miércoles, 6 de abril de 2016

UNAS LETRAS PARA MI ESPOSA

Elfa

Pygmalión y Galatea

Soñé muchas veces en que tú, preciosa elfa, tal vez llegarías volando a mi lado, por eso te invoqué. Decidí hacerlo desplegando mis manos y vertiendo en ellas mi prosa más bella para ir soplando suavemente sobre las letras y esparcirlas en el aire por si, remotamente, el siseo llegara a tus sentidos.


Mi intención era la misma que la del rey de Chipre: Pigmalión. Pero yo no te esculpí sobre marfil, lo hice juntando pedazos de pensamientos para después moldearlos con un escoplo de bronce y pulirlos con un buril de oro. Cuando terminé, con gran pena, supe que ante mí tenía una escultura onírica y que no podría cobrar vida como ocurrió en el caso de Pigmalión: su impecable y nítida estatua de marfil se convirtió en una mujer bellísima: Galatea. Mi sueño sólo cobraría vida con tu presencia real, y así ocurrió: una fría mañana de febrero llegaste volando a mis brazos, despojada ya de tus alas de las que sólo te quedaban los omóplatos y, sin que dejaras de ser una elfa con los ojos de hurí, tus orejas se fueron redondeando para que pudieras mimetizarte entre las demás mujeres. Tu llegada inundó de colores vivos el entorno. Una alegría hilarante se apoderó del aire que respirábamos. Los pájaros lo recuerdan y, a pesar de los años que llevas a mi lado, todavía cantan. Es la sabiduría de los bosques encantados y de sus cristalinas aguas lo que te hace volar sin alas, lo que te hace sonreír donde los demás lloran, lo que perfuma la brisa que te rodea. Somos los humanos los que contaminamos la belleza, preciosa elfa; pero yo te encontré cuando todavía tenías alas y te acompañaban las mariposas volando a tu lado. Te encontré cuando la contaminación no había dejado ni una sola mancha de brea en tu piel ni en tus pensamientos más traviesos, cuando el egoísmo y la hipocresía no habían tocado tu alegría, y por eso yo continúo haciendo lo mismo que hacía tu mundo mágico: no permito ni permitiré que te roce la suciedad y siempre te amaré, preciosa elfa.