con palabras que inventó él mismo y que he traducido a un lenguaje común, dijo a los políticos, a los miembros de la iglesia católica y a todos los hombres y mujeres del mundo que cuanto más estrangulemos al animal que llevamos dentro más riesgo corremos de caer en las terribles fauces de la neurosis y si lo dejamos demasiado suelto corremos el peligro de acabar entre rejas. Así que, según Freud, el equilibrio consistiría en tranquilizar nuestra naturaleza más íntima (el animal) sin atropellar a nuestro Yo social, de esta manera nuestra conciencia estaría más relajada. Por eso quemaban sus libros y lo acusaban de pansexualismo.


viernes, 9 de junio de 2017

DECÁLOGO PARA MIS HIJOS

Hace muchos años leí algo parecido en la revista Reader´s Digest. Y ahora yo escribo un decálogo para mis hijos con la intención de que estas letras tengan una vida más larga que la mía. En este mundo cibernético las letras no se gastan como en el papel y todo lo que se escribe queda para siempre. Ahora ya no ocurrirá como con los manuscritos del Mar Muerto, la vejez no quitará lustre a lo escrito, serán los mismos escritos los que se convertirán en sensibilidad y poesía o en basura espacial. Si alguno de los diez postulados coincide con lo que ya está escrito, ruego que no se me acuse de plagio, será debido a la poca eficacia de mi memoria. 


1.- Si no vives con tu madre, llámala de vez en cuando; aunque sea sólo para saludarla.

2.- No gastes más dinero del que ganas. Y destina siempre un veinte por ciento al ahorro.

3.- Antes de gastar o invertir un euro, piénsalo dos veces. Te vendrá bien y te darás cuenta de que a veces el impulso nos hace equivocar con estas cosas.

4.- Siempre vale más callar y marcharse antes que entrar en una discusión o pelea. Las discusiones y las peleas son inútiles y no conducen a nada positivo, más bien crean enemigos por estupideces. No vale la pena.

5.- Sonríe y sé amable con la gente. Procura decir: “Yo” lo menos posible cuando hables. Con el tiempo eso da ventajas.

6.- No confíes tus secretos a nadie, si lo haces tarde o temprano te traicionarán. Es mucho más ventajoso escuchar que hablar.

7.- No pongas nunca en riesgo a tu familia con inversiones de riesgo, peleas, incumplimiento de las leyes, inseguridad al volante por alcohol o cualquier otra cosa que pueda perturbar tu vida, tus hijos no lo entenderían.

8.- Ve la médico y al odontólogo por lo menos una vez al año.

9.- No mientas ni engañes a nadie. Las mentiras siempre acaban volviéndose contra quien las profiere, y el engaño a menudo perjudica más al que engaña que al engañado.


10.- No presumas de lo que tienes o de lo que haces. 

sábado, 27 de mayo de 2017

ESTUPIDEZ IMPERIAL







Se puede bromear sobre su estupidez y analizar las caricaturescas maneras de actuar de los tres personajes reales que provocaron la destrucción de Europa en 1914, pero más que eso dan ganas de llorar. Francisco José, gran rey del imperio Autrohúngaro había reinado sobre estos vastos teritorios durante unos sesenta años manteniendo, de cara al exterior, la romántica imagen de su romance y boda con la bella y malograda Sissí. El mundo estaba cambiando y Francisco José, rodeado de arrogantes generales, no se enteraba de nada. El proletariado comenzaba a secarse las babas ante las imágenes de la realeza y a pedir un poco más de comida, y el emperador no entendía nada de eso. A principios del siglo XX Europa ya llevaba casi cincuenta años de paz, las terrazas de París se llenaban de gente bien vestida y las calles de Viena abrían teatros, bibliotecas y cafés. Francisco José había envejecido y tras la misteriosa muerte de su hijo Rodolfo, nombró sucesor a su sobrino Francisco Fernando.

En 1908 el Imperio Austrohúngaro se anexionó Bosnia, lo que provocó un inmenso rencor en Serbia, país que aspiraba a ser La Gran Serbia. Y así se planificó el asesinato del heredero al trono del imperio Austrohúngaro: Francisco Fernando. El heredero y su esposa visitaron Sarajevo, capital de Bosnia, y allí sufrieron un atentado del que salieron ilesos, luego, en lugar de protegerse, los muy listos se fueron al ayuntamiento a protestar y fue allí donde les esperaba el radical bosnio Gavrilo Princip con una pistola proporcionada por los serbios, los asesinó. Este asesinato fue la ignición de todo el desastre mundial. Francisco Fernando tenía intención de cambiar las estructuras políticas del imperio. En sus intervenciones como heredero mostraba intenciones de mantener una política exterior pacífica, y fue él quien evitó la participación del Imperio en las guerras de los Balcanes de 1912 y 1913. Tal era la diferencia de criterios entre el viejo emperador y su heredero, que cuando el primero se enteró, en una cacería, del asesinato de su sobrino, dijo que la providencia había resuelto lo que él no había podido resolver. Ni siquiera asistió a su entierro.

El Imperio notificó a Serbia su deseo de entrar en el país para investigar el asesinato del heredero, Serbia se negó y el Imperio le declaró la guerra. Y aquí tenemos el inicio de toda la brutalidad que costó unos diez millones de muertos y veinte millones de heridos y lisiados. Serbia era un país pequeño protegido por acuerdos militares con Rusia. El Imperio bombardeó Belgrado y Rusia envió las tropas a su frontera.

El Káiser Guillermo II estaba histérico viendo que Inglaterra y Francia poseían más colonias que él, y, además, sabía de la existencia de tratados militares con Rusia, mientras él sólo se llevaba bien con el Imperio. Viendo las tropas rusas tan cerca exigió a su primo el Zar Nicolás II que se retirara de sus fronteras, el Zar no le hizo caso y Guillermo II declaró la guerra a todos los aliados. El presidente de Francia, Poincaré, había visitado Rusia muy recientemente y le había dicho al Zar que ese lío de los Balcanes se tenía que quedar en Serbia porque de lo contrario, con todos los acuerdos militares (Francia era también aliada de Inglaterra y Rusia), eso podría acabar con Europa. Así que el viejo emperador Francisco José, el Zar y su primo el Káiser fueron los tres nefastos y podridos cerebros que provocaron la destrucción de Europa.

