lunes 8 de junio de 2009

LEIRE PAJÍN

No voy a hacer bromas sobre la musicalidad folklórica de su nombre, y menos aún sobre el inevitable apellido, vocablo que, normalmente, acaba en “a” en lugar de “in”, para referirse a comida de rumiantes (ni por un momento he pensado en breves onanismos). Voy a referirme solamente a la vergüenza que sentí ante su reciente y famosa disertación sideral. Ella anunció la coincidencia de Obama en USA y Zapatero en la UE como un acontecimiento planetario. Sentí escalofrío al ver la necedad intelectual de quien ocupa, creo, el número tres en el organigrama del partido político que nos gobierna. Tal simplicidad infantil no es compatible con estar en las altas esferas del poder político. A la señora Pajín yo le atribuyo una edad intelectual de siete años. Imagino en su mente fantasías y aspiraciones en el sentido de ver vestidos de Batman o de Superman a estos dos políticos volando por los cielos de océano Atlántico, parando con sus propias manos un enorme meteorito que iba a destruir nuestro planeta. Esta señora le ha hecho un flaco favor al Presidente, quien mostraría coherencia si la destituyera y la colocara de conserje en las puertas de la sede del partido.

Yo, como español, he sentido vergüenza al verme representado por un personajillo de tres al cuarto. Sí, quienes hablan de cosas políticas en la televisión, de alguna manera, representan al resto de ciudadanos de un país. Ahora que en el resto del mundo ya no piensan que somos sólo un país de flamenco y toros, sale esta nefelibata a decir tonterías para que el resto del planeta nos rebaje de nuevo al zapateado y el vinito. Somos un país importante, estamos entre los diez países más importantes del mundo, no merecemos esta espantosa ridiculez. Yo aplaudo desde aquí, lugar desconocido, a El Gran Wyoming porque reaccionó rápido, y propuso una votación respecto al asunto de la Pajín, en el sentido de que la gente pusiera luz a la cuestión con sus votos, inclinándose por Alf o por ET. También me dan miedo las manifestaciones públicas de la ministra Aído, otra brillantez intelectual del Presidente.

jueves 4 de junio de 2009

TABACO Y ENERGÍA

Coincidiendo con el día mundial contra el tabaco, se me ocurre hacer una pequeña reflexión. Desde hace algunos años, parece que está sobradamente demostrado que el tabaco es perjudicial para la salud. Las campañas de los gobiernos hacen que los fumadores, en determinados contextos, nos sintamos algo marginados. Tal vez sea cierto, puede que las personas que no somos capaces de dejar de fumar seamos marginados. Las noticias que se escuchan sobre el asunto son asechanzas en el sentido de endurecer las cosas: subir el precio, ampliar los lugares prohibidos, amenazar con una muerte cruel, etc.

Y yo me pregunto de qué somos culpables los fumadores. Pienso que soy inocente, o mejor dicho, yo, igual que los demás fumadores, soy víctima de una sustancia altamente adictiva que se vende de manera legal y deja abultados beneficios a unos pocos. Por qué siempre tiene que recibir el castigo de todas las cosas el humilde ciudadano de a pie. No entiendo correctas las medidas de los gobiernos respecto a poner el tabaco a un precio de escándalo, tampoco estoy de acuerdo con los mensajes de advertencia respecto a que el tabaco mata. No deberían decirnos eso a nosotros, las víctimas de esa adicción. Deberían, por ejemplo, crear leyes que obligaran a las empresas fabricantes de esa droga a que disminuyeran la sustancia adictiva del tabaco un diez por ciento cada año, para que, de esta manera, los fumadores pudiéramos ir perdiendo paulatinamente la ansiedad. Esa ley debería dejar previsto que dentro de diez años el tabaco fuera una sustancia natural, no adictiva. Así los fumadores que continuaran con esa absurda costumbre lo harían por su propia voluntad, y no obligados por el veneno que crea enormes riquezas a costa de la salud de las personas. Yo le diría a los gobiernos que dejen de envenenarnos con la nicotina que permiten vender por ahí; que nos den, insisto, un plazo de diez años para derrotar nuestra adicción.

De todas maneras, cualquier cuestión que tenga una lógica aplastante y pueda perjudicar los intereses económicos de los poderosos, como la que estoy exponiendo, no tiene ninguna posibilidad de prosperar. Acatamos más o menos resignados lo que nos dice la televisión, y continuamos siendo víctimas de los hombres sin rostro que están detrás de todas las cosas que nos afectan.

