miércoles, 7 de marzo de 2018

ESCORIA






Dice la RAE que la escoria es una sustancia vítrea que sobrenada en el crisol de los hornos de fundir metales y procede de la parte menos pura. Dice también que es una materia desechable que suelta el hierro candente al ser martilleado, lava porosa, residuo.. y ya como quinta definición la Real Academia usa la metáfora para decirnos que escoria es cosa vil y de ninguna estimación. Será por eso que mis pensamientos han creado un paralelismo entre el discurrir de un cordón de soldadura eléctrica (cosa en la que he trabajado muchos años) y el discurrir de la vida humana, será porque ambos itinerarios van soltando escoria. No vamos a hablar de la escoria del metal porque no es dañina, salvo alguna esquirla en el ojo que sí fastidia sobremanera y a menudo requiere la intervención de un médico. Mejor me referiré a dos tipos de escoria: la truculenta y la de guante blanco.

Escoria truculenta.

Desde una visión respetuosa hacia todas las personas, una visión que me caracteriza, debo decir que las excepciones, como sobradamente es conocido, confirman las reglas, y así no vamos a abanderar respeto alguno hacia la escoria humana. Forman la escoria humana aquellas personas que violan y matan, las que ejercen violencia de género, física o psicológica. Y formarían parte de la escoria más truculenta aquellos seres que son capaces de violar y matar a niños. Si dentro de este maloliente contexto deseamos aferrarnos, aunque sea sólo un poquito, a la empatía, cabrá entristecerse por los motivos originales que abrieron el camino a que los cerebros de esta escoria pudieran degenerar hasta tales atrocidades. Una persona no se vuelve asesina de la noche a la mañana sin más, nadie viola ni mata porque sí. Y los motivos casi siempre proceden de una desastrosa infancia. Siempre han existido padres irresponsables que con su ejemplo han creado monstruos, y los monstruos también se reproducen y continuarán reproduciéndose. Por ese motivo nada se arreglará, siempre estaremos sobrecogidos por una cifra anual escalofriante de mujeres asesinadas en manos de sus parejas o exparejas. He escuchado justificaciones que no justifican nada, nada puede justificar un asesinato. Aunque entiendo la terrible situación de un hombre que se encuentra en la calle, sin recursos porque tiene que pagar la hipoteca de la casa donde están sus hijos y su mujer con otro hombre. Esto vuelve locos a algunos que cometen atrocidades, cuando lo que deberían hacer es reflexionar sobre los motivos que desembocaron en esta situación y buscar alternativas civilizadas.

Ya no hay impunidad. Los criminales son perseguidos por la justicia y casi todos acaban encarcelados. Ya no estamos en la Edad Media, cuando los crímenes por violación y asesinato de niños y núbiles tenían coartada: La iglesia católica inventó una suerte de demonios, nocturnos y lujuriosos, llamados íncubos y súcubos; los primeros demonios varón y los segundos demonios hembra. Cuando un niño o niña aparecían violados y/o asesinados ya se sabía a quien atribuir el delito, eran demonios, no se les podía vencer, su captura era imposible, así que mejor rezar a dios para que no aparezcan. Se pueden ver esos demonios de distintas formas y tamaños en el buscador de Google basta con escribir: "Fotos de íncubos". No sé si Miquel Vives publicará fotos de los demonios que yo le sugiero, en todo caso lo dejo en sus manos. Tantos siglos de impunidad. Ahora ya no hay fábulas que sirvan, si alguien viola y mata a un niño la policía no va a buscar demonios, buscan escoria humana culpable.

Este principio de marzo, en el que se me ha ocurrido escribir este artículo, parece como si de verdad hubieran renacido los demonios medievales. Un niño de ocho años asesinado en Almería, cuatro chicas mallorquinas muertas en accidente de tráfico en Miami, tres mujeres desaparecidas de las que una ya ha aparecido asesinada.

Y el colmo de desgracias de este principio de marzo, un suceso muy trágico y cercano que ha afectado a toda mi familia. Me llamó Antonia, la madre de mis hijos, y me preguntó si había visto las noticias, le dije que sí, que qué pasaba. Ella me dijo que el joven de 33 años que había muerto en un hotel de Londres era Marquitos, el hijo de Paz. Mi voz se congeló. Eso no debía suceder. Regresaron los recuerdos de principios de los años noventa en que ambas familias habíamos comprado un chalet en la misma calle de Secar de la Real. Y enseguida supimos que no era normal tener la suerte de haber encontrado unos vecinos tan entrañables. A los dos días de vivir allí, una noche poco antes de cenar, los niños estaban jugando en la calle, y al poco rato ya no estaban, luego comenzamos a buscar a nuestros hijos, Roberto y Carlos y no los encontrábamos, la madre de mis hijos y yo preocupados llamamos a los vecinos a ver si habían visto a nuestros hijos, y cuando llamamos a la puerta de Emilio y Paz nos dijeron sí, están aquí, pasad a la terraza, y allí estaban cenando Marcos, Roberto y Carlos;  Marcos y Carlos de siete años y Roberto de once en una mesa elegante con mantel y velitas con nuestros vecinos y otros invitados. Es que estaban delante de la casa jugando y les he puesto plato en la mesa a los tres, dijo Paz. Casi nos ruborizamos al ver que habíamos conocido gente tan encantadora y entrañable. Queridos amigos, Emilio y Paz, desde mi familia nos sentimos a vuestro lado con ese dolor punzante que lo inunda todo de tristeza luctuosa. 


Escoria de guante blanco.

En este contexto la escoria viste trajes costosísimos y llamativas corbatas de seda. Ya nos advirtió contra esta escoria el que fue tercer presidente de EEUU Thomas Jefferson con una frase del año 1802 que ha tenido una trascendencia profética por haber vaticinado una realidad que en pleno siglo XXI tiene agobiada a toda la población mundial. La frase dice textualmente:

Si el pueblo permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y las instituciones florecerán en torno a ellos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa, sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron.

Umbral decía que los bancos tienen una conducta reptil. Es cierto, los bancos son instituciones controladas por cerebros maquiavélicos con un voraz y monstruoso ánimo de lucro a costa de lo que sea, incluso a costa de robar los ahorros a los ancianos. Y así tenemos a la escoria legalizada porque las autoridades no tienen poder para defender a los ciudadanos contra esta monstruosa escoria de los bancos. Si quiebran hay que salvarlos porque de lo contrario sucumbiría la economía del país, y así al recuperarse y volver a generar inmensos beneficios no devuelven el dinero que el pueblo a través del gobierno les ha prestado, los beneficios están destinados a continuar engrosando la enjundia de sus accionistas. Esto es una basura intolerable que incrementa exponencialmente la riqueza de unos pocos y empobrece a la población normal y trabajadora. Los bancos no pueden estar en manos privadas y todos están en manos privadas. Los bancos no deberían ser entidades con ánimo de lucro y son entidades con un voraz y monstruoso ánimo de lucro. Las necesidades básicas de las personas (alimentación, combustibles, electricidad, agua, telefonía, banca y seguros) no deberían estar en manos de gigantescos y despiadados especuladores, ellos son un atraco legal a la población. Las grandes superficies comerciales son una aberración que ha arruinado al pequeño comerciante de toda la vida en beneficio de grandes corporaciones que pagan sus impuestos en paraísos fiscales. Los políticos no deberían permitir grandes superficies y los ciudadanos no deberían pisarlas para nada. Los bancos no tienen escrúpulos, son capaces de robar de muchas maneras. Han cometido salvajadas de todo tipo y ahí están sonrientes con sus lustrosas corbatas de seda y sus restaurante de lujo. Nadie puede con ellos, ellos son los modernos íncubos y súcubos, no se les puede atrapar. La riqueza los ha hecho invulnerables, atrás quedaron aquellos tiempos en los que el orfebre del pueblo tenía una caja grande para guardar los ahorros de la gente, después  colocaron un banco de madera donde se iniciaron las primeras transacciones bancarias. En aquel entonces denominaron "bancarrota" a las quiebras porque los clientes destrozaban a hachazos el banco de madera y mataban al banquero que había malversado sus ahorros. Por eso todavía se llaman bancos, por el banco de madera que usaban. Las tendencias políticas que podrían nacionalizar las necesidades básicas son peor que lo que tenemos actualmente porque ellos nacionalizarían hasta la conducta de las personas, nos harían vestir igual a todos, el mismo peinado...  y nos alimentarían con una pequeña ración de arroz y un mendrugo de pan ázimo, nada más. Seríamos una sociedad tipo Corea del Norte. No hay solución, las futuras generaciones van directamente a un abismo impredecible.