El general alemán Ludendorff, muy hábil, facilitó el regreso a Rusia de Lenin, revolucionario ruso exiliado en Suiza, a efectos de montarles un tremendo lío que los hiciera retirar de la guerra, y lo consiguió; aunque después del derrocamiento del Zar, el presidente ruso Kerensky quiso mantener los acuerdos militares y continuó con la guerra contra Alemania hasta que Lenin lo derrocó. Luego Lenin obtuvo la paz con Alemania transiguiendo en todo. Alemania ya pudo enviar a todos sus ejércitos a los frentes occidentales. Lanzó sus submarinos al mar a la caza de buques de suministros y hundieron al trasatlántico británico Lusitania y a muchos buques estadounidenses que llevaban provisiones y armas a Inglaterra. Y así tenemos a dos primos en guerra y al tercero ya derrocado: Jorge V, Guillermo II y Nicolás II. Los bolcheviques no tardaron en asesinar al Zar y a toda su familia

Las trincheras europeas de la primera guerra mundial son uno de los espectáculos más abominables de la historia humana, sangre y pedazos de cadáver devorados por ratas y perros por todas partes. En pueblos y ciudades los alemanes violaban a las mujeres francesas, les cortaban los senos y también cortaban las manos a los niños. No sé si es cierto, pero sí sé que está escrito por ahí.

Los aliados, incluso Estados Unidos, en Europa y en territorios de África y Asia, desmembraron el imperio Austrohúngaro y derrotaron a Alemania, a quien impusieron unas condiciones que el país no toleraba y lo llenaba de rabia, esa rabia germinó un odio que, unos diez años después, Adolf Hitler comenzó a sacar provecho para acabar llevando a los alemanes a destruir Europa por segunda vez y a quedar de nuevo humillados. No habrá una tercera vez, a Alemania le costó aprender a comportarse, pero por fin lo consiguió.



lunes, 15 de mayo de 2017

AUTODIDACTAS






AUTODIDACTAS

Yo creo que es mejor ir a la universidad, y así he conseguido que mis hijos tengan un título universitario, bueno lo han conseguido ellos, yo sólo puse las conversaciones, el empeño y los medios necesarios. El mayor es licenciado en Derecho y el menor es diplomado en Ciencias Empresariales. Los estudios son una base que ayuda a abrirse un camino profesional; pero por otra parte son una disciplina que obliga a trabajar las letras o las ciencias, y esa obligación nos lleva a esforzarnos para aprobar los exámenes y obtener un título oficial. Se obtiene también el conocimiento y, por decirlo de alguna manera, el desperezamiento de las neuronas. Los estudios obligan a trabajar al cerebro y a quitarle la pereza, luego, supuestamente, la persona que ha estudiado tiene más capacidad para comprender las cosas. Pero no todas las personas son iguales: los que han estudiado y se han esforzado mucho para ser médicos, abogados, economistas, ingenieros etc. no significa que entiendan cosas que no pertenecen a su ámbito de estudio, y es una pena. Muchos profesionales importantes se centraron tanto en su profesión que perdieron el interés por otras cosas de la cultura, la historia y la ética. Imagino que hay muchas excepciones, una de ellas es mi amigo Vicente Carles, quien, siendo arquitecto técnico, escribió en mi Blog una disertación sobre literatura que me encantó. Aquí dejo mi admiración por Vicente y el recuerdo de unos tiempos vividos en Valencia, y el recuerdo también de los paseos desde su oficina al estanco de la calle Artes Gráficas para comprar un paquete de tabaco. Otra excepción es el prolífico Isaac Asimov. La famosa frase que he puesto en el encabezamiento viene dada por ser él autodidacta como escritor. Los estudios que le dieron capacidad para escribir novelas de éxito fueron autodidactas porque su formación universitaria era de Química. El conocimiento no se obtiene solamente en la monotonía del estudio, hay un complemento muy importante, se trata del interés que tenga uno en la materia que está estudiando. Cuánto más nos guste lo que estamos estudiando mejor lo entenderemos y mayor será nuestro éxito profesional en la rama a que nos dediquemos. Me remito a Emilio, título de un voluminoso libro sobre la educación que escribió Jean Jacques Rouseau, y, sin que él fuera un ejemplo de educador (abandonó a sus hijos), plasmó unas teorías que hoy en día en Occidente se consideran el primer tratado sobre filosofía de la educación. Aunque de Rouseau a mí lo que más me gustó fue su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y el contrato social. 


Todo eso que acabo de escribir es lo normal, lo que popularmente se sabe. Pero hay otras cuestiones, hay que preguntarse cómo es posible que uno de los grandes genios de la literatura universal fuera autodidacta. Cervantes no fue a la universidad. La de su ciudad, Alcalá de Henares, la había fundado el cardenal Cisneros un siglo antes. Cervantes fue capaz de escribir la obra literaria por antonomasia. Y ya entrando en lo contemporáneo tenemos al Nobel Saramago cuyos estudios fueron de formación profesional: Cerrajería. Después tenemos a García Márquez, a Jorge Luis Borges y muchos otros ilustres sin título universitario. En el cine tenemos a Woody Allen, Stanley Kubrick o Tarantino que tampoco fueron a la universidad.

En la ciencia tenemos a los más antiguos como Arquímedes, Da Vinci y Pitágoras, entre otros. Arquímedes: está entre los más sabios de la antigüedad, además de su famoso principio sobre la flotación, inventó la polea compuesta que permite multiplicar exponencialmente la fuerza, inventó el tornillo para subir agua que se usa actualmente incluso en quirófanos, y pienso que fue la base que sirvió para construir las electrobombas de líquidos actuales. Arquímedes también inventó los espejos orientados al sol para que su reflejo quemara las naves enemigas. Él dio una aproximación muy precisa del número PI, pero lo hacía generando polígonos dentro de una circunferencia. Hasta que llegó la era de los ordenadores no se supo que la cantidad de decimales que este número irracional podía contener era de miles de millones. Da Vinci fue polímata. En el siglo XV ya dibujó submarinos, elicópteros, tanques y coches; y es considerado uno de las más grandes pintores de la historia. Pitágoras: En la construcción y la industria se genera una perpendicular a partir de su teorema que, según parece, no lo descubrió él. Hay cierto misticismo y desconocimiento sobre este genio. Pero sí parece que una parte de las matemáticas y de la música avanzaron a partir de sus enunciados. En su escuela filosófica se partía de la base de que la realidad más profunda es de naturaleza matemática. Sobre eso creo que todavía no se le puede oponer ninguna tesis.

En el siglo XX tenemos a Nicola Tesla, un científico inquietante. Gracias al él tenemos los mandos a distancia y los teléfonos móviles. Él determinó que la electricidad se debía distribuir en corriente alterna en contra de la creencia de Edison, quien se equivocó al estar convencido de que la corriente debía distribuirse continua. Tesla creía que la electricidad podía estar en el aire y ser gratuita y que no hacían  falta cables para distribuirla, que podía captarse igual como ahora captamos las ondas de radio y de televisión. También diseñó el rayo de la muerte del que ahora nos queda el láser. Por eso, tal vez, la ortodoxia lo trató de científico loco. Pero la brillantez intelectual de Tesla no es sólo eso: casi toda la ciencia del electromagnetismo descubierta por Faraday y Maxwell la desarrolló Tesla, quien, sin tener un título de ingeniero, ha resultado ser uno de los ingenieros eléctricos y mecánicos más importantes de la historia. Dodge y Ford, cuyos coches supongo que existirán siempre, fueron autodidactas. Y de los recientes más destacados: Bill Gates, Mark Zukerberg y Steve Jobs no hace falta decir nada, sólo que ninguno de ellos obtuvo título universitario.