Esto del tabaco es algo parecido a lo que pasa con la gasolina. No se ha dejado que prospere la tecnología que permite funcionar con baterías eléctricas a los coches; bueno, en los campos de golf, sí. Sólo ahora, cuando todos somos conscientes de que el petróleo puede acabarse en veinte años, parece que empiezan a despuntar las energías renovables. Parece que sólo ahora somos conscientes de que la naturaleza nos ofrece de manera gratuita la energía que puede liberarnos del petróleo y de la contaminación. Pero esa reconversión de la energía no será fácil, antes tendrán que inventar un procedimiento que les permita consolidar la forma de quedarse con esa parte de sueldo que ahora obtienen por ese concepto. Weblara, mi amiga de Blog, decía que aquí no pintamos nada, y yo le respondí que en otro lugar tampoco. No, no pintamos nada en ninguna parte. En el pasado, antes del petróleo, los poderosos dominaban a las personas diciéndoles que si no obedecían todo lo que a ellos se les antojara, irían al infierno, y allí no morirían sin más, sino que sufrirían una combustión eterna en sus entrañas. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno acerca una llama a la yema de un dedo, así que la perspectiva de esa sensación en todo el cuerpo y para toda una eternidad no resultaba muy halagüeña. De esta manera la gente pagaba dinero a la iglesia para obtener el perdón de los pecados y abrir un camino hacia el cielo. Sacaron tanto dinero a la gente que aún pueden continuar viviendo en sus palacios, el Vaticano es la prueba más escandalosa de esa desgraciada realidad.

La electricidad nos la da el sol sin cobrar nada, con ella podríamos tener las mismas comodidades que tenemos ahora sin tener que pagar. Pero no nos dejarán disfrutar de eso. O tal vez sí, pero tendremos que firmar una hipoteca para financiar estas instalaciones que tendrá un plazo de amortización de cien años, y así dejaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos hipotecados para siempre. Todo ello en beneficio de los que siguen acumulando toda la riqueza de este planeta, unos pocos.

domingo 17 de mayo de 2009

EL DEMONIO

El demonio es una metáfora. Es la metáfora de la crisis, de la fiebre porcina, del desempleo, de la soledad y de las tragedias. Pero en ningún caso es metáfora de las blasfemias, tal vez hagan falta más blasfemias para estar más cerca de nosotros mismos, de nuestros instintos, en definitiva. Está bien como dibujan al demonio, es la manera más adecuada de dar forma a lo que nos hace infelices, y la manera más estúpida de representar al compañero eterno de los pecadores. Yo tengo una naturaleza pecadora, soy pecador; pero no soy un pecador de la pradera, como el de Chiquito de la calzada, soy un pecador urbano deseoso de ir al campo a sentir la compañía de los árboles y de la tierra mojada.

El antiguo refrán cobra vigencia: “No hay mal que por bien no venga”. Es cierto, como es cierto el espejo que Umbral puso ante nuestras narices con aquella cita que dice (Creo que ya la he escrito en este Blog):

“Toda guerra es una catarsis por cuanto pone al hombre y a los pueblos en situación de purgarse de sus apariencias, de sus ideales históricos y de su presencia fingida ante los demás.”

La crisis es el demonio, un demonio que nos obligará a volver a una realidad casi olvidada. Necesitamos ser más eficaces en el trabajo. Los trabajadores tendrán que cuidarse más de los intereses de los patronos porque de lo contrario éstos desaparecerán, y los primeros seguirán perdiendo sus puestos de trabajo. Y continuando con el mítico Umbral, él dijo que los bancos tienen una conducta reptil. Muy acertado, sí. Los bancos tienen una conducta reptil porque en el ánimo de incrementar agios y réditos, ponen a las personas frente a la decisión de tener una casa mejor y un coche mejor, cosas que no deberían permitirse; pero la conducta reptil de los bancos se lo permite. Todos vamos por delante de nuestras posibilidades, y esto, tarde o temprano, acaba por agotar el aliento y trunca las esperanzas.

Luchemos para ser más serios frente al espejo que muestra nuestra cara, mirémonos a los ojos. Seamos más serios y sinceros también frente a los demás, que no pasa nada.



Forgiven Princess, querida. La novela “Gabriel” ya tiene unas cuatrocientas páginas. Y ahora, cuando la cosa ya casi está hecha, es cuando un escritor tiene que afrontar que tal vez el título inicial del asunto no es el más adecuado. No, no se titulará “Gabriel” esta novela, se titulará: HISTORIA DE UNA BLASFEMIA, porque no es más que eso: una blasfemia. En la contraportada, con gran esfuerzo de imaginación, he creado una sinopsis en la que estoy pensando, pero, en principio, creo que se quedará ahí.