martes, 6 de febrero de 2018

DUST IN THE WIND




El éxito de esta canción del grupo Kansas podría deberse a una composición musical excelente y a lo agradable del sonido sin tener en cuenta el significado de las palabras, principalmente en los países de habla no inglesa donde no se entiende lo que están diciendo. Y en cualquier lugar donde sí se entienda la letra, uno puede interpretar que están diciendo que no somos más que polvo en el viento, imaginando que volamos y que estamos exentos de las miserias telúricas. Pero, no. No es así. Esta canción es un canto contra la estúpida arrogancia de los que se creen importantes. No entiendo por qué te crees importante y lo muestras con tus actitudes frente a los demás. La soberbia de tu cara no está disimulada, se te nota cuando hablas y cuando callas; se te nota cuando saludas a otras personas porque no te queda más remedio, no lo has podido evitar fingiendo que que no lo has visto, aunque a veces finges que no lo has visto. Te sientes hierático y destacado y ves a los demás pululando dentro de la mediocridad.

Es a ti a quien va dedicada esta canción. Dice: No te resistas, nada es para siempre y con todo tu dinero no podrás comprar ni un minuto más. Eres polvo en el viento.

Tú crees que la razón siempre está de tu lado y que lo ajeno es insípido, pero no lo dices. Criticas en voz baja las circunstancias ajenas sin darte cuenta de que lo haces para mitigar tus miserias. La sabiduría milenaria es algo que no entiendes. Nunca llegaste a entender aquel proverbio antiguo que explica que los ríos más caudalosos son los que están más bajos porque todos los afluentes le entregan sus aguas. Y por eso tú eres un afluente raquítico que se seca cuando no llueve. Tu conciencia es hojarasca que se nutre con la comparación de las apariencias, por eso aparentas más y no te das cuenta de que sólo eres polvo en el viento. Caminas firme y envuelto en tu cáscara porque sabes que eso, la cáscara, entre otras cosas, sirve para ocultar el verdadero color de las cosas. Y así ocultas a los demás el color gris pálido de tus míseras verdades. Allí donde tienes una pizca de poder eres insoportable. Quien no te muestre admiración, obediencia y aguante tu verborrea y tus pleonasmos ya puede ir buscando otro trabajo porque le amargarás la vida con estúpidas y caprichosas determinaciones. Pero si eres su alumno no te escaparás tan fácilmente, tendrás que soportar sus arbitrariedades que siempre serán proporcionales al nivel de dignidad que tenga en su casa: si en su intimidad lo regañan, en el trabajo crece exponencialmente su arrogancia y su testarudez. Te conozco de sobra porque estás en muchos lugares: empresas, banca, docencia, organismos, política y en cualquier bar de pueblo o de ciudad y también en cualquier calle mostrando afectación por tus altas responsabilidades. A menudo te dices a ti mismo: Si no fuera por mí nada funcionaría, y te lo crees. Eres un parásito omnipresente. Muchas veces, no siempre, he sabido protegerme de ti y te he mantenido alejado. Cuando te he tenido frente a mí te he engañado mostrando la admiración que necesitabas para acceder a mis propósitos. He conseguido engañarte muchas veces, no siempre. A los de la antesala les haces esperar aunque no haya nadie en tu despacho, incluso a los que, ingenuamente, llamas amigos, porque esa espera te hace sentir importante y alimenta el limo viscoso de tu vanidad. La canción dice que todo lo que hacemos se desmorona en el suelo y tú no lo entiendes y crees que lo tuyo siempre se mantendrá lustroso. Todo es polvo en el viento y tú no te enteras de nada.

Esta diatriba sólo va dirigida a quien se sienta aludido o aludida, y no voy a intentar suavizar lo escrito con comentarios filantrópicos porque los destinatarios de estas letras, afortunadamente, son minoría aunque estén por todas partes y se hagan notar como una protuberancia llena de pus.

viernes, 17 de noviembre de 2017

DOS PARTES




DOS PARTES.
Los dedos en las llagas de la actualidad. 
Parece como si todo estuviera compuesto de dos partes, más o menos antagónicas, más o menos amigas, más o menos enamoradas. La mayoría de los seres del reino animal se componen de dos partes simétricas, digo la mayoría porque hay excepciones: he visto animales asimétricos (Hay unos cangrejos que tienen una mordaza enorme y otra pequeña). Para que exista una amistad son necesarias, como mínimo, dos partes. Para el amor también hacen falta dos partes, y para que la vida continúe hacen falta dos sexos.

Somos esclavos de las dos partes porque siempre estamos en una de ellas y luchamos contra la otra. Creemos que la otra parte es mala y somos capaces de llegar a las armas, incluso a la guerra para defender la parte que creemos buena y honesta. Sólo aceptamos la simetría de nuestros cuerpos: esa parte izquierda o derecha de nuestro cuerpo no es nuestra enemiga, pero hay un motivo muy evidente: sin esa parte no seríamos más que medio cuerpo inútil que sólo podría caminar a saltitos. Cuando el amor se rompe, esa parte que completaba nuestra existencia ya comienza a odiar a la parte que antes amaba. Y esa es la naturaleza humana sobre la que el empirista David Hume escribió unos abultados volúmenes, unos textos larguísimos que la sabiduría popular resumiría en esta famosa frase: “La cabra tira al monte”. La naturaleza humana es un concepto sobre el que se han posicionado muchos filósofos. Darwin decía que podía cambiar con el tiempo, Rouseau que era maleable; Hegel, Nietszche y Sartre, entre otros, lo pusieron en entredicho; y la psicología moderna no se define. Y nosotros, la gente de la calle, ¿qué tenemos que pensar? Pues yo creo que empezamos a pensar que la naturaleza humana, entre otras cosas, tiene una mancha que no varía con el tiempo, que no es maleable y que se hace ostensible cada día en los medios de comunicación: las dos partes, una contra la otra. En partidos de fútbol ha habido muertos por defender a la parte a la que siguen. En política hay odios exacerbados hacia la parte contraria, y ahí se acometen toda clase de estratagemas y demagogias para vencer al contrario. Yo prefiero la sabiduría del refranero, la que dice que todos los extremos son malos, una sabiduría a la que los filósofos llaman llaman eclecticismo.