No puedo terminar un artículo sobre autodidactas sin referirme al matemático indio Ramanujan, su sabiduría puede hacernos creer en la ciencia ficción, o tal vez nos pueda llevar a pensar que existe la palingenesia. Ramanujan no estudió más que lo básico del colegio, por lo que su inteligencia podría ser de origen epígono, como si él se hubiera regenerado durante miles de vidas dedicadas a las matemáticas. Durante su estancia en Londres se puso de manifiesto que él iba muy por delante de los más brillantes matemáticos de la época y, a regañadientes, la flema británica lo tuvo que nombrar miembro de la Royal Society en el convulso año 1918.

La lista de genios autodidactas desde la antigüedad hasta nuestros días es interminable. Pero esto no significa que todos los autodidactas sean genios. Por ejemplo: yo soy autodidacta, estudié Ingeniería Industrial, Historia y Filosofía y no soy un genio. Y tampoco significa que los que no son autodidactas sean geniales, hay mucha gente con título universitario que no destaca, precisamente, por su brillantez intelectual.


lunes, 10 de abril de 2017

VALENCIA Y LAS FALLAS







Existen datos sobre la fecha del inicio de esta tradición: a finales del siglo XIX, pero hay quien dice que es una tradición mucho más antigua. Según parece se originó para dar la bienvenida a la primavera quemando trastos viejos y virutas en el gremio de los carpinteros. Un mallorquín en Valencia no siente ese cosquilleo casi orgásmico que alborota a los valencianos ante los tremendos pertardazos de las ”Mascletá”, el olor a pólvora y las satíricas perspectivas de las efímeras construcciones.

El Castillo, llaman así a la explosión del cielo. La luz de colores revienta la oscuridad de la noche y la gente, apretujada como sardinas en todas las calles, exclama: ¡Ohhhhh! Este año lo pasé mal porque cuando uno lleva ya casi cuatro horas de pie sin que haya ni una acera ni medio metro cuadrado de asfalto libre donde sentarse se nota cierta inquietud. Pero sí, es una fiesta explosiva en la que uno acaba con los oídos doloridos de tanto estruendo y con los pies destrozados de tanto caminar. Sólo vimos unas diez fallas de las setecientas y pico que plantan en la ciudad de Valencia, eso nos da una idea del tamaño de la celebración. Durante los siete años que viví en Valencia quien peor lo pasó fue mi perrito Mico; los petardos, que se oyen por todas partes, lo atormentaban, se escondía debajo de las camas temblando. Creo que murió de miedo.

La parte más entrañable de las fallas fue la compañía de mi querido amigo Josemari y de su mujer, Fátima. Recordé aquellos años en que los vecinos íbamos a cenar y de copas todos los viernes, y los domingos quedábamos citados para hacer paellas. En la urbanización Mas Camarena, donde yo viví, los vecinos nos visitábamos constantemente para probar una cerveza o un licor, para ir a comprar flores en primavera o para contar el último chiste. A mí, que soy un cocinero mediocre, me tocaba hacer arroz brut. Sí, el contrateste del carácter valenciano con el mallorquín es abrumador; el mallorquín, fuera de su reducido círculo, es hermético. No obstante, en cualquier lugar conocido, los casos en los que se supone un alto nivel académico o económico a menudo muestran un acentuado hieratismo, una solemnidad que marca distancias y alimenta las estúpidas vanidades que pululan por todas las calles del mundo. En Valencia ocurre lo mismo que en todas partes en este sentido, pero allí todo es más abierto y también más tenso y más veloz. En Mallorca estamos más relajados.

Ya en Campanet, un vecino entrañable intentó organizar una cena con unos cuantos vecinos del final de mi calle y fracasó. Esa iniciativa demuestra que no se puede generalizar en nada. Tampoco se puede decir que todos somos de una manera o de otra porque ya se sabe que las excepciones confirman las reglas.


En Valencia, generalmente, los divorcios no separan a los amigos. Mi amigo Josemari, que se ha vuelto a casar, sigue con los mismos amigos, las mismas cenas y las mismas paellas, y mis amigos mallorquines de toda la vida, desde que me he vuelto a casar ya no me invitan, y cuando lo hacen es porque son comidas sólo de hombres. Hay quien dice que soy un mallorquín Light. Yo no lo sé, pero lo que sí es cierto es que conozco un poco nuestro país, trabajé dos años en Madrid mientras vivía en Valencia y me estaba dando cuenta de que sí somos cerrados los mallorquines, pero yo no me siento cómodo fuera de Mallorca. En la península no saben hacer pa amb oli ni frit de porc, el pan es raro y no se respira ese aire sosegado de Mallorca. He vuelto a la casa donde nací y no deseo irme nunca más, aunque creo que a partir de ahora iré todos los años a las Fallas de Valencia. Allí, la nostalgia de aquellos tiempos en los que el siglo pasado agonizaba y la nostalgia por aquellos amigos a veces me humedece los pensamientos, y es sólo porque añoro el compañerismo y las fiestas, añoro las noches de conversaciones destrabadas en presencia de las esposas y añoro la ausencia de conductas fingidas. Sin embargo, fue allí donde terminé mi novela MARÍA LEÓN, en cuya solapa escribí que se trataba de una conclusión novelada de mis pensamientos que podían englobarse en unas palabras pronunciadas por Saramago y referidas a Kafka: “La visión de un mundo agonizando por el absurdo”.

miércoles, 11 de enero de 2017

EL VELLO PÚBICO




María Rosaria Omaggio, la lozana andaluza.
Yo nací en medio de la década de los años cincuenta. Una época gobernada por la hipocresía, una falsedad de la que no era el único responsable el jefe del Estado Español, también lo era la iglesia católica y los circunstantes de ambos: gozaban de unos tentáculos violentos que imponían sus absurdos criterios hasta en los colegios de los más pequeños. Todo era pecado. Las áreas erógenas de la anatomía humana eran territorios secretos y pecaminosos; por eso, en aquellos tiempos era impensable actuación alguna, bien consistiera en rasurar la zona púbica o en instalar argollas metálicas en esos lugares tan delicados. Era pecado también el onanismo, que, según decían, debilitaba los huesos y provocaba la pérdida de agudeza visual. La libertad actual permite a cualquier persona todo tipo de intervenciones. Y la más usual es el rasurado genital femenino. Aunque también, además, hay quien se hace dibujar tatuajes de demonios, flores, mariposas, sílfides o corazones atravesados por una flecha. Yo me apunto directamente y sin condición alguna a la libertad, pero añoro la belleza natural de antaño. Tal vez se quedara instalada en mi memoria la imagen de María Rosaria Omaggio, desnuda, cuando se duchaba, en aquella película titulada “La Lozana Andaluza”. Recuerdo las dos prominencias mamarias y el triangulito de vello de la bellísima actriz italiana. Las tres cosas constituían los vértices de un triángulo isósceles cuyo ángulo desigual era la parte superior de la vulva femenina. Ahora ya han quedado obsoletos los triángulos: ya no los hay. La zona púbica se ha convertido en una prolongación del resto de la superficie cutánea que carece de distintivos naturales. Parece —en el caso de las mujeres— como si no hubiera nada. He consultado con algunas amistades: hay gente a la que le parece de mal gusto que las mujeres se rasuren esa zona, en cambio otras personas dicen que el rasurado mejora la higiene, y a mí me parece ridículo este argumento porque cuando hay agua y jabón todos los días, no importa que haya vello o no.