Contraportada



Una actitud puede ser una blasfemia. Esta novela cuenta la historia de la sencillez emocional de un hombre; una ingenuidad que, a fuerza de conjeturas, acaba convirtiéndose en una completa irreverencia, en una blasfemia frente a la tradición del pensamiento humano.

domingo 1 de marzo de 2009

EL URUGUAY

Juan Zorrilla de San Martín, poeta uruguayo de padre español y madre uruguya, bautizó el río Uruguay como: RÍO DE LOS PÁJAROS PINTADOS, y así lo hacen saber los guías turísticos cuando llevan a la gente a una ruta que llaman “City Tour”. Uno presta atención cuando escucha cómo se recuperan antiguas perlas poéticas en esos paseos urbanos.

Explican que el nombre de esta ciudad, posiblemente, se deba a una visión desde el mar de aquellos intrépidos españoles que vinieron aquí a perturbar la paz de los aborígenes. Desde el mar se ve un monte que es el que hace seis desde Este a Oeste, por ello, la cosa sería así:

Monte VI D E O. Es la ciudad de Benedetti, un poeta sensible, ahora anciano que apenas sale a la calle. Los libreros lo conocen bien, es Benedetti, un hombre que embellece lo cotidiano y habla dulce con el frustrado afán de que todo sea más lindo. Bastan tus libros, Benedetti, los dejaste ahí para que uno vuelva a leerte, o empiece a leerte; vuelva a estremecerse, o empiece a estremecerse con la ternura y la sensibilidad que algún día nos sonrojó. Y que ya hemos olvidado inmersos en un discurrir cotidiano que aquí, en tu ciudad, aún se puede soportar. Hay quien llama “Gallegos” a los españoles. Da igual, todos somos un poco gallegos. No les parece mal a los de aquí que les digas: “Tú eres”, a pesar del abrumador contraste con el “Vos sos”.

Hay catorce millones de cabezas de ganado y menos de cuatro millones de habitantes. Los campos son verdes, pausados y sin brusquedades orográficas. La lluvia queda recogida en las vaguadas y forma pequeños lagos azulados para que las reses y los pájaros pintados puedan beber. En las urbanizaciones no ponen barreras frente a las casas que obstruyan el paso, amontonan la tierra y ésta queda cubierta inmediatamente de verde, un verde limpio que ofrece hospitalidad. El océano Atlántico tiene dos caras en Punta del Este, una brava y la otra mansa, a elegir. Aquí una persona puede tener una casa en la playa, no hay problema, hay tierra llena de árboles que se vende fraccionada. Árboles que están altivos en la ciudad y la hacen más acogedora, más fresca. La brisa austral de la playa enrojece la piel de un europeo, puede que en la otra parte del mundo el sol sea más condescendiente, no sé. Solamente sé que el paisaje del Uruguay me produce la nostalgia de aquel niño que fui en un entorno tranquilo, ahora desparecido por la bulliciosidad y por el cemento. La carretera que conduce a mi pueblo, Campanet, tenía árboles muy altos en ambos lados, como en el Uruguay. Se podía caminar bajo la bóveda verde que formaban. Cuando yo era niño, algún descerebrado ordenó la tala de estos árboles; posiblemente lo hizo con buena voluntad, a efectos de que los coches, que ya empezaban a verse en las carreteras, en caso de perder el control, no se toparan con aquellos gigantes vegetales. Maldita sea.

En el Uruguay abunda la Chorisia, más conocida aquí por “Palo Borracho”. No muy atinadas esas definiciones para nombrar a un precioso árbol de cuello de botella que se llena de flores —planté uno en mi ex casa de Valencia. Iré a verlo algún día—. Tengo escrito que las flores existen para que la naturaleza nos pueda sonreír. Y aquí, en la joven República Oriental del Uruguay, estos árboles sonríen a la gente, la saludan.

sábado 7 de febrero de 2009

LOS MÉDICOS

Yo admiro a estos profesionales, entre otras cosas, porque practican una ciencia sobre la que mis conocimientos son nulos. No podemos prescindir de ellos, son necesarios para todos. A veces he pensado que no es una profesión cualquiera, para ser médico hay que tener vocación y una especie de sólida empatía. Algo misterioso los distingue porque son capaces de sacrificarse para ayudar a los demás. Se produce un curioso contraste al compararlos con el resto de los humanos, en cuyos contextos todo son trampas, trampas pequeñas, trampas grandes y trampas inmensas, como saetas afiladas que nos desangran. Nos desangramos con sufrimientos por daños de los que somos inocentes. Y los médicos, siempre están ahí, incluso ayudándonos con sus prescripciones químicas capaces de mitigar nuestra angustia.