No me gusta hablar de política y no suelo hacerlo, pero sí me gusta analizar la conducta humana, y de eso tratan mis artículos que se publican en el blog pedrotugores.blogspot.com, como ya he dicho en otras ocasiones. Y si hablo hoy de las dos partes no es para adentrarme en los confines de la historia sino para ver cosas que ocurrieron en el turbulento siglo pasado y de qué manera nos afectan actualmente.

La extrema derecha
España vivió de rodillas durante cuarenta años bajo la dictadura de un individuo mediocre, inculto y con una frialdad de mármol a la hora de que sus alfanges cortaran cabezas. Adoctrinaban a los niños en los colegios para obedecer y vivir con miedo. El contubernio entre el Estado y el Clero ataba muy corto el pensamiento de la gente. La amenaza de los curas: nos amenazaban con algo más terrible que la muerte: el infierno, lugar donde se quemarían nuestras entrañas en una combustión eterna, o sea que no se trataría de morir y listo sino de sufrir el fuego eternamente en nuestra carne. Esa era una amenaza que yo escuché más de una vez siendo niño de una dictadura. Y la amenaza del Estado era ambigua, pero todos sabíamos que era fácil entrar en la cárcel y ser fusilado por pensar distinto. No había que pensar distinto, había que adherirse a la idiosincrasia establecida. Así que la extrema derecha esclaviza a la gente y la tiene atemorizada, acobardada y hundida.

La extrema izquierda
Cuando leí “La rebelión en la granja” de Georges Orwell, se me mojaron los ojos por la tristeza de unos acontecimientos que Orwell metaforizó en una granja. Los bolcheviques alzaron al pueblo ruso contra el zar prometiendo un comunismo idílico en el que ya no habría privilegiados y así consiguieron el poder, luego los mejores palacios y manjares pasaron a ser propiedad de los cabecillas: Lenin, Stalin, Trotski y sus acólitos. Ellos dejaron morir de hambre a la mitad de la población de su país. La llamada dictadura del proletariado ha sido más infernal que las dictaduras militares porque ellos, los militares, dejan ganar dinero a la gente por su trabajo, dejan tener negocios y dejan vivir, sin libertad, pero vivir en definitiva; en cambio la extrema izquierda no permite tanto. El poder es de unos pocos y sólo dejan migajas al pueblo que siempre vive en el filo del hambre. Ejemplos actuales destacados: Cuba, Venezuela y Corea del Norte. En estos países todo el dinero es para los que mandan y no tienen un “Generalísimo” sino un “Amado Líder” al que deben adorar como a un dios.

Comparaciones
A juzgar por lo ocurrido en el siglo XX, es un hecho incontrovertible que las dictaduras de la izquierda aplastan más al individuo que las dictaduras de derechas. Las dos dictaduras usan las pistolas para hacer callar a la gente, pero las militares no engañan, disparan y punto, y, empuñando las armas, obtienen el poder. Las dictaduras de izquierdas no usan las armas para obtener el poder, usan las mentiras más descaradas y nefarias que pueden usar las personas: prometen lo contrario de lo que piensan hacer (Rebelión en la granja).

Conclusiones para el presente
La derecha es corrupta y la izquierda también. Mucha gente honesta se adhiere a partidos anti-sistema como protesta por el desolador panorama político. Una postura muy legítima, pero algo ingenua, a juzgar por la historia del siglo XX. El colectivo anti-sistema muestra flecos de sus retorcidas intenciones: pretenden sacarnos de lo malo, pero no nos dicen que quieren llevarnos a algo mucho peor: Cuba, Venezuela, etc. Nada ha cambiado, el partido con más votos extremistas se financia a través de dictaduras socialistas, y la derecha se finanancia a través de la corrupción. Y así volvemos a las dos partes que nos esclavizan, dos partes egoístas en busca del poder a costa de lo que sea. Conociendo la demagogia política, me cuesta entender como hay tanta gente que defiende con ahínco a su partido, y me cuesta entender los motivos que llevan a las personas a seguir con fuerza un ideal político que siempre acabará decepcionándolos. Hablo del Estado, una fuerza dominada por el poder económico y encaminado a empobrecer a los ciudadanos en beneficio del gran capital. Cuando uno sabe de qué manera el capitalismo empobrece de cada día más a la gente, le entran ganas de rebelarse contra lo establecido, de hacer algo. Pero en estos casos viene a cuento una frase genial de Noel Clarasó: “Hay gente que cuando ha de hacer algo, hace algo, aunque no sea lo que tiene que hacer”. Y digo esto porque cualquier rebelión, la de Cataluña, por ejemplo, la entiendo, pero es alocada e inconsciente. Si Cataluña obtuviera la separación de España, posiblemente, en pocos años, nos acordaríamos de Orwell y de su rebelión en la granja porque siempre ocurre lo mismo. No sugiero la anarquía, y la rebeldía no sirve para nada. Estamos perdidos. Si el gobierno central es injusto con Cataluña, un posible gobierno de Cataluña también sería injusto con sus ciudadanos. Los cabecillas serían los que continuarían sangrando al pueblo, saldrían los nuevos sátrapas (como lo fue Pujol), y la historia se repetiría, como ha hecho siempre. Y sí resulta doloroso como nuestros hermanos catalanes tienen a sus dos partes encrespadas, una contra la otra, por motivos inútiles que no conducen a nada. Todo el entusiasmo, los gritos y las manifestaciones públicas de la gente a favor de la libertad y la independencia se convertirían, con los años, en el hastío de la derrota cotidiana, lugar en el que se tendrían que buscar otros ideales para continuar matando el tedio de sus vidas con una épica de ceniza. Siempre ha sido así, no hay excepciones. Habría que enseñar Historia con más coherencia a los niños para que de mayores estuvieran más relajados. Recuerdo una frase, no sé de quién, que decía: “Mira a la izquierda y a la derecha del tiempo, y que tu corazón aprenda a estar tranquilo”.

Se puede entender a las personas con vocación de servicio público de las administraciones locales, que por proximidad al ciudadano normalmente tienen una conducta correcta y eficaz, da igual que sean de izquierdas o de derechas. Las dos partes están muy próximas cuando se trata de ser coherentes. En Campanet y otros pueblos de Mallorca que conozco no observo ningún defecto político.

Las leyes son la prueba más demoledora de las imperfecciones humanas y a su vez también son la prueba más contundente de nuestra evolución como individuos en sociedad, si bien no pierden vigencia las tesis de Diógenes, los problemas que vaticinó están ahí.

La ley suprema: la carta magna, es la que ha conseguido que Europa viva en paz y apacigüe el antagonismo de las siempre presentes dos partes. Pero esto no significa que las dos partes se adormezcan porque los extremistas últimamente han intentado arañarla.

Creo que sería mejor para todos que las personas se ocuparan de ser lo más felices posible con su familia, con sus amigos y con su trabajo porque el poder, sea de la derecha o de la izquierda, siempre abusará de la gente. Creo que fue Kafka quien dijo algo así como que si ves el mundo como una parte contra ti, es mejor que te pongas del lado del mundo porque en contra no tienes nada que hacer.



viernes, 22 de septiembre de 2017

DISCURSO SOBRE EL ORIGEN DE LOS SERES HUMANOS



 



En febrero de 2009 el periódico El Mundo dedicó dos páginas enteras a Charles Darwin con motivo de cumplirse doscientos años de su nacimiento. El periodista hablaba de la tristeza que le producía el hecho de que unos ciento cincuenta años después de que Darwin demostrara que los humanos evolucionamos a partir de formas de vida inferiores, un ochenta por ciento de la población mundial no lo sabe o no lo cree. Darwin tuvo problemas, se burlaron de él. Hubo publicaciones que lo caricaturizaban con cara de mono. Pero la crítica tuvo que rendirse porque su teoría de la evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica, aunque su otra teoría de la selección natural no fue aceptada hasta la década de 1930. ¿Pero qué pasa en la actualidad? Pues ocurre algo incomprensible e irracional porque su legado científico constituye la base de la moderna Biología como ciencia y sólo un veinte por ciento de la población mundial se lo cree.

