sábado, 8 de julio de 2017

LOS POLÍTICOS, LA IGLESIA Y EL SEXO







Lo que en este artículo queda escrito es constatable. No se trata de opiniones personales, y si hay alguna es intrascendente. El autor es laico y respetuoso con la Historia, con todas las personas y con su manera de pensar y de creer o de no creer.


A un buen número de políticos les pasa lo mismo que a una parte importante del resto de los hombres. Aunque en este colectivo determinadas personas están atrapadas en la soberbia que les proporciona el poder, un poder que les rodea de acólitos serviciales: secretarias, chófer, agentes de viajes y toda una maquinaria ergonómica que no pagan de su bolsillo. Dentro de esta inmensa comodidad sólo les quedan dos inquietudes. La primera es la incertidumbre de ganar o perder en las próximas elecciones, y la segunda es el desajuste entre la completa satisfacción por su puesto en la sociedad y la satisfacción mediocre de la vida sexual masculina. No conozco casos de mujeres dedicadas a la política o cónyuges de políticos que por excesos de lujuria hayan provocado escándalos, excepto el de Margaret Sinclair, esposa en aquel entonces del primer ministro de Canadá Pierre Trudeau y a su vez madre del actual primer ministro de ese país, Justin Trudeau. No hablaré de Cleopatra por ser el mundo del antiguo Egipto demasiado distante del nuestro ni de otros casos que pueden haberse dado y que mis limitados conocimientos sobre Historia no hayan detectado. La lista de escándalos sexuales masculinos es interminable. En el siglo XX tenemos a los presidentes de Estados Unidos: Warren Harding, Franklin D. Roosvelt, John Kennedy y por último Bill Clinton (acabó su presidencia en enero de 2001), por nombrar los casos más relevantes. Y la lista de candidatos que podrían haber sido presidentes si no les hubieran pillado inmersos en travesuras sexuales también es muy larga. Así que los escándalos van desde los presidentes del país más poderoso del mundo hasta concejales de administraciones locales. El motivo, como decía antes, es la mediocridad sexual masculina de la que, aunque les cueste caro, hacen escapadas; cosa que vamos a analizar en los siguientes párrafos.

Para cualquier conducta que se desee investigar se puede recurrir a los filósofos, ahí siempre encontraremos que todo está ya escrito y escudriñado. El Epicureísmo-Dionisíaco era cosa de ricos y acabó estrangulado tras la conversión al cristianismo del emperador Constantino. Pero cuando desapareció de los mapas occidentales fue con el auge de san Agustín, quien tras una enfermedad se vio obligado a abandonar su desordenada salacidad. Luego pasó a predicar contra el sexo, agarrándose a un dios inexistente con una retórica aplastante para las masas. Siglos después vino la oscura Edad Media donde quien no vivía temeroso de dios era quemado vivo en la hoguera. Ejecutaban la pira los miembros de la religión católica. Una secta que todavía perdura gracias a la riqueza acumulada por la venta de bulas (Una persona podía pagar a la iglesia antes o después de cometer un crimen y así ser perdonado. Llamaban Taxa Camarae a la tarifa de precios, unos precios que oscilaban según la gravedad del crimen). No obstante, la Iglesia Católica alcanzó una riqueza inmensa a partir del siglo XIV, cuando la peste negra puso sus afilados colmillos sobre Europa. Los sacerdotes gritaban a la gente por las calles exigiendo que cedieran sus propiedades a la Iglesia para obtener acceso al paraíso eterno de los cielos. Con esta mentira el patrimonio de la secta católica se convirtió en una fabulosa fortuna que actualmente podría erradicar la pobreza del mundo dos veces. Fray Tomás de Torquemada, gran inquisidor, estará gozando del paraíso tras asesinar a miles de seres humanos de la manera más cruel posible. La iglesia católica ya no quiere hablar de eso, pero sus asesinatos y sus fraudes constituyen los cimientos de sus enormes edificios.

Y así nos tenemos que ir a analizar la hipocresía. Echando mano de los filósofos recurriremos de nuevo a Sigmund Freud, ¿psiquiatra o filósofo? Hay opiniones para todos los gustos. Yo creo que fue las dos cosas. Él puso el dedo en la llaga al observar el ser humano en sus tres vertientes: El Yo social, el Yo íntimo y la conciencia. El Yo social es hipócrita porque actúa según le pide la sociedad en la que vive. El Yo íntimo sólo puede actuar a escondidas y la conciencia está hecha un lío. Luego ocurre que para mimetizarse en la sociedad uno tendría que dejar al animal que lleva dentro que, a escondidas, hiciera travesuras de vez en cuando, y así ocurre, pero en el caso de los políticos, al ser personajes públicos, sus actos son de interés general y de manera esporádica pillan a alguno inmerso en actos prohibidos por el Yo social. Entonces salen en los medios de comunicación y son defenestrados. Por hablar de lo más cercano y relevante me referiré a los ex concejales de Palma Rodrigo de Santos y Álvaro Gijón a los que conocí personalmente. Lo del primero es terrible porque una cosa son travesuras heterosexuales u homosexuales y otra es la enfermiza degeneración de su persona al haber tenido algo con niños. Tal vez fuera contagiado por su religión católica, que seguía fervorosamente, ya que donde se producen más casos de pederastia es en el colectivo católico. Vi el otro día en televisión que hasta el número tres del Vaticano está acusado de pederastia por jueces australianos. Y una información más reciente dice que en Alemania el abogado Ulrich Weber inició una investigación contra más de cuarenta sacerdotes y maestros implicados en un trato vejatorio y abuso sexual a 547 niños de la escuela del coro de la catedral de Ratisbona, con el agravante de que el responsable de esta escuela era Georg Ratzinger, hermano del papa emérito Benedicto XVI. El caso no llegará a los tribunales por haber prescrito, pero la iglesia católica ya ha admitido los hechos, ha pedido perdón y ha compensado a las víctimas con cantidades que van desde los 5.000 a los 20.000 €. ¡Qué vergüenza! Hay demasiados casos de católicos rematados que de un modo u otro han rozado la perversión degenerada de la pedofilia. Y no voy a hablar aquí de dos docentes (Uno sacerdote y otro maestro) que me tocaron cuando yo era un niño de doce años. Lo de Álvaro Gijón no es tan grave, su animal andaba demasiado suelto, presuntamente, porque creo que todavía no hay sentencias firmes. No obstante, y volviendo a Freud, si los curas católicos pudieran escapar de sus estúpidos votos de castidad no tendrían tantos casos de perversión. Entre los que han hecho estos absurdos votos contra su propia naturaleza hay un porcentaje demasiado alto de pervertidos. Parece ser que ni siquiera los eunucos o los castrados por la química son de fiar, luego podemos deducir que los votos de castidad son más débiles que estas intervenciones y, en demasiados casos, no pueden frenar la concupiscencia.

Sigmund Freud, con palabras que inventó él mismo y que he traducido a un lenguaje común, dijo a los políticos, a los miembros de la iglesia católica y a todos los hombres y mujeres del mundo que cuanto más estrangulemos al animal que llevamos dentro más riesgo corremos de caer en las terribles fauces de la neurosis y si lo dejamos demasiado suelto corremos el peligro de acabar entre rejas. Así que, según Freud, el equilibrio consistiría en tranquilizar nuestra naturaleza más íntima (el animal) sin atropellar a nuestro Yo social, de esta manera nuestra conciencia estaría más relajada. Por eso quemaban sus libros y lo acusaban de pansexualismo.


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