Como seres humanos que son también se equivocan, y ahí las consecuencias son fatídicas, más fatídicas que en la mayoría de profesiones. La única vez que he tenido que enfrentarme a un error médico grave tuve la capacidad para actuar con sentido común, lo hice aprovechando los conocimientos de ellos, porque, insisto, yo no sé nada de medicina. Cuando mi hijo Carlos tenía siete años se quejaba de un dolor en la cadera, al principio no le hacíamos caso, pensábamos que eran síntomas de crecimiento. Pero cuando empezó a quejarse en serio lo llevamos al hospital. Le diagnosticaron la enfermedad de Perthes, que consiste en un deterioro del hueso esférico de la cabeza del fémur. Buscamos al mejor especialista de la ciudad, quien actuó correctamente especificando una férula para que el niño pudiera caminar sin poner el pie en el suelo, la pierna afectada tenía que estar colgando ya que no podía existir presión alguna entre la esfera degenerada del fémur y su alojamiento. Al cabo de dos años, el doctor, tras analizar las radiografías, igual que hacía todos los meses, nos comunicó que era imprescindible operar. Explicó que debía abrir y colocar hierros, y que cuando cumpliera los dieciocho años se le podrían quitar. Nos dijo que si no hacíamos esto el niño sería cojo para siempre. Al enseñarnos unas ilustraciones sobre la operación, yo me quedé horrorizado. Le dije inmediatamente al doctor que no entendía por qué había que operar ya que nos había repetido que esta enfermedad se cura ella sola. Muchos meses atrás nos había explicado que suele recuperarse el riego sanguíneo y eso hace que se regenere el hueso. Y yo insistía en repetirle sus propias palabras, pero no me hacía caso. Por fin, con actitud autoritaria, dijo que había que operar y punto, que no se hablara más del asunto. Incluso nos dio el precio de la operación y se disponía a dar fecha para la siguiente semana. Le contesté que lo tenía que pensar y que ya le diríamos cosas al respecto. Inmediatamente consultamos con otros traumatólogos. Unos decían que la operación propuesta no era correcta, que era necesario poner otra clase de hierros y que se podrían quitar en dos o tres años. Otros decían que la operación que nos habían propuesto inicialmente era correcta. En fin, su madre y yo estábamos desesperados porque todos los traumatólogos de Palma de Mallorca que consultamos querían operar. Yo insistía a mi esposa que no aceptaba la operación y que seguiría investigando. No iba aceptar la contradicción de los médicos, todos se contradecían al insistir en que esa enfermedad curaba sola, pero que según las radiografías, el médico podría considerar la necesidad de intervenir quirúrgicamente. Y lo que veían ellos en esas radiografías tenía mal aspecto, veían la necesidad de operar. No acepté el criterio de estos médicos porque sus explicaciones no se sostenían sobre una base lógica. Supongo que ellos dan pocas explicaciones porque saben que su interlocutor no entiende; pero una cosa es entender de medicina y otra es tener un concepto claro de la lógica de las cosas, cualesquiera que sean.
Los días siguientes a estas consultas, yo estaba abatido. La gente me preguntaba qué me ocurría con esa cara de desgracia, yo lo explicaba a todas las personas con las que hablaba. Casi todas me recomendaban que hiciera caso a los médicos porque si mi hijo quedaba cojo lo llevaría en la conciencia toda la vida. Entonces mi estado de ánimo empeoraba, pero no iba a resignarme. Seguía pensando que si todos los médicos me habían dicho que esa enfermedad se curaba sola tenía que ser así. Bien, por fin encontré a un conocido que me dijo lo siguiente:
—Pedro, en España tenemos el mejor traumatólogo del mundo, está en Barcelona. A mí me salvó un pie. Todos los médicos me lo querían cortar y yo no accedí. Fui a Barcelona y ese médico me curó el pie.
Llamé a la consulta y me dijeron que el profesor doctor no tenía horas disponibles en los siguientes tres meses, pero que nos podía atender su hijo. Acepté. Cuando el brillante traumatólogo, hijo del famoso profesor, miraba las radiografías mis pulsaciones estaban muy aceleradas. El médico se giró hacia nosotros y nos dijo que esto ya estaba casi curado. Dijo que veía claramente en las radiografías que se había restaurado el riego sanguíneo y que en unos seis meses se le podría quitar la férula y ya caminaría con normalidad. Bien, pues me aproveché de los conocimientos de los médicos para curar a mi hijo. A los seis meses Carlos empezó a caminar sin hierros. Tardó algo en recuperar la musculatura de la pierna. El médico vigiló el proceso de mi hijo, una vez al año, hasta que éste cumplió dieciocho años; después nos dijo que ya no hacía falta vigilar nada, la enfermedad se había curado sola.