Al final del libro EL ORIGEN DEL HOMBRE, Darwin escribió su conclusión:

La principal conclusión a la que aquí se ha llegado, y que actualmente apoyan muchos naturalistas que son bien competentes para formar un juicio sensato, es que el hombre desciende de alguna forma altamente menos organizada. Los fundamentos sobre los que reposa esta conclusión nunca se estremecerán, porque la estrecha semejanza entre el hombre y los animales inferiores en el desarrollo embrionario, así como en innumerables puntos de estructura y constitución, tanto de importancia grande como nimia (los rudimentos que conserva y las reversiones anómalas a las que ocasionalmente es propenso) son hechos incontestables.
Resulta absurdo que actualmente en redes sociales de Estados Unidos exista una enorme polémica entre el Creacionismo religioso y el Evolucionismo de Darwin, una polémica que viene de atrás, durante casi todo el siglo XX ha existido esta batalla que continúa y continuará. No obstante, esta controversia existe en casi todo Occidente. Y en los países muy confesionales no existe debate porque todos creen en dios, en su bondad y que fue él quien creó a nuestros primeros padres. Y así tenemos un mundo agonizando por el absurdo (Saramago). Si los que tienen la responsabilidad de enseñar a los niños tuvieran un poco de altura de miras podrían poner remedio a muchos problemas futuros. Pero no, ni siquiera los responsables de la educación se atreven a nada porque son más importantes los votos y el poder que el bien común. Por esa defectuosa educación que recibimos y que continúan recibiendo los jóvenes, la mayoría de la gente no es capaz de asumir que somos animales, que nacemos, crecemos, nos reproducimos, envejecemos, morimos y se acabó. Nadie nos protege, nadie anda con una libreta tomando nota de nuestros actos para pedir explicaciones en un juicio final. Tal vez debiéramos entender estas cosas al ver a tanta gente religiosa que sufre un terremoto o un huracán que mata a sus hijos sin tener en cuenta sus oblaciones. O Quizá debiéramos preguntarnos por qué hay seres humanos que matan a otros, que violan y matan a niños. La respuesta posiblemente iría encaminada a admitir que hay muchos seres humanos defectuosos, y si dios existiera y fuera todopoderoso y omnipresente no toleraría estos desastres, un presunto dios no habría creado seres tan defectuosos, un presunto dios no sería tan inicuo. Así que las cosas de las religiones no cuadran. Se mire por donde se mire no cuadran. Igual que ya sabemos que las tempestades del mar no se producen por berrinches de Poseidón y que los vientos huracanados no son estornudos de Eolo y que los volcanes no son flatulencias de la diosa Gaia, también se sabe que no existe ningún dios, pero vivimos en un mundo que prefiere adormilarse en la mecedora de las costumbres o encresparse por lo prosaico y banal antes que mirar de frente y asumir la modesta verdad que conocemos, a la modesta verdad de Charles Darwin. 

Me pregunto por qué todavía se imparten clases de religión en los colegios y se enseña a los niños cosas tan absurdas como que en el libro del Génesis, desde el versículo 26 del capítulo 1 se explica quiénes fueron nuestros primeros padres: Adán y Eva. Y no hablan de las consecuencias axiomáticas del asunto: si esto fuera cierto la raza humana procedería de aberraciones incestuosas. A eso no lo explican en iglesias y colegios, luego toman por tontas a las personas. A mi generación la educaban para que fuera tan nefelibata como los que nos enseñaban tantas estupideces; aunque debo ser más justo, debo decir que en las clases de Gramática, Geografía, Matemáticas, Física y Química decían la verdad, todo lo demás era mentira. Hay creyentes que, por escapar de la encerrona bíblica, hablan de lenguaje figurado y tienen razón, hay mucha metáfora en la Biblia, pero con lo de nuestros primeros padres no hay alegorías que valgan: es mentira... es una aberración. La teoría “Creacionista” procede de las antiguas escrituras, cuyos textos son sagrados para muchos miles de millones de seres humanos. Y ante el peso incontrovertible de las teorías de Darwin nos encontramos con que en la cristiandad pretenden hacerlas compatibles. Hacen referencia a que los descubrimientos y las investigaciones de Darwin no explican la creación del universo, y eso es una estupidez porque él nunca pretendió explicar más que lo que explicó. Y respecto al universo, quiero dejar aquí dos comentarios de un hombre reconocido entre los más sabios del mundo contemporáneo y que todavía vive, mal, pero aún vive: Stephen Hawking:

1.- Sólo somos una raza avanzada de monos...

2.- La física moderna descarta a dios como creador del universo, tal como en el pasado lo hizo el Darwinismo, que echó por tierra las ideas de dios como creador de los seres vivos. 



sábado, 8 de julio de 2017

LOS POLÍTICOS Y LA IGLESIA FRENTE AL SEXO







Lo que en este artículo queda escrito es constatable. No se trata de opiniones personales, y si hay alguna es intrascendente. El autor es laico y respetuoso con la Historia, con todas las personas y con su manera de pensar y de creer o de no creer.


A un buen número de políticos les pasa lo mismo que a una parte importante del resto de los hombres. Aunque en este colectivo determinadas personas están atrapadas en la soberbia que les proporciona el poder, un poder que les rodea de acólitos serviciales: secretarias, chófer, agentes de viajes y toda una maquinaria ergonómica que no pagan de su bolsillo. Dentro de esta inmensa comodidad sólo les quedan dos inquietudes. La primera es la incertidumbre de ganar o perder en las próximas elecciones, y la segunda es el desajuste entre la completa satisfacción por su puesto en la sociedad y la satisfacción mediocre de la vida sexual masculina. No conozco casos de mujeres dedicadas a la política o cónyuges de políticos que por excesos de lujuria hayan provocado escándalos, excepto el de Margaret Sinclair, esposa en aquel entonces del primer ministro de Canadá Pierre Trudeau y a su vez madre del actual primer ministro de ese país, Justin Trudeau. No hablaré de Cleopatra por ser el mundo del antiguo Egipto demasiado distante del nuestro ni de otros casos que pueden haberse dado y que mis limitados conocimientos sobre Historia no hayan detectado. La lista de escándalos sexuales masculinos es interminable. En el siglo XX tenemos a los presidentes de Estados Unidos: Warren Harding, Franklin D. Roosvelt, John Kennedy y por último Bill Clinton (acabó su presidencia en enero de 2001), por nombrar los casos más relevantes. Y la lista de candidatos que podrían haber sido presidentes si no les hubieran pillado inmersos en travesuras sexuales también es muy larga. Así que los escándalos van desde los presidentes del país más poderoso del mundo hasta concejales de administraciones locales. El motivo, como decía antes, es la mediocridad sexual masculina de la que, aunque les cueste caro, hacen escapadas; cosa que vamos a analizar en los siguientes párrafos.