Según parece la opinión en un sentido u otro depende de la edad, los más jóvenes se inclinan por el rasurado y los mayores prefieren que las cosas continúen como siempre han estado. Y así de un tiempo a esta parte se ha adoptado una palabra inglesa: “vintage” (que significa vendimia) para referirse a todo lo pasado de moda: coches, vello púbico, canciones, etc. En fin, que cuando uno llega a mi edad ya tiene la impresión de estar pasado de moda; pero no es sólo una impresión, es que a los sesenta ya estamos pasados de moda de verdad. Nos queda la nostalgia del vello púbico, que tanto embellecía la desnudez femenina, y de la música “vintage” de Bee Gees, Dire Streets, Neil Diamond, Kansas, Simon & Garfunkel, Rolling Stones. Y ya también de los magníficos Guns & Roses, Roxette, Blondies, etc.

martes, 20 de septiembre de 2016

FLORES PARA LOS MUERTOS







Los crisantemos existen para colorear el otoño de los muertos porque esperan a que languidezca el mes de octubre para florecer. Mi madre los regaba todo el verano, y el día primero de noviembre cortaba sus flores y, junto con hojas de palmera y otras plantas, hacía varios ramos floridos para llevarlos al túmulo donde están los restos de mi padre, de sus hermanos y de otros seres queridos. Mi madre también murió y ahora ya nadie planta crisantemos en mi casa. Decimos los restos porque nos han enseñado que hay algo tras la muerte, y yo entiendo que resulta arrogante y pretenciosa esta afirmación porque no se puede demostrar su veracidad, más bien la ciencia parece sospechar que no hay nada después de la muerte, pero no lo afirma ni lo niega. Una postura seria es la que no afirma ni niega ni cree cosas que no se saben.

Este día y estas flores muerden nuestra memoria para avivar el recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, y saltan algunas lágrimas todos los años, inevitables para mí. En el cementerio se puede observar la nostalgia de la gente y sus lágrimas, unas viejas y otras nuevas más dolorosas. Sospecho que esta tristeza no se produce sólo por la añoranza de los muertos, creo que también sobreviene porque hay una parte de nuestra conciencia que nos recuerda que algún día, inevitablemente, moriremos. Esto sí es cierto. Es una de las pocas sentencias sobre las que se puede afirmar que son ciertas dentro de nuestra quebradiza realidad, una realidad sobre la que, según parece, ningún otro animal es consciente. Mis dos perritas no saben que algún día o alguna noche morirán, nosotros sí lo sabemos. Alguien dijo hace poco que la muerte inventó el tiempo para poder seguir matando, porque sin el tiempo no moriríamos, es el tiempo el que nos mata.


El calendario coloca el recuerdo de los muertos en otoño. Y así el otoño y los muertos se convierten en una metáfora ontológica del atardecer del día, de las semanas, de los meses, de los años y de la vida animal. La vida vegetal parece que también va a morir, pero no es cierto, sólo se les caen las hojas a muchos árboles para solidarizarse con la tristeza ambiental. Los pecíolos dejan de nutrir las hojas para que se mueran y vuelen hasta el suelo como en un suicidio colectivo de pájaros. Estas hojas se mimetizan y adoptan el color de la tierra, se funden con ella y entran en el territorio infinito de la muerte sobre cuyos gusanos nace una incipiente hierba que va matando el tono pardo de los campos. Por la mañana veo que también va muriendo lentamente la neblina misteriosa de la noche. No siento frío ni calor, sólo siento que la monotonía del otoño me invita a escuchar canciones que me aten a este pesimismo estacional, como Una balada de otoño, de Serrat, por ejemplo. Escucho a Serrat mientras mi mujer sonríe a mi lado, aunque estemos en otoño. https://youtu.be/5v66eaBzJmA



sábado, 23 de abril de 2016

LITERATURA



¿Qué es la literatura? He leído por ahí que la literatura es un término que proviene del latín Litterae y que se refiere a la acumulación de conocimientos que permiten leer y escribir correctamente, pero el significado es mucho más amplio. Antiguamente estaba dividido básicamente en tres géneros: lírico, épico y dramático; pero los escritores tendemos a desafiar lo establecido. El escritor peruano Santiago Roncagliolo dijo que la literatura debe hablar de lo que nadie quiere. Recuerdo que Unamuno dijo que lo que acababa de escribir no era una novela y determinó que su novela Niebla era una Nivola, ¡vaya tontería! De esta novela recuerdo que la leí en plena canícula y que el protagonista miró fijamente la cama donde iba a dormir con su futura esposa y pensó: Misteriosos efluvios han de unir los dos cerebros. Ahora ya no hablaríamos de efluvios sino de unir o separar los pensamientos más íntimos en función de la afinidad sexual existente, que, según parece, es el motivo de que más de la mitad de matrimonios acaben en divorcio. Algo falla. (Mi hijo Roberto es Procurador de los Tribunales y tramita más de veinte divorcios cada mes.) 

García Márquez inventó un personaje, Melquíades, que tenía las manos de gorrión, estuvo doscientos años muerto y se cansó de estar muerto y volvió al pueblo, genial. En mi novela María León la protagonista recuerda haber vivido miles y miles de vidas y las recuerda todas, desde que era un mono y saltaba de un árbol a otro. En la primera vida fue macho y en la siguiente hembra y así sucesivamente. Esa novela no es otra cosa que un ensayo sobre el amor y la maldad. Una novela puede ser un ensayo, me remito a la novela Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, que perturbó mis horas de sueño hasta que la acabé de leer. Así que para englobar toda la literatura dentro de los tres primeros géneros habría que crear muchos sub-géneros porque El Quijote, por ejemplo, podría estar dentro del género épico pero es mucho más que eso. Cervantes es, sin duda, el padre de la literatura universal. La literatura nos da libertad a los escritores para distorsionar la realidad, igual como la distorsiona la física cuántica que escupe relajadamente a la actual lógica humana. Y así tenemos una clara similitud entre la física cuántica y la literatura: ambas pueden transformar la realidad, embellecerla, ensuciarla, romperla, hacerla saltar por los aires... No sé quién definió la literatura así: La literatura es el arte que utiliza la palabra como instrumento. También cabe señalar que un buen literato no tiene que ser listo necesariamente, puede ser tonto, como fue el caso de Juan Ramón Jiménez; lo digo porque en un libro suyo se atrevió a escribir que él era el mejor del mundo, que nadie se acercaba a su nivel. Una especie de Cristiano Ronaldo. Después admitió que sólo un francés, un tal Baudelaire, se le estaba acercando. Me viene a la memoria Hermann Hesse, un autodidacta devorador de bibliotecas, Nobel de literatura y uno de los escritores más influyentes del siglo XX, recuerdo una página de El lobo estepario que empieza así: "Ahora sólo para locos: ..." 