Mi médico de cabecera, una señora, me dijo que tenía que tomar una píldora diaria para la tensión. Hace un año que la controlo y me va bien. Por la noche, tumbado en el sofá, la tengo 125-75 más o menos; pero, las dos veces que me la ha tomado la doctora, habiendo llegado yo acelerado a su consulta, me la ha visto a 145-95 por dos veces. Bien, pues la última vez me dijo que además de la pastilla que tomo, debo tomar otra. Fui a la farmacia, compré las pastilla prescritas y leí el folleto técnico. Me asusté, en el apartado 4, titulado: Posibles efectos adversos, entre muchas otras cosas dice que el infarto de miocardio y la angina de pecho son consecuencias adversas frecuentes por la toma de este medicamento. La relación de efectos adversos mide unos cincuenta centímetros de papel escrito con letra muy pequeña. Esta pastilla ENALAPRIL 5 mg comprimidos EFG, es realmente asesina, según su propio fabricante. Provoca serios trastornos en todas las partes del cuerpo. Aun sabiendo eso tomé una, al cabo de una hora sufrí un intenso dolor de cabeza. Ya sé que soy un intruso hablando de cosas sobre las que no tengo conocimientos, pero invito a leer lo que dicen las fichas técnicas de los medicamentos y a pedir explicaciones. Yo no le diré nada a mi doctora, porque dada su habitual rotundidad podría echarme de su consulta. Está bien que los médicos muestren seguridad en sus prescripciones, pero yo les puedo decir, y ellos lo saben, que sus conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano son muy pobres y que deberían dejar la arrogancia para los de siempre. Ya decía Voltaire, allá por el año mil setecientos y pico: “La ignorancia afirma o niega rotundamente, la ciencia duda”. Y sigue teniendo frescura y vigencia el genial filósofo francés. Pero podríamos actualizar su cita al siglo XXI diciendo lo siguiente:

Los médicos, los abogados, los ingenieros, los arquitectos y los ejecutivos, y en general los licenciados cotidianos a los que acudimos, así como las personas poco ilustradas; todos ellos afirman o niegan las cosas con rotundidad. En cambio, aquellos que investigan la manera de conocer mejor el cuerpo humano para poder curarlo de las cosas que nos están matando, y aquellos que continúan con los postulados de Max Planck, Albert Einstein y Werner Heisenberg, éstos son modestos en obras y palabras porque ven el conocimiento avanzado de las cosas como un horizonte que no alcanzarán.

En la Edad Media, la metafísica era la ciencia suprema porque pensaban que habían encontrado el conocimiento. Ahora la metafísica es otra cosa incierta que no sirve para nada, y la antigua tampoco. No somos nada ni sabemos nada. Y yo no sé por qué le costará tanto admitir eso a muchas personas que tienen una licenciatura colgada en la pared. Eso que les distingue del vulgo, a menudo les hace más vulgares porque cuando despunta un pequeño gesto de arrogancia es entonces cuando una persona se convierte en algo realmente vulgar. Pero todo es un arma de doble filo ya que la mayoría de las personas tienen fe, y, según Nietzsche, tener fe significa no querer saber la verdad. Yo creo que ese filósofo teutón es terriblemente vigente y certero.

domingo 4 de enero de 2009

CHARLES DARWIN, INSOPORTABLE.