Para cualquier conducta que se desee investigar se puede recurrir a los filósofos, ahí siempre encontraremos que todo está ya escrito y escudriñado. El Epicureísmo-Dionisíaco era cosa de ricos y acabó estrangulado tras la conversión al cristianismo del emperador Constantino. Pero cuando desapareció de los mapas occidentales fue con el auge de san Agustín, quien tras una enfermedad se vio obligado a abandonar su desordenada salacidad. Luego pasó a predicar contra el sexo, agarrándose a un dios inexistente con una retórica aplastante para las masas. Siglos después vino la oscura Edad Media donde quien no vivía temeroso de dios era quemado vivo en la hoguera. Ejecutaban la pira los miembros de la religión católica. Una secta que todavía perdura gracias a la riqueza acumulada por la venta de bulas (Una persona podía pagar a la iglesia antes o después de cometer un crimen y así ser perdonado. Llamaban Taxa Camarae a la tarifa de precios, unos precios que oscilaban según la gravedad del crimen). No obstante, la iglesia católica alcanzó una riqueza inmensa a partir del siglo XIV, cuando la peste negra puso sus afilados colmillos sobre Europa. Los sacerdotes gritaban a la gente por las calles exigiendo que cedieran sus propiedades a la iglesia para obtener acceso al paraíso eterno de los cielos. Con esta mentira el patrimonio de la secta católica se convirtió en una fabulosa fortuna que actualmente podría erradicar la pobreza del mundo dos veces. Fray Tomás de Torquemada, gran inquisidor, estará gozando del paraíso tras asesinar a miles de seres humanos de la manera más cruel posible. La iglesia católica ya no quiere hablar de eso, pero sus asesinatos y sus fraudes constituyen los cimientos de sus enormes edificios.

Y así nos tenemos que ir a analizar la hipocresía. Echando mano de los filósofos recurriremos de nuevo a Sigmund Freud, ¿psiquiatra o filósofo? Hay opiniones para todos los gustos. Yo creo que fue las dos cosas. Él puso el dedo en la llaga al observar el ser humano en sus tres vertientes: El Yo social, el Yo íntimo y la conciencia. El Yo social es hipócrita porque actúa según le pide la sociedad en la que vive. El Yo íntimo sólo puede actuar a escondidas y la conciencia está hecha un lío. Luego ocurre que para mimetizarse en la sociedad uno tendría que dejar al animal que lleva dentro que, a escondidas, hiciera travesuras de vez en cuando, y así ocurre, pero en el caso de los políticos, al ser personajes públicos, sus actos son de interés general y de manera esporádica pillan a alguno inmerso en actos prohibidos por el Yo social. Entonces salen en los medios de comunicación y son defenestrados. Por hablar de lo más cercano y relevante me referiré a los ex concejales de Palma Rodrigo de Santos y Álvaro Gijón a los que conocí personalmente. Lo del primero es terrible porque una cosa son travesuras heterosexuales u homosexuales y otra es la enfermiza degeneración de su persona al haber tenido algo con niños. Tal vez fuera contagiado por su religión católica, que seguía fervorosamente, ya que donde se producen más casos de pederastia es en el colectivo católico. Vi el otro día en televisión que hasta el número tres del Vaticano está acusado de pederastia por jueces australianos. Y una información más reciente dice que en Alemania el abogado Ulrich Weber inició un procedimiento contra más de cuarenta sacerdotes y maestros implicados en un trato vejatorio y abuso sexual a 547 niños de la escuela del coro de la catedral de Ratisbona, con el agravante de que el responsable de esta escuela era Georg Ratzinger, hermano del papa emérito Benedicto XVI. El caso no llegará a los tribunales por haber prescrito, pero la iglesia católica ya ha admitido los hechos, ha pedido perdón y ha compensado a las víctimas con cantidades que van desde los 5.000 a los 20.000 €. ¡Qué vergüenza! Hay demasiados casos de católicos rematados que de un modo u otro han rozado la perversión degenerada de la pedofilia. Y no voy a hablar aquí de dos docentes (Uno sacerdote y otro maestro) que me tocaron cuando yo era un niño de doce años. Lo de Álvaro Gijón no es tan grave, su animal andaba demasiado suelto, presuntamente, porque creo que todavía no hay sentencias firmes. No obstante, y volviendo a Freud, si los curas católicos pudieran escapar de sus estúpidos votos de castidad no tendrían tantos casos de perversión. Entre los que han hecho estos absurdos votos contra su propia naturaleza hay un porcentaje demasiado alto de pervertidos. Parece ser que ni siquiera los eunucos o los castrados por la química son de fiar, luego podríamos deducir que los votos de castidad de los sacerdotes tienen menos consistencia que estas intervenciones porque, en demasiados casos, vemos en las noticias que no pueden frenar su concupiscencia.

Sigmund Freud, con palabras que inventó él mismo y que he traducido a un lenguaje común, dijo a los políticos, a los miembros de la iglesia católica y a todos los hombres y mujeres del mundo que cuanto más estrangulemos al animal que llevamos dentro más riesgo corremos de caer en las terribles fauces de la neurosis y si lo dejamos demasiado suelto corremos el peligro de acabar entre rejas. Así que, según Freud, el equilibrio consistiría en tranquilizar nuestra naturaleza más íntima (el animal) sin atropellar a nuestro Yo social, de esta manera nuestra conciencia estaría más relajada. Por eso quemaban sus libros y lo acusaban de pansexualista.


viernes, 9 de junio de 2017

DECÁLOGO PARA MIS HIJOS

Hace muchos años leí algo parecido en la revista Reader´s Digest. Y ahora yo escribo un decálogo para mis hijos con la intención de que estas letras tengan una vida más larga que la mía. En este mundo cibernético las letras no se gastan como en el papel y todo lo que se escribe queda para siempre. Ahora ya no ocurrirá como con los manuscritos del Mar Muerto, la vejez no quitará lustre a lo escrito, serán los mismos escritos los que se convertirán en sensibilidad y poesía o en basura espacial. Si alguno de los diez postulados coincide con lo que ya está escrito, ruego que no se me acuse de plagio, será debido a la poca eficacia de mi memoria. 


1.- Si no vives con tu madre, llámala de vez en cuando; aunque sea sólo para saludarla.

2.- No gastes más dinero del que ganas. Y destina siempre un veinte por ciento al ahorro.

3.- Antes de gastar o invertir un euro, piénsalo dos veces. Te vendrá bien y te darás cuenta de que a veces el impulso nos hace equivocar con estas cosas.

4.- Siempre vale más callar y marcharse antes que entrar en una discusión o pelea. Las discusiones y las peleas son inútiles y no conducen a nada positivo, más bien crean enemigos por estupideces. No vale la pena.

5.- Sonríe y sé amable con la gente. Procura decir: “Yo” lo menos posible cuando hables. Con el tiempo eso da ventajas.

6.- No confíes tus secretos a nadie, si lo haces tarde o temprano te traicionarán. Es mucho más ventajoso escuchar que hablar.

7.- No pongas nunca en riesgo a tu familia con inversiones de riesgo, peleas, incumplimiento de las leyes, inseguridad al volante por alcohol o cualquier otra cosa que pueda perturbar tu vida, tus hijos no lo entenderían.

8.- Ve la médico y al odontólogo por lo menos una vez al año.

9.- No mientas ni engañes a nadie. Las mentiras siempre acaban volviéndose contra quien las profiere, y el engaño a menudo perjudica más al que engaña que al engañado.


10.- No presumas de lo que tienes o de lo que haces. 

sábado, 27 de mayo de 2017

ESTUPIDEZ IMPERIAL







Se puede bromear sobre su estupidez y analizar las caricaturescas maneras de actuar de los tres personajes reales que provocaron la destrucción de Europa en 1914, pero más que eso dan ganas de llorar. Francisco José, gran rey del imperio Autrohúngaro había reinado sobre estos vastos teritorios durante unos sesenta años manteniendo, de cara al exterior, la romántica imagen de su romance y boda con la bella y malograda Sissí. El mundo estaba cambiando y Francisco José, rodeado de arrogantes generales, no se enteraba de nada. El proletariado comenzaba a secarse las babas ante las imágenes de la realeza y a pedir un poco más de comida, y el emperador no entendía nada de eso. A principios del siglo XX Europa ya llevaba casi cincuenta años de paz, las terrazas de París se llenaban de gente bien vestida y las calles de Viena abrían teatros, bibliotecas y cafés. Francisco José había envejecido y tras la misteriosa muerte de su hijo Rodolfo, nombró sucesor a su sobrino Francisco Fernando.

En 1908 el Imperio Austrohúngaro se anexionó Bosnia, lo que provocó un inmenso rencor en Serbia, país que aspiraba a ser La Gran Serbia. Y así se planificó el asesinato del heredero al trono del imperio Austrohúngaro: Francisco Fernando. El heredero y su esposa visitaron Sarajevo, capital de Bosnia, y allí sufrieron un atentado del que salieron ilesos, luego, en lugar de protegerse, los muy listos se fueron al ayuntamiento a protestar y fue allí donde les esperaba el radical bosnio Gavrilo Princip con una pistola proporcionada por los serbios, los asesinó. Este asesinato fue la ignición de todo el desastre mundial. Francisco Fernando tenía intención de cambiar las estructuras políticas del imperio. En sus intervenciones como heredero mostraba intenciones de mantener una política exterior pacífica, y fue él quien evitó la participación del Imperio en las guerras de los Balcanes de 1912 y 1913. Tal era la diferencia de criterios entre el viejo emperador y su heredero, que cuando el primero se enteró, en una cacería, del asesinato de su sobrino, dijo que la providencia había resuelto lo que él no había podido resolver. Ni siquiera asistió a su entierro.

El Imperio notificó a Serbia su deseo de entrar en el país para investigar el asesinato del heredero, Serbia se negó y el Imperio le declaró la guerra. Y aquí tenemos el inicio de toda la brutalidad que costó unos diez millones de muertos y veinte millones de heridos y lisiados. Serbia era un país pequeño protegido por acuerdos militares con Rusia. El Imperio bombardeó Belgrado y Rusia envió las tropas a su frontera.

El Káiser Guillermo II estaba histérico viendo que Inglaterra y Francia poseían más colonias que él, y, además, sabía de la existencia de tratados militares con Rusia, mientras él sólo se llevaba bien con el Imperio. Viendo las tropas rusas tan cerca exigió a su primo el Zar Nicolás II que se retirara de sus fronteras, el Zar no le hizo caso y Guillermo II declaró la guerra a todos los aliados. El presidente de Francia, Poincaré, había visitado Rusia muy recientemente y le había dicho al Zar que ese lío de los Balcanes se tenía que quedar en Serbia porque de lo contrario, con todos los acuerdos militares (Francia era también aliada de Inglaterra y Rusia), eso podría acabar con Europa. Así que el viejo emperador Francisco José, el Zar y su primo el Káiser fueron los tres nefastos y podridos cerebros que provocaron la destrucción de Europa.

El general alemán Ludendorff, muy hábil, facilitó el regreso a Rusia de Lenin, revolucionario ruso exiliado en Suiza, a efectos de montarles un tremendo lío que los hiciera retirar de la guerra, y lo consiguió; aunque después del derrocamiento del Zar, el presidente ruso Kerensky quiso mantener los acuerdos militares y continuó con la guerra contra Alemania hasta que Lenin lo derrocó. Luego Lenin obtuvo la paz con Alemania transiguiendo en todo. Alemania ya pudo enviar a todos sus ejércitos a los frentes occidentales. Lanzó sus submarinos al mar a la caza de buques de suministros y hundieron al trasatlántico británico Lusitania y a muchos buques estadounidenses que llevaban provisiones y armas a Inglaterra. Y así tenemos a dos primos en guerra y al tercero ya derrocado: Jorge V, Guillermo II y Nicolás II. Los bolcheviques no tardaron en asesinar al Zar y a toda su familia

Las trincheras europeas de la primera guerra mundial son uno de los espectáculos más abominables de la historia humana, sangre y pedazos de cadáver devorados por ratas y perros por todas partes. En pueblos y ciudades los alemanes violaban a las mujeres francesas, les cortaban los senos y también cortaban las manos a los niños. No sé si es cierto, pero sí sé que está escrito por ahí.

Los aliados, incluso Estados Unidos, en Europa y en territorios de África y Asia, desmembraron el imperio Austrohúngaro y derrotaron a Alemania, a quien impusieron unas condiciones que el país no toleraba y lo llenaba de rabia, esa rabia germinó un odio que, unos diez años después, Adolf Hitler comenzó a sacar provecho para acabar llevando a los alemanes a destruir Europa por segunda vez y a quedar de nuevo humillados. No habrá una tercera vez, a Alemania le costó aprender a comportarse, pero por fin lo consiguió.



lunes, 15 de mayo de 2017

AUTODIDACTAS






AUTODIDACTAS

Yo creo que es mejor ir a la universidad, y así he conseguido que mis hijos tengan un título universitario, bueno lo han conseguido ellos, yo sólo puse las conversaciones, el empeño y los medios necesarios. El mayor es licenciado en Derecho y el menor es diplomado en Ciencias Empresariales. Los estudios son una base que ayuda a abrirse un camino profesional; pero por otra parte son una disciplina que obliga a trabajar las letras o las ciencias, y esa obligación nos lleva a esforzarnos para aprobar los exámenes y obtener un título oficial. Se obtiene también el conocimiento y, por decirlo de alguna manera, el desperezamiento de las neuronas. Los estudios obligan a trabajar al cerebro y a quitarle la pereza, luego, supuestamente, la persona que ha estudiado tiene más capacidad para comprender las cosas. Pero no todas las personas son iguales: los que han estudiado y se han esforzado mucho para ser médicos, abogados, economistas, ingenieros etc. no significa que entiendan cosas que no pertenecen a su ámbito de estudio, y es una pena. Muchos profesionales importantes se centraron tanto en su profesión que perdieron el interés por otras cosas de la cultura, la historia y la ética. Imagino que hay muchas excepciones, una de ellas es mi amigo Vicente Carles, quien, siendo arquitecto técnico, escribió en mi Blog una disertación sobre literatura que me encantó. Aquí dejo mi admiración por Vicente y el recuerdo de unos tiempos vividos en Valencia, y el recuerdo también de los paseos desde su oficina al estanco de la calle Artes Gráficas para comprar un paquete de tabaco. Otra excepción es el prolífico Isaac Asimov. La famosa frase que he puesto en el encabezamiento viene dada por ser él autodidacta como escritor. Los estudios que le dieron capacidad para escribir novelas de éxito fueron autodidactas porque su formación universitaria era de Química. El conocimiento no se obtiene solamente en la monotonía del estudio, hay un complemento muy importante, se trata del interés que tenga uno en la materia que está estudiando. Cuánto más nos guste lo que estamos estudiando mejor lo entenderemos y mayor será nuestro éxito profesional en la rama a que nos dediquemos. Me remito a Emilio, título de un voluminoso libro sobre la educación que escribió Jean Jacques Rouseau, y, sin que él fuera un ejemplo de educador (abandonó a sus hijos), plasmó unas teorías que hoy en día en Occidente se consideran el primer tratado sobre filosofía de la educación. Aunque de Rouseau a mí lo que más me gustó fue su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y el contrato social. 


Todo eso que acabo de escribir es lo normal, lo que popularmente se sabe. Pero hay otras cuestiones, hay que preguntarse cómo es posible que uno de los grandes genios de la literatura universal fuera autodidacta. Cervantes no fue a la universidad. La de su ciudad, Alcalá de Henares, la había fundado el cardenal Cisneros un siglo antes. Cervantes fue capaz de escribir la obra literaria por antonomasia. Y ya entrando en lo contemporáneo tenemos al Nobel Saramago cuyos estudios fueron de formación profesional: Cerrajería. Después tenemos a García Márquez, a Jorge Luis Borges y muchos otros ilustres sin título universitario. En el cine tenemos a Woody Allen, Stanley Kubrick o Tarantino que tampoco fueron a la universidad.

En la ciencia tenemos a los más antiguos como Arquímedes, Da Vinci y Pitágoras, entre otros. Arquímedes: está entre los más sabios de la antigüedad, además de su famoso principio sobre la flotación, inventó la polea compuesta que permite multiplicar exponencialmente la fuerza, inventó el tornillo para subir agua que se usa actualmente incluso en quirófanos, y pienso que fue la base que sirvió para construir las electrobombas de líquidos actuales. Arquímedes también inventó los espejos orientados al sol para que su reflejo quemara las naves enemigas. Él dio una aproximación muy precisa del número PI, pero lo hacía generando polígonos dentro de una circunferencia. Hasta que llegó la era de los ordenadores no se supo que la cantidad de decimales que este número irracional podía contener era de miles de millones. Da Vinci fue polímata. En el siglo XV ya dibujó submarinos, elicópteros, tanques y coches; y es considerado uno de las más grandes pintores de la historia. Pitágoras: En la construcción y la industria se genera una perpendicular a partir de su teorema que, según parece, no lo descubrió él. Hay cierto misticismo y desconocimiento sobre este genio. Pero sí parece que una parte de las matemáticas y de la música avanzaron a partir de sus enunciados. En su escuela filosófica se partía de la base de que la realidad más profunda es de naturaleza matemática. Sobre eso creo que todavía no se le puede oponer ninguna tesis.

En el siglo XX tenemos a Nicola Tesla, un científico inquietante. Gracias al él tenemos los mandos a distancia y los teléfonos móviles. Él determinó que la electricidad se debía distribuir en corriente alterna en contra de la creencia de Edison, quien se equivocó al estar convencido de que la corriente debía distribuirse continua. Tesla creía que la electricidad podía estar en el aire y ser gratuita y que no hacían  falta cables para distribuirla, que podía captarse igual como ahora captamos las ondas de radio y de televisión. También diseñó el rayo de la muerte del que ahora nos queda el láser. Por eso, tal vez, la ortodoxia lo trató de científico loco. Pero la brillantez intelectual de Tesla no es sólo eso: casi toda la ciencia del electromagnetismo descubierta por Faraday y Maxwell la desarrolló Tesla, quien, sin tener un título de ingeniero, ha resultado ser uno de los ingenieros eléctricos y mecánicos más importantes de la historia. Dodge y Ford, cuyos coches supongo que existirán siempre, fueron autodidactas. Y de los recientes más destacados: Bill Gates, Mark Zukerberg y Steve Jobs no hace falta decir nada, sólo que ninguno de ellos obtuvo título universitario.

No puedo terminar un artículo sobre autodidactas sin referirme al matemático indio Ramanujan, su sabiduría puede hacernos creer en la ciencia ficción, o tal vez nos pueda llevar a pensar que existe la palingenesia. Ramanujan no estudió más que lo básico del colegio, por lo que su inteligencia podría ser de origen epígono, como si él se hubiera regenerado durante miles de vidas dedicadas a las matemáticas. Durante su estancia en Londres se puso de manifiesto que él iba muy por delante de los más brillantes matemáticos de la época y, a regañadientes, la flema británica lo tuvo que nombrar miembro de la Royal Society en el convulso año 1918.

La lista de genios autodidactas desde la antigüedad hasta nuestros días es interminable. Pero esto no significa que todos los autodidactas sean genios. Por ejemplo: yo soy autodidacta, estudié Ingeniería Industrial, Historia y Filosofía y no soy un genio. Y tampoco significa que los que no son autodidactas sean geniales, hay mucha gente con título universitario que no destaca, precisamente, por su brillantez intelectual.


lunes, 10 de abril de 2017

VALENCIA Y LAS FALLAS







Existen datos sobre la fecha del inicio de esta tradición: a finales del siglo XIX, pero hay quien dice que es una tradición mucho más antigua. Según parece se originó para dar la bienvenida a la primavera quemando trastos viejos y virutas en el gremio de los carpinteros. Un mallorquín en Valencia no siente ese cosquilleo casi orgásmico que alborota a los valencianos ante los tremendos pertardazos de las ”Mascletá”, el olor a pólvora y las satíricas perspectivas de las efímeras construcciones.

El Castillo, llaman así a la explosión del cielo. La luz de colores revienta la oscuridad de la noche y la gente, apretujada como sardinas en todas las calles, exclama: ¡Ohhhhh! Este año lo pasé mal porque cuando uno lleva ya casi cuatro horas de pie sin que haya ni una acera ni medio metro cuadrado de asfalto libre donde sentarse se nota cierta inquietud. Pero sí, es una fiesta explosiva en la que uno acaba con los oídos doloridos de tanto estruendo y con los pies destrozados de tanto caminar. Sólo vimos unas diez fallas de las setecientas y pico que plantan en la ciudad de Valencia, eso nos da una idea del tamaño de la celebración. Durante los siete años que viví en Valencia quien peor lo pasó fue mi perrito Mico; los petardos, que se oyen por todas partes, lo atormentaban, se escondía debajo de las camas temblando. Creo que murió de miedo.

La parte más entrañable de las fallas fue la compañía de mi querido amigo Josemari y de su mujer, Fátima. Recordé aquellos años en que los vecinos íbamos a cenar y de copas todos los viernes, y los domingos quedábamos citados para hacer paellas. En la urbanización Mas Camarena, donde yo viví, los vecinos nos visitábamos constantemente para probar una cerveza o un licor, para ir a comprar flores en primavera o para contar el último chiste. A mí, que soy un cocinero mediocre, me tocaba hacer arroz brut. Sí, el contrateste del carácter valenciano con el mallorquín es abrumador; el mallorquín, fuera de su reducido círculo, es hermético. No obstante, en cualquier lugar conocido, los casos en los que se supone un alto nivel académico o económico a menudo muestran un acentuado hieratismo, una solemnidad que marca distancias y alimenta las estúpidas vanidades que pululan por todas las calles del mundo. En Valencia ocurre lo mismo que en todas partes en este sentido, pero allí todo es más abierto y también más tenso y más veloz. En Mallorca estamos más relajados.

Ya en Campanet, un vecino entrañable intentó organizar una cena con unos cuantos vecinos del final de mi calle y fracasó. Esa iniciativa demuestra que no se puede generalizar en nada. Tampoco se puede decir que todos somos de una manera o de otra porque ya se sabe que las excepciones confirman las reglas.


En Valencia, generalmente, los divorcios no separan a los amigos. Mi amigo Josemari, que se ha vuelto a casar, sigue con los mismos amigos, las mismas cenas y las mismas paellas, y mis amigos mallorquines de toda la vida, desde que me he vuelto a casar ya no me invitan, y cuando lo hacen es porque son comidas sólo de hombres. Hay quien dice que soy un mallorquín Light. Yo no lo sé, pero lo que sí es cierto es que conozco un poco nuestro país, trabajé dos años en Madrid mientras vivía en Valencia y me estaba dando cuenta de que sí somos cerrados los mallorquines, pero yo no me siento cómodo fuera de Mallorca. En la península no saben hacer pa amb oli ni frit de porc, el pan es raro y no se respira ese aire sosegado de Mallorca. He vuelto a la casa donde nací y no deseo irme nunca más, aunque creo que a partir de ahora iré todos los años a las Fallas de Valencia. Allí, la nostalgia de aquellos tiempos en los que el siglo pasado agonizaba y la nostalgia por aquellos amigos a veces me humedece los pensamientos, y es sólo porque añoro el compañerismo y las fiestas, añoro las noches de conversaciones destrabadas en presencia de las esposas y añoro la ausencia de conductas fingidas. Sin embargo, fue allí donde terminé mi novela MARÍA LEÓN, en cuya solapa escribí que se trataba de una conclusión novelada de mis pensamientos que podían englobarse en unas palabras pronunciadas por Saramago y referidas a Kafka: “La visión de un mundo agonizando por el absurdo”.

miércoles, 11 de enero de 2017

EL VELLO PÚBICO




María Rosaria Omaggio, la lozana andaluza.
Yo nací en medio de la década de los años cincuenta. Una época gobernada por la hipocresía, una falsedad de la que no era el único responsable el jefe del Estado Español, también lo era la iglesia católica y los circunstantes de ambos: gozaban de unos tentáculos violentos que imponían sus absurdos criterios hasta en los colegios de los más pequeños. Todo era pecado. Las áreas erógenas de la anatomía humana eran territorios secretos y pecaminosos; por eso, en aquellos tiempos era impensable actuación alguna, bien consistiera en rasurar la zona púbica o en instalar argollas metálicas en esos lugares tan delicados. Era pecado también el onanismo, que, según decían, debilitaba los huesos y provocaba la pérdida de agudeza visual. La libertad actual permite a cualquier persona todo tipo de intervenciones. Y la más usual es el rasurado genital femenino. Aunque también, además, hay quien se hace dibujar tatuajes de demonios, flores, mariposas, sílfides o corazones atravesados por una flecha. Yo me apunto directamente y sin condición alguna a la libertad, pero añoro la belleza natural de antaño. Tal vez se quedara instalada en mi memoria la imagen de María Rosaria Omaggio, desnuda, cuando se duchaba, en aquella película titulada “La Lozana Andaluza”. Recuerdo las dos prominencias mamarias y el triangulito de vello de la bellísima actriz italiana. Las tres cosas constituían los vértices de un triángulo isósceles cuyo ángulo desigual era la parte superior de la vulva femenina. Ahora ya han quedado obsoletos los triángulos: ya no los hay. La zona púbica se ha convertido en una prolongación del resto de la superficie cutánea que carece de distintivos naturales. Parece —en el caso de las mujeres— como si no hubiera nada. He consultado con algunas amistades: hay gente a la que le parece de mal gusto que las mujeres se rasuren esa zona, en cambio otras personas dicen que el rasurado mejora la higiene, y a mí me parece ridículo este argumento porque cuando hay agua y jabón todos los días, no importa que haya vello o no.


Según parece la opinión en un sentido u otro depende de la edad, los más jóvenes se inclinan por el rasurado y los mayores prefieren que las cosas continúen como siempre han estado. Y así de un tiempo a esta parte se ha adoptado una palabra inglesa: “vintage” (que significa vendimia) para referirse a todo lo pasado de moda: coches, vello púbico, canciones, etc. En fin, que cuando uno llega a mi edad ya tiene la impresión de estar pasado de moda; pero no es sólo una impresión, es que a los sesenta ya estamos pasados de moda de verdad. Nos queda la nostalgia del vello púbico, que tanto embellecía la desnudez femenina, y de la música “vintage” de Bee Gees, Dire Streets, Neil Diamond, Kansas, Simon & Garfunkel, Rolling Stones. Y ya también de los magníficos Guns & Roses, Roxette, Blondies, etc.

martes, 20 de septiembre de 2016

FLORES PARA LOS MUERTOS







Los crisantemos existen para colorear el otoño de los muertos porque esperan a que languidezca el mes de octubre para florecer. Mi madre los regaba todo el verano, y el día primero de noviembre cortaba sus flores y, junto con hojas de palmera y otras plantas, hacía varios ramos floridos para llevarlos al túmulo donde están los restos de mi padre, de sus hermanos y de otros seres queridos. Mi madre también murió y ahora ya nadie planta crisantemos en mi casa. Decimos los restos porque nos han enseñado que hay algo tras la muerte, y yo entiendo que resulta arrogante y pretenciosa esta afirmación porque no se puede demostrar su veracidad, más bien la ciencia parece sospechar que no hay nada después de la muerte, pero no lo afirma ni lo niega. Una postura seria es la que no afirma ni niega ni cree cosas que no se saben.

Este día y estas flores muerden nuestra memoria para avivar el recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, y saltan algunas lágrimas todos los años, inevitables para mí. En el cementerio se puede observar la nostalgia de la gente y sus lágrimas, unas viejas y otras nuevas más dolorosas. Sospecho que esta tristeza no se produce sólo por la añoranza de los muertos, creo que también sobreviene porque hay una parte de nuestra conciencia que nos recuerda que algún día, inevitablemente, moriremos. Esto sí es cierto. Es una de las pocas sentencias sobre las que se puede afirmar que son ciertas dentro de nuestra quebradiza realidad, una realidad sobre la que, según parece, ningún otro animal es consciente. Mis dos perritas no saben que algún día o alguna noche morirán, nosotros sí lo sabemos. Alguien dijo hace poco que la muerte inventó el tiempo para poder seguir matando, porque sin el tiempo no moriríamos, es el tiempo el que nos mata.


El calendario coloca el recuerdo de los muertos en otoño. Y así el otoño y los muertos se convierten en una metáfora ontológica del atardecer del día, de las semanas, de los meses, de los años y de la vida animal. La vida vegetal parece que también va a morir, pero no es cierto, sólo se les caen las hojas a muchos árboles para solidarizarse con la tristeza ambiental. Los pecíolos dejan de nutrir las hojas para que se mueran y vuelen hasta el suelo como en un suicidio colectivo de pájaros. Estas hojas se mimetizan y adoptan el color de la tierra, se funden con ella y entran en el territorio infinito de la muerte sobre cuyos gusanos nace una incipiente hierba que va matando el tono pardo de los campos. Por la mañana veo que también va muriendo lentamente la neblina misteriosa de la noche. No siento frío ni calor, sólo siento que la monotonía del otoño me invita a escuchar canciones que me aten a este pesimismo estacional, como Una balada de otoño, de Serrat, por ejemplo. Escucho a Serrat mientras mi mujer sonríe a mi lado, aunque estemos en otoño. https://youtu.be/5v66eaBzJmA