Los rusos: yo sólo conozco a tres: Tolstoi, Dostoievski y la rusa afincada en Nueva York Ayn Rand. Rand estableció un sistema filosófico idílico para la vida humana, pero utópico porque no llegamos a tal perfección. Pensaba que nadie tiene derecho a aprovecharse de los demás en beneficio propio, rechazaba el comunismo y la religión, tal vez porque fue testigo de cómo los comunistas rusos en el poder asesinaban a cualquiera que quisiera razonar, pensaba que sólo el capitalismo permite a un individuo razonar por sí mismo. El tiempo ha demostrado que Rand tenía razón porque el capitalismo moderado o no tan moderado es el sistema político adoptado en los países occidentales, y sigue siendo capitalismo gobierne la izquierda o la derecha. Atrás quedaron los extremismos de derechas y de izquierdas, aunque intenten sacar cabeza por ahí. En España tenemos al extremista-comunista Pablo Iglesias y en Francia tenemos a la sucesora de Le Penn, su hija. Alguna contradicción se puede vislumbrar en los pensamientos de Rand, pero yo he profundizado en su filosofía y la entiendo en el contexto en el que fue creada. También leí Aleksandr Solzhenitsyn, pero me causó cierta claustrofobia porque entonces yo era Cabo de Artillería allá en el año 1975. Cuando murió el dictador-generalísimo que nos tenían encerrados en el cuartel como los pobres moradores del archipiélago Gulag, sin afiladas concertinas metálicas, pero encerrados. Los rusos crearon inmensas novelas bellísimas pero sin el realismo mágico de Cervantes o de García Márquez. 

Y para terminar con este artículo sobre la literatura, referirme sólo a un comentario de William S. Maugham: adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida. En la novela El filo de la navaja, Maugham se metió él mismo con su propio nombre, como uno de los personajes de la trama, fue curioso; no sé de nadie más que lo haya hecho. Aunque sé que todos los escritores dejamos pedacitos de nuestra propia alma en todo lo que escribimos. 

sábado, 16 de abril de 2016

MANOS SUCIAS, UN DISCURSO POLÍTICO


Uno se queda perplejo y mareado con las noticias, llegan a nuestros sentidos como el zumbido de una avispa impertinente que de una manera u otra sabemos que nos está dañando. Resulta que el sindicato, o lo que sea, Manos limpias, tiene las manos bien sucias. Y, además, en la asociación de usuarios de la banca también hay detenidos por extorsión. Lo que ocurre es un desastre intolerable. Según parece, hay asociaciones que tienen unos presidentes, secretarios, vocales, etc. que buscan lucro o fama a costa de lo que sea, abusando de la confianza de la gente. Dirigentes de sindicatos y políticos de Andalucía se han enriquecido con fondos de formación que han ido a parar a sus bolsillos, demasiados miembros del Partido Popular se han enriquecido actuando fuera de la Ley y de la ética. 

Vemos que existen asociaciones políticas, religiosas, benéficas, etc. que no son otra cosa que asociaciones de malhechores (Que me disculpen las excepciones). Y ahora, además, tenemos a los que se aprovechan del movimiento 15 M, el movimiento limpio y honesto de los que están hartos del expolio generalizado por parte de políticos y bancos. Se trata de unos listos que aprovecharon este movimiento con intenciones de retomar la conducta de los cerdos de Orwell. Estos listos se erigieron en un partido político llamado Podemos y se situaron a la izquierda, como no podía ser de otra manera, en el comunismo duro, para la defensa de los más vulnerables ante el corrupto poder político y económico. Y ahora Podemos se aprovecha de la falta de conciencia histórica de una parte de la población. 

En el siglo XX los comunistas derramaron más sangre que nadie; sí, el comunismo ha sido el defensor de los trabajadores asesinando a todos los que no estaban de acuerdo con su despotismo (Mao, Stalin, Kim Il Sung, Pol Pot, Castro, etc), aunque el partido comunista de España ya está civilizado, da pasos inciertos dentro de su modestia, y relanpaguea posturas demagógicas para que las escuche la buena gente que los vota. Garzón es ingenuo o demasiado listo, no lo sé, y se le nota cuando habla; es un individuo que, gracias a su oratoria, ha encontrado una vía para sentirse fuera de la mediocridad intelectual a la que está atado. 

El comunista Stalin mató casi a la mitad de ciudadanos de su inmenso país, Mao, Pol Pot y sus Jemeres Rojos hicieron lo mismo. Todos los que no estaban de acuerdo al paredón. Tenemos necesidad de conocer la historia, de leer a George Orwell, en su rebelión en la granja, por ejemplo. Allí los cerdos se rebelaron contra los dueños de la granja, los mataron y se colocaron ellos mismos como Politburó para defender a los indefensos, y así los cerdos en el poder comenzaron a matar a todo aquel que abriera la boca ante la injusticia que contemplaban: esos cerdos, ídolos de la revolución comunista, comían los mejores manjares y ocupaban los más lujosos aposentos, mientras los demás pasaban hambre y dormían en chozas. El que no estuviera de acuerdo al paredón. Eso parece que pretende el partido político comunista Podemos, que comenzó la andadura nutriendo sus arcas impunemente con dinero que roban al pueblo las dictaduras de Irán y Venezuela (países donde los ciudadanos pasan hambre). En Podemos se utiliza una retórica que en la historia ha sido la de los asesinos, la misma retórica de los cerdos de Orwell, la misma retórica del comunista Fidel Castro, quien a fuerza de hacer pasar necesidades a su pueblo, según parece, es uno de los hombres más ricos del mundo. Se trata de la retórica que enlaza una palabra con otra con energía, con ímpetu: una elocuencia contundente que utiliza Pablo Iglesias. Nos engañan. Es también la misma retórica de Hitler que enardecía al pueblo y lo enfurecía contra el poder establecido y legítimo para derrumbarlo y así poder tomar ellos el poder y matar a todo aquel que no estuviera de acuerdo. El pueblo teutón se convirtió en una masa que levantaba los brazos y gritaba, una masa gregaria estúpida que no se daba cuenta de la trampa. Después sí, después se dieron cuenta de la barbaridad que habían cometido (era demasiado tarde), cuando sus casas estaban en ruinas y sus hombres muertos en las cunetas y en los verdes campos europeos. No sé si se curará alguna vez la maldita herencia o siempre estará en la conciencia de los alemanes la estupidez y el fanatismo de sus antepasados.

En Venezuela, Chávez adoptó la estrategia de Hitler con modales bananeros y payasadas, una estrategia destinada a obtener votos, engañando y disfrazando de benevolencia su maldad.  Por eso yo, desde mis letras, lanzo una alarma: leed la historia y veréis cómo siempre se repite, siempre se repite. Así que hay que cortar las alas a los nuevos dictadores, sean de izquierda o de derecha. La historia nos enseña cómo se presentan ante el pueblo, se ha repetido demasiadas veces esta historia. Ya conocemos su histrionismo y su disfraz benefactor, por eso no podemos permitir que nos dejen lisiados a todos. España ya ha tenido suficientes dictadores, no necesita más.

No nos engañemos, no hacemos ningún favor al país votando a Podemos. No nos engañemos, no nos hagamos más daño votando a una pandilla de fanáticos que se aprovechan de la brecha abierta en el pensamiento de la gente por esa maldita corrupción generalizada. Podemos no es la solución, la solución es la justicia y el Estado de Derecho, la solución es que entren en la cárcel los corruptos y que votemos por la unidad y la paz entre los españoles. El segundo de Podemos, Errejón, es una especie de loro que copia la férrea cantinela del jefe Iglesias. No seamos una masa estúpida como tantas que ha habido en la historia, demos un paso inteligente y votemos a los que son razonables.  

Creo que los partidos políticos son culpables de la corrupción. Para decir eso me remito a unas letras de Víctor Hugo: El culpable no es aquel que comete el delito sino quien instaura las condiciones para que éste sea cometido. A pesar de esto, los individuos corruptos van quedando fuera, dimiten, son o serán investigados, están o estarán en la cárcel. Los que queden serán más honestos que sus antecesores y así se irá depurando el sistema, pero no mucho porque las condiciones para cometer delitos siguen intactas, no se instauran auditorías férreas para controlar a los que tienen el poder de firmar cosas.

Rajoy no ha dado la talla como jefe de la derecha, Rajoy es un tecnócrata que se deja aconsejar por quien no debe. Y ¿qué pasa con la izquierda razonable? Pues que Pedro Sánchez se ha dejado comer demasiado terreno por los comunistas. Rivera parece impoluto. Pero no se ve nada claro y estable en el abigarrado horizonte de la política. Lo que interesa a la mayoría, la mayoría que según la Carta Magna ostenta el poder, lo que interesa a la Constitución española es que continúe la alternancia de poder que ha existido durante estos años de democracia, y que haya paz, trabajo y estabilidad. 

miércoles, 6 de abril de 2016

UNAS LETRAS PARA MI ESPOSA

Elfa

Pygmalión y Galatea

Soñé muchas veces en que tú, preciosa elfa, tal vez llegarías volando a mi lado, por eso te invoqué. Decidí hacerlo desplegando mis manos y vertiendo en ellas mi prosa más bella para ir soplando suavemente sobre las letras y esparcirlas en el aire por si, remotamente, el siseo llegara a tus sentidos.


Mi intención era la misma que la del rey de Chipre: Pigmalión. Pero yo no te esculpí sobre marfil, lo hice juntando pedazos de pensamientos para después moldearlos con un escoplo de bronce y pulirlos con un buril de oro. Cuando terminé, con gran pena, supe que ante mí tenía una escultura onírica y que no podría cobrar vida como ocurrió en el caso de Pigmalión: su impecable y nítida estatua de marfil se convirtió en una mujer bellísima: Galatea. Mi sueño sólo cobraría vida con tu presencia real, y así ocurrió: una fría mañana de febrero llegaste volando a mis brazos, despojada ya de tus alas de las que sólo te quedaban los omóplatos y, sin que dejaras de ser una elfa con los ojos de hurí, tus orejas se fueron redondeando para que pudieras mimetizarte entre las demás mujeres. Tu llegada inundó de colores vivos el entorno. Una alegría hilarante se apoderó del aire que respirábamos. Los pájaros lo recuerdan y, a pesar de los años que llevas a mi lado, todavía cantan. Es la sabiduría de los bosques encantados y de sus cristalinas aguas lo que te hace volar sin alas, lo que te hace sonreír donde los demás lloran, lo que perfuma la brisa que te rodea. Somos los humanos los que contaminamos la belleza, preciosa elfa; pero yo te encontré cuando todavía tenías alas y te acompañaban las mariposas volando a tu lado. Te encontré cuando la contaminación no había dejado ni una sola mancha de brea en tu piel ni en tus pensamientos más traviesos, cuando el egoísmo y la hipocresía no habían tocado tu alegría, y por eso yo continúo haciendo lo mismo que hacía tu mundo mágico: no permito ni permitiré que te roce la suciedad y siempre te amaré, preciosa elfa.  














domingo, 27 de marzo de 2016

TRES MUERTOS - POETAS


BAUDELAIRE - ALBERTI - MACHADO

Adoro a los poetas cuando sus metáforas deshielan los sentidos y nos trasladan a una lírica que vuela sobre el cemento de las ciudades, se arrastra en el subsuelo o se pasea como una mariposa sensible a la nastia de los campos floridos. Y me producen un efecto contrario cuando hacen aflorar la influencia metafísica de cuando estudiaban. El Ser no es nada, el Yo tampoco, y dios no existe. ¿Qué nos queda de la metafísica? cuando el núcleo de su existencia es una patraña. Sólo quedan, pues, los efluvios de estupidez de quienes se creen importantes, de quienes continúan pensando que hay alguien con una libreta de apuntes que toma nota de sus buenos actos y de sus pecados. No somos tan importantes. Sólo la conciencia queda afectada por nuestra conducta, y la conciencia humana sufre las consecuencias de la irracionalidad de los antepasados. ¿Qué ética hemos heredado de aquellos que siempre estaban en guerra? Prefiero responderme a mí mismo con una evasiva: son los poetas los que ponen alas a las palabras y hacen volar los corazones o llenan los ojos de tristeza cuando hablan de almas agrietadas o de rostros roídos por penas de amor (Baudelaire). Debió de ser enorme la empatía de Alberti cuando pensó en una paloma equivocada, en una paloma que creyó que tu corazón era su casa… y se equivocaba. Una extrema sensibilidad de Machado al ver suspiros de fuego en los maduros campos andaluces.




sábado, 26 de marzo de 2016

TRES MUERTOS - ESCRITORES





KAFKA - UMBRAL - MANN

En el pasado yo leí tres libros de Kafka, y desde entonces supe que algún día escribiría sobre él y su obra. Pero un tiempo después encontré un artículo de Francisco Umbral dedicado a Kafka y desistí, desistí porque yo habría querido decir lo mismo que dijo Umbral pero mi capacidad intelectual no daba para tanto.

En una ocasión Umbral llamó a Kafka “cara de cínife” y en este artículo lo llama “cara de ratón sentimental”.  Conozco gente que, sin haber leído a Kafka, sabe de esa angustia que nos trasmite “El Proceso”, “El Castillo” o “La Metamorfosis”. Luego la lectura no se convierte en un placer sino en una pesadilla sin fin, y si tiene fin entonces es un fin malo. Y de ahí llegué a la conclusión de que para entretenernos y disfrutar de una buena historia es mejor ir al cine o ver televisión. La buena literatura muchas veces marca a las personas y no precisamente con episodios idílicos con preciosos paisajes. La buena literatura, sencillamente, nos enseña a entender la vida, y cuando creemos que lo entendemos todo, entonces nos damos cuenta de que no entendemos nada. Y eso, precisamente, nos hace más tolerantes y hace también que nuestra arrogancia y nuestra soberbia se licúen y se vayan por las tuberías de las aguas fecales.
  
Saramago dijo que si no hubiera existido Kafka, él tampoco habría existido como escritor; y refiriéndose a Kafka dijo que tenía una visión del mundo agonizando por el absurdo. Si no hubiera existido Saramago, yo tampoco habría existido como escritor.

Otro caso, no tan angustioso, es Thomas Mann (Premio Nobel de literatura); él fue quien escribió “La Montaña Mágica”. Unas mil páginas que yo leí. Cuando terminé de leer esta novela me sentí aliviado pensando que jamás me había visto sumido en un tedio tan asfixiante y que ya me había liberado de él, pero el recuerdo de este libro me hizo sentir que yo estuve allí, enfermo, en aquel sanatorio, fascinado por una mujer: Clawdia Chauchat, que llevaba una falda azul y siempre daba portazos; y fascinado también por la melancolía del ingeniero Hans Castorp, por sus reflexiones y perspectivas previas a la primera guerra mundial. Hans había ido sólo a visitar a su primo Joachim y se quedó y acabó con fiebre como todos los demás.

 Francisco Umbral escribió esto:

“Sombrero de ala caída, llovida de varios cielos. Orejas de muerto enhiesto, de inteligencia cadáver. Volvemos a retomar así al profeta del siglo XX, ya superado, al que escribió en parábolas lo que iba a pasar y lo que estaba pasando. La parábola es un género más judío. La metáfora es un género más latino.

Kafka. El cuello y la corbata le sientan siempre como a un muerto. La metamorfosis. Millones de seres humanos se despiertan todos los días convertidos en araña, o lo que fuera aquel bicharraco. Lo que pasa es que no lo escriben, sino que se van a la oficina a cumplir. Y a lo largo del día, los números y el café negro les van devolviendo su humanidad arácnida. Pero si no fuesen arañas o cucarachas no soportarían el mal aliento del jefe, la paga/propina y el menstruo de la funcionaria. Dice la ciencia que el gato nos ve como gatos, y por eso nos tolera. La cucaracha humana también ve a los demás como cucarachas. De ahí nacen los buenos amigos, las fieles cucarachas. A Kafka le salva lo que le pierde: que cree en lo que ve. Y hasta lo escribe. Cara de ratón sentimental, de funcionario en paro. El proceso. Kafka, como todos los humanos, tiene una causa pendiente no sólo en el juzgado de dios sino en el juzgado del barrio. Nadie ha sabido nunca de qué se le acusa, porque en el juzgado sólo reside nuestra mala conciencia, que es una variante del miedo a la muerte.

El secreto de Kafka, lo que le hace grande y mínimo, es que la causa de la humanidad la considera sola y suya, íntima. Esto le hace gran escritor, pero le vuelve loco, o le ratifica como tal. Decía Goethe que “sólo entre todos los hombres se vive lo humano”. Bien, pues sólo entre todos los humanos se vive la culpa. Kafka quiere la culpa para él solo. Individualiza el terror de la administración, que es universal, con lo que se engrandece su caso y su prosa. Así, todo en Kafka responde a una fórmula parabólica. Pero su parábola no es deliberada, literaria, sino real, sentida, dolida, doliente, lo cual le legitima como escritor. Tiene el susto metafísico del que se ha dejado la casa cerrada con las llaves dentro. El Castillo. El Castillo es el padre, el Estado, lo que ustedes quieran. Kafka plasma la lucha del hombre contra las instituciones —El Castillo, El Proceso—, que fue la lucha ulisaica del siglo XX. Ulises había luchado contra los dioses. Kafka comprende que las instituciones no tienen otra fuerza y ventaja que el hermetismo. Hermetismo y una póliza. Por eso nunca sabremos nada. Kafka tiene una novia a la que no ama o a la que no goza. Su tragedia real es la impotencia, pero de eso no habla porque, como todos los profetas, es casto. Escribió cartas a Felice como para empapelar toda Praga. El amante epistolar es sospechoso. Tanta ortografía está ocultando algo, como en Flaubert. Los motivos de Kafka son los motivos del siglo XX. Y están pasando con el siglo. No creo que vuelvan a escribirse, en nuestro siglo XXI, novelas parabólicas. Ese género se ha quedado viejo hasta el evangelio.”




miércoles, 23 de marzo de 2016

DISCURSO SOBRE LA VERDAD

Ícaro murió por no hacer caso a su padre, Dédalo.

Tengo escrito que nuestra verdad está compuesta por pedacitos de experiencias y de tiempos, y por lo que nos han enseñado y hemos aprendido; todo ello conforma nuestra manera de ser. Es una verdad de cuya certeza no dudamos porque se trata de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que pensamos y de lo que decimos. Nuestra opinión se inclina hacia la derecha o hacia la izquierda de las cosas en función de esa verdad. Esa verdad es nuestro punto de vista, es también lo que llamamos nuestros principios, y también nuestras creencias. Cosas, todas ellas, que componen nuestro carácter. Una idiosincrasia con infinidad de matices que se hacen ostensibles constantemente en nuestro entorno. Y yo me pregunto: ¿Si toda esa verdad fuera una farsa, en qué nos convertiríamos? Y me respondo a mí mismo que si lo olvidáramos todo podríamos transformarnos en seres más sociables, menos hipócritas y más cercanos a nuestros semejantes. Pero resulta que mi pensamiento es una utopía fuera de tiempo y de lugar porque no somos capaces de entender, por ejemplo, lo que dijo el biólogo francés Jean Rostand: La verdad que yo venero es la modesta verdad de la ciencia, la verdad relativa, fragmentaria, provisional, siempre sujeta a corrección, a rectificación. Por el contrario, rechazo y detesto la verdad absoluta, la verdad con mayúsculas, que es la base de todos los sectarismos, de todos los fanatismos y de todos los crímenes. Recuerdo al cómico Groucho Marx y una de sus agudas puntualizaciones, dijo: Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros. Marx parecía entender que aferrarse a alguna creencia es una estupidez porque el tiempo, la ciencia o la casualidad pueden demostrar que estábamos equivocados. Pero da igual: rechazando la evidencia, como suele ocurrir, no tenemos necesidad de admitir que fuimos estúpidos. La ciencia demuestra que la realidad que somos capaces de percibir no es, necesariamente, real. Ejemplo: una piedra está compuesta por átomos cuyos electrones giran a unas setecientas mil revoluciones por segundo, yo miro una piedra, la manoseo y no veo ni noto nada que se mueva, es una piedra y punto, es nuestra verdad: una verdad que oculta otra verdad distinta. Otro ejemplo: la tierra gira en el ecuador a unos 1670 kms/h, y nosotros sus habitantes sólo notamos que todo da vueltas cuando vamos pasados de copas. Así que la verdad no es lo que parece.

Este discurso no pretende ser una diatriba contra la estupidez, pero aquí se dicen cosas muy voluminosas porque se trata de la base de todos los antagonismos, de los enfrentamientos políticos, de las guerras, de las peleas entre hermanos y de todo el aire putrefacto que a veces respiramos. Pero el tiempo va disminuyendo el mal olor y suaviza el maniqueísmo fanático de antaño. Ahora ya no creemos que el que piense distinto a nosotros merece morir y comenzamos a respetar posturas ajenas, aunque todavía existen culturas que no han avanzado tanto y ahí, en las noticias, tenemos los resultados: disparos, bombas, una navaja que secciona una yugular. Qué tristeza de civilización la nuestra, la que nos enseña cómo una persona se inmola para matar a otros seres humanos porque piensan distinto. Qué tristeza la envidia, la que hace corretear comentarios despectivos gratuitos que nacen de la dramática pobreza empática de las personas que los profieren.
 
Ahora existen aviones que nos permiten ir a las antípodas en unas horas, existen porque hubo gente que se preguntó por qué no podíamos volar como los pájaros. Ya en la mitología griega tenemos a Ícaro, quien a pesar de las advertencias de su padre, Dédalo, voló tan alto que el calor del sol fundió la cera que mantenía unidas las plumas de sus alas y se desplomó y murió. Luego sabemos que toda evolución se debe a las personas que se cuestionaron y se cuestionan las cosas y en lugar de preguntar ¿por qué?, preguntaron y preguntan ¿por qué no? A la antigua pregunta: ¿por qué no podemos volar? hay que atribuirle la evolución tecnológica que desde principios del siglo XX nos permite volar. En fin, que la evolución humana se produce porque hay gente que lo cuestiona todo. Si continuáramos anclados en las creencias de nuestros antepasados todavía nos desplazaríamos con calesas y caballos. Esta sería una faceta histórica extrapolable a la esencia filosófica de este discurso sobre la verdad que nos conduce a un planteamiento muy serio: ¿Por qué somos como somos? Si estamos completamente aferrados a una tendencia política y/o religiosa significa que no hemos evolucionado mucho, lo admitamos o no. Ya lo vaticinaba Mark Twain en el siglo XIX cuando dijo: Si usted está al lado de la mayoría, es el momento de hacer una pausa y reflexionar. Una mayoría puede ser de unos cientos o miles de personas, gente gregaria aplaudiendo al aedo que enardece los ánimos de los oyentes con diatribas que salen de su boca como saetas destinadas a los opositores. No, esto no es evolucionar, es tener el estigma de un pasado terrible. Y por eso estas letras se convierten en un axioma que propone una reflexión de por qué pertenecemos a una tendencia política, a una religión, a una tendencia moderada o enardecida, a una tendencia liberal o conservadora, en lugar de optar por una postura ecléctica. Yo culpo a la manera de ser del sistema educativo de nuestro país porque no tiene (o no aplica) una deontología que obligue a los docentes a ser imparciales en su trabajo. Conocer algunas de las lecturas que recomiendan a los alumnos de instituto es suficiente para saber que muchos profesores no se dedican sólo a la enseñanza sino que también practican el proselitismo. Se trata de una indecencia que pone trabas a la libertad de muchos estudiantes para elegir un camino desde una balconada limpia y ecuánime. No tengo conocimiento de que en clases de filosofía se hable de eclecticismo con el rigor y el tiempo necesarios. El eclecticismo es una corriente filosófica muy antigua que procura conciliar las creencias que parecen más razonables aunque procedan de bloques opuestos (Ortega y Gasset trató el asunto en un contexto ético y político). En este momento político, día diez de agosto de 2016, la gente sí agradecería a los docentes que hubieran enseñado a disminuir lo visceral y a aumentar la capacidad de entendimiento entre las personas. Vamos mal. Ocurre que no hay muchas cosas en nuestra civilización que nos hagan sentir optimistas con el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos, pero antes era peor; así que no vamos a ser pesimistas del todo. Aquí dejo un proverbio chino que viene al caso: Corrige a un sabio y lo harás más sabio, corrige a un tonto y lo harás tu enemigo.


Nunca he plagiado nada, pero tengo una costumbre que sí he copiado, es la de hacer referencia siempre a otros autores. A eso ya lo hacía Michel de Montaigne. Según decía era para expresar mejor sus pensamientos, y a eso yo también lo hago por ese motivo. Ahora haré referencia al semiólogo Umberto Eco por algo que dijo o escribió. No sé de dónde saqué eso, tal vez en El Nombre de la Rosa o en El Péndulo de Foucault que son los únicos libros que he leído de este autor. Lo he recordado al ver que el compañero de la revista Campanet, Tomeu Rosselló, se ha referido a Eco creo que en dos ocasiones. Umberto Eco más o menos dijo esto: Toda la historia de la ética es un intento, demasiado ambicioso, por definir una noción aceptable de estupidez. También dijo: Todo gran pensador es el estúpido de otro. Eso puede que sea verdad, pero como yo no creo en la verdad, entonces nada. El libro de mis artículos se titula PESIMISMO. Se puede leer en pedrotugores.blogspot.com. Se trata de artículos de ensayo sobre la conducta humana. Es verdad. Sí, pero puede que no sea verdad, y en este sentido me refiero a otro personaje importante al que también copio actitudes alguna vez: se trata del poeta Fernando Pessoa. La anécdota más curiosa que recuerdo de este poeta es que en una ocasión alguien le preguntó que por qué creaba heterónimos y los colocaba como autores de sus libros si los heterónimos son seres que no existen, Pessoa respondió que tampoco estaba muy seguro de que Lisboa exista. No sé si será por eso que yo también, de vez en cuando, doy un paseo por las ramas vegetales de la lírica.