Leo en El Mundo que en febrero se cumplirán doscientos años del nacimiento de Charles Darwin. Muy interesante todo lo que hay escrito en esa página. Y después uno puede optar por hacer como si no hubiese leído nada, o como si Darwin hubiera sido un personaje más en la historia, como Felipe II o el Papa León X.
Creo haber escuchado una frase de un cantautor que dice: “Quien pierde sus orígenes pierde identidad”. Evidentemente, se trataría de una protesta política destinada a enardecer los nacionalismos esperpénticos, ésos que nos muestran los periódicos todos los días. Los españoles que no quieren ser españoles podrían reivindicar también la no pertenencia a Europa, o una procedencia empírea, tal vez. La frase del cantautor podría situarse en un contexto más serio; por ejemplo, el que Darwin mostró al mundo; pero entonces no íbamos a enardecer ánimos sino que podríamos aplastarlos al tener que afrontar que, según parece, el ADN humano tiene una similitud con el del chimpancé del noventa y ocho por ciento.
No nos gusta nuestro común origen ancestral, así que nos distraemos con absurdas luchas territoriales que ya no marcamos con orines. También podemos ignorar nuestra procedencia, como hace la mayoría de la gente, o pensar que nos da igual. Qué más da si procedemos de una especie de mono que evolucionó. Pero entonces sí perdemos identidad, por eso no le falta eficacia a la frase del cantautor. Preferimos alojarnos cómodamente en la idea confusa de una procedencia divina, aunque ya tenemos que ir rebajando arrogancia porque nadie puede poner en duda de que La Tierra no es el centro del Universo, aunque le pese a la Iglesia. Estaría bien avergonzarnos de que se haya relacionado a la eugenesia Nazi con Darwin, estaría bien avergonzarnos de que nuestros antepasados insultaran a Darwin…
La página de El Mundo que habla de Charles Darwin acaba como una púa afilada que nos desafía:
“… Su paradójica falta de vigencia es la del que anuncia una noticia insoportable, que buena parte de la Humanidad aún se resiste a leer”.
Si asumimos lo que somos y lo que fuimos, no pasa nada; aunque, posiblemente, eso mitigaría soberbias y podría ayudar a tolerarnos mejor.

sábado 29 de noviembre de 2008

ABRÁZAME

Ayer, por casualidad, escuché una vieja canción de Julio Iglesias: “Abrázame”. Presté atención a la letra y me causó un cierto rubor. Si prestamos atención a lo que dice la letra (mejor escucharla que leerla), podemos ponernos en lugar de aquella persona a la que un día abandonamos, o de la persona próxima a la que han abandonado, y la ternura que pone la canción a ese luctuoso contexto invita a estremecerse.
Es demasiado frecuente, una pena. Por eso yo propongo una reflexión sobre lo que esperamos y esperaremos de las personas que tenemos a nuestro lado. Puede que dibujemos unas formas y modos que vemos y nos gustan, entonces cometemos el error de pensar que esas formas no van a cambiar y que todo será siempre así; pues no, no ocurre así. Todo está en movimiento, todo cambia y nosotros nos quedamos varados en unos ideales que hemos convertido en rígidos, incapaces de cambiar. No tenemos arreglo, siempre seremos infelices. Empieza a desagradarnos esa persona con la que compartimos la vida. O, si estamos solos, nos perturba la espesura del aire inmóvil de nuestra casa. ¿De dónde nacen las reglas de la conducta que exigimos? De los principios más sólidos de nuestra educación, de lo que nos enseñaron nuestros padres, de nuestra vida en definitiva..., esa es la respuesta. Y eso es lo que nos daña. No hay principios que valgan, nada es sólido, todo se mueve. Y habrá que entender algún día que la realidad no es algo necesariamente real.
Yo quisiera abrazar a muchas personas que han tenido algo que ver conmigo en el pasado, pero no daré el primer paso; ni siquiera veo a esas personas. Algunas ni me hablan, pero da igual, yo no pido nada a cambio por mi afecto.
Un abrazo.
Abrázame
Y no me digas nada, sólo abrázame
Me basta tu mirada para comprender
que tú te iras.

Abrázame,
como si fuera ahora la primera vez
Como si me quisieras hoy igual que ayer
Abrázame.

Si tú te vas
Te olvidarás que un día hace tiempo ya
Cuando éramos aun niños me empezaste a amar
Y yo te di mi vida, si te vas.

Si tú te vas
Ya nada será nuestros tú te llevarás
En un solo momento una eternidad
Me quedaré sin nada, si te vas.

Abrázame
Y no me digas nada, sólo abrázame
No quiero que te vayas pero sé muy bien
que tú te irás.

Abrázame
como si fuera ahora la primera vez,
como si me quisieras hoy igual que ayer
Abrázame...

Si tú te vas
me quedará el silencio para conversar,
la sombra de tu cuerpo y la soledad
serán mis compañeras, si te vas.

Si tú te vas
Se irá contigo el tiempo y mi mejor edad
Te seguiré queriendo cada día más
Esperaré a que vuelvas, si te